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lunes, 10 de diciembre de 2018

Por Qué Triunfan las Naciones

No existen soluciones mágicas para salir del subdesarrollo. Las naciones que han tenido éxito en las últimas décadas han sido perseverantes en privilegiar el crecimiento económico a través de una agenda coherente de políticas públicas que aumentan la productividad

Hace poco más de un lustro dos economistas del MIT y de Harvard escribieron un exitoso libro (Por Qué Fracasan las Naciones) que mostraba cómo los países que carecen de instituciones económicas incluyentes –que resguarden los derechos de propiedad, creen igualdad de oportunidades y fomenten la inversión en nuevas tecnologías- son aquellos que fracasan en sus intentos de aumentar el crecimiento económico y lograr el bienestar para sus habitantes.

Sabemos que la carencia de instituciones conduce al fracaso de las naciones; pero, ¿cómo hace para triunfar los países exitosos? Un reciente reporte (Otuperformers: High-growth emerging economies and the companies that propel them)del McKinsey Global Institute identifica los factores comunes que caracterizan a los países que han logrado mayores crecimientos de su ingreso per cápita en los últimos años. Siete economías (China, Hong Kong, Indonesia, Malasia, Singapur, Corea del Sur y Tailandia) han registrado tasas de crecimiento del PIB por habitante mayores al 3.5 por ciento anual durante 50 años, mientras que otras 11 (entre las que se incluyen Azerbaiyán, Bielorrusia, Camboya y Vietnam) lo han logrado durante 20 años, sacando así de la pobreza a cientos de millones de sus habitantes. En contraste, el crecimiento del PIB por habitante de Guatemala ha crecido en menos de 1 por ciento anual en promedio durante la última década.

Es posible establecer un patrón en el comportamiento de esas naciones exitosas: ha existido en todas ellas un consenso respecto a la prioridad de fomentar el crecimiento económico y de alinear la agenda pública en torno al objetivo de elevar la productividad (producir más, con menos recursos), centrándose para ello en tres aspectos que se refuerzan mutuamente: productividad (para permitir mejores decisiones en la asignación de los recursos), ingresos (para que esa inversión productiva retorne a la gente que la creó), y demanda (para reinvertir ese ingreso en nueva productividad).

La mejora en la productividad requiere inversión en infraestructura, en tecnología y en talento humano, así como promover la competencia y la eficiencia de los mercados. Trasformar la productividad en un mayor ingreso de las personas requiere flexibilidad de los mercados (incluyendo el laboral) y paz social. Y aumentar la demanda requiere de políticas macroeconómicas (fiscal y monetaria) ágiles y adaptables, mercados financieros sanos y apertura al exterior. Y todo ello con base en un estado institucionalmente eficiente. Tal es la receta de los países que han triunfado.

La lección para Guatemala es que no existen soluciones mágicas para salir del subdesarrollo. Lo que se necesita es un liderazgo (político, empresarial, social y sindical) capaz no solo de construir un consenso alrededor del objetivo de aumentar el crecimiento y la productividad, sino también capaz de guiar y aplicar con perseverancia una agenda integral de políticas públicas que conduzca a ese fin.

lunes, 19 de febrero de 2018

La Fiebre del Bitcoin

El Bitcoin -como cualquiera de las llamadas criptomonedas- es un activo financiero que aspira a ser una moneda. Los potenciales inversionistas en estos activos deben estar conscientes de sus características institucionales y del comportamiento de los mercados, o podría aguardarles una sorpresa

Hace un par de meses, un querido amigo mío me contó que quería invertir algunos de sus ahorros en la compra Bitcoins (una de las primeras monedas digitales o criptomonedas surgidas hace pocos años, y la más célebre de ellas) para dárselos como obsequio de Navidad a su hermano, y pidió mi opinión.  Esto se dio en medio de una euforia especulativa en torno al Bitcoin que se produjo en todo el mundo durante la segunda mitad de 2017 y que llevó el precio de cada unidad de esa criptomoneda de unos US$5 mil en junio de ese año, a niveles de más de US$19 mil en diciembre, lo que la convertía en una apuesta de inversión muy atractiva.

Le dije que, como en cualquier inversión financiera, era crucial comprender bien los mecanismos institucionales del activo en el que se quiere invertir (en este caso el Bitcoin), así como los elementos del mercado en el que ese activo se transa. Para lo primero, hay que conceptualizar al Bitcoin como una moneda. Y para lo segundo, hay que tener conciencia de cómo operan las burbujas especulativas en los mercados financieros.

Para que un bien cualquiera (sea tangible o no) pueda ser considerado como "moneda", debe cumplir al menos tres funciones: primero, debe servir de medio de intercambio (es decir, debe servir para compras cosas); segundo, debe servir como depósito de valor (puede ser utilizado para ahorrar); y, tercero, debe servir de patrón de pagos diferidos (o sea, ser utilizable para denominar deudas). Esas tres características solo se pueden dar si existe un factor fundamental: confianza en ese bien; es decir, debe existir un grupo de personas que confía plenamente en que ese bien va a ser aceptado como moneda por los otros miembros de su comunidad (ya sea ésta un país o una comunidad informática).

Las monedas oficiales obtienen esa confianza en la medida en que sus economías y sus gobiernos tengan credibilidad; de manera que cuando una economía o un gobierno es inestable o débil, su moneda tendrá poco valor pues no generará confianza. De manera similar, el Bitcoin (lo mismo que las demás criptomonedas) adquieren esa confianza por medio de la credibilidad de las normas que rigen su emisión y de los algoritmos computacionales en los que esta se basa. Como en el caso de cualquier moneda convencional, el riesgo de las criptomonedas es que las bases de su credibilidad resulten frágiles y, en consecuencia, colapsen. Por eso, antes de invertir en una moneda (digital, lo mismo que convencional) hay que entender (y confiar en) sus bases institucionales (es decir en las normas y costumbres de su funcionamiento).

Por otra parte, el extraordinario aumento en el precio del Bitcoin el año pasado, daba razones para pensar que podía tratarse de una burbuja financiera. Este tipo de fenómenos, recurrentes a lo largo de la historia, se producen cuando un aumento rápido del precio del activo induce a nuevos compradores (como mi amigo) a invertir con la esperanza de que en el futuro cercano podrán vender el activo a un precio mayor que el que compraron, lo cual ocasiona una espiral de alzas en el precio. Cuando tal precio llega a niveles irracionalmente altos puede generarse una sensación de temor que da lugar a ventas masivas del activo, lo cual puede ocasionar un pánico y el colapso de la burbuja.

El Bitcoin, en efecto, bajó su cotización de más US$19 mil en diciembre pasado, a US$6 mil hace pocos días. Las preocupaciones sobre la seguridad de las criptomonedas, la reciente sobreabundancia de las mismas (ya no son un bien limitado) y las dificultades para ser universalmente aceptadas como medio de cambio y depósito de valor confiable, han afectado la cotización del Bitcoin. Ojalá mi amigo le haya dado otro regalo de Navidad a su hermano.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El Desencanto con el Capitalismo

El desencanto creciente con el capitalismo plantea un gran desafío para los gobiernos y las empresas: cómo preservar los innegables beneficios del libre intercambio y de la globalización y, al mismo tiempo, como minimizar sus inevitables costos

Al mundo lo recorre una ola de desencanto con el capitalismo y la globalización. Una encuesta reciente en 28 países industrializados da cuenta de que, diez años después de la crisis financiera mundial, un 62% de los entrevistados desconfía de la globalización y un 55% tiene temor de que los inmigrantes dañen la economía y la cultura de su país. Esos porcentajes son aún mayores en los Estados Unidos, donde un 75% cree que el gobierno debe proteger la industria y los empleos locales, anque sea a costa del crecimiento económico. Los países en vías de desarrollo tampoco escapan de esta tendencia.

Es un hecho que el mundo hoy está altamente integrado mediante un flujo continuo de bienes, servicios, capitales, personas e ideas que ha generado una enorme prosperidad: se ha reducido la desigualdad del ingreso entre países (aunque no intra países) y, en los últimos veinte años, la población en situación de pobreza se ha reducido a la mitad a nivel mundial. Los estándares de vida han mejorado en todos los países y, gracias al libre comercio, los consumidores tienen acceso más barato a una mayor cantidad de bienes y, al mismo tiempo, las economías se hacen más productivas al acceder a insumos más modernos y baratos.

Pero también sabemos que la globalización ha acarreado algunos efectos colaterales negativos (como la pérdida de empleos en ciertos sectores o las tensiones sociales generadas por las migraciones) que pueden llegar a opacar todos aquellos beneficios, especialmente si la percepción imperante es la de un sistema capitalista en el que los beneficios del comercio, la tecnología y la globalización se concentran en unos pocos privilegiados, mientras que los costos recaen en los trabajadores no calificados y en los productores locales.

El peligro de tal percepción es que los desencantados pueden elevar al poder, mediante su voto y apoyo, a líderes populistas, nacionalistas y proteccionistas capaces no solo de frenar de tajo los beneficios de la globalización (y de sumir en más pobreza a sus ciudadanos), sino también de generar tensiones geopolíticas que, aderezadas por motivos raciales, religiosos o tribales, pueden desbordarse hacia la confrontación y –si la razón no prevalece- la guerra.

Este peligro plantea un serio desafío a gobiernos y empresas. El Estado debe jugar un rol central para procurar preservar los beneficios de la globalización y minimizar sus costos, haciendo uso de su capacidad de orientar los recursos del país hacia la creación de condiciones propicias para la generación de empleos e inversiones en los sectores más pujantes. Además, debe suavizar y facilitar la movilidad de los trabajadores (entre empresas, sectores y regiones) ayudándolos con asistencia técnica, capacitación, seguros de desempleo y servicios de salud. Pero la mejor respuesta que puede dar el Estado en el actual entorno es la de no dar la espalda al libre comercio e integrarse cada vez más a la economía mundial.

Por su parte, las empresas también deben enfrentar el desafío que plantean los descontentos, en un mundo en que cada vez están más sujetas al escrutinio instantáneo de los consumidores, autoridades, competidores y potenciales inversionistas. Quizá la mejor actitud que pueden tomar las empresas sea la de guiarse por la máxima de Goldman Sachs de ser “codiciosas en el largo plazo”; es decir, ser coherentes en buscar su objetivo de maximizar las utilidades (que, según Friedman, es la principal responsabilidad social empresarial), pero a la vez conscientes de que la sostenibilidad a largo plazo de dicho objetivo pasa porque exista bienestar material y paz social en la sociedad en la que se desenvuelven.


lunes, 7 de agosto de 2017

Fomento al Emprendimiento

El principal apoyo que el gobierno puede darle a los emprendedores, es el de propiciar un “campo de juego” adecuado para la innovación y los negocios: certeza jurídica, infraestructura, educación y salud. Y que trate de molestar lo menos posible.

El pasado fin de semana se llevó a cabo la cumbre de emprendimiento Innovate 2017, en la que tuve el honor de participar como moderador de un panel sobre “el fomento del emprendimiento en Centroamérica”. Los panelistas fueron Boris Lemus (de Guatemala), Félix Maradiaga (Nicaragua), Diana Martínez (Honduras), Sebastián Mendoza (Panamá) y Mario Valle (El Salvador), todos ellos líderes de emprendimiento y de apoyo a emprendedores en sus países.

El fomento del emprendimiento es un tema que necesariamente dirige la atención hacia el rol del Estado. Los economistas tendemos a creer que el Estado juega un papel clave en la promoción de la innovación y el emprendimiento, por medio de intervenciones directas (como la creación de fondos para financiar emprendimientos, o la introducción de deducciones o privilegios tributarios para los emprendedores), o indirectas (invirtiendo en bienes públicos como la investigación, la infraestructura o la capacitación).

La clave es reconocer hasta dónde debe intervenir el Estado y hasta dónde debe dejarse a los emprendedores privados asumir sus riesgos y organizarse para enfrentar los riesgos inherentes a la creación de nuevas empresas. Conviene reconocer que a veces los gobiernos, por muy bien intencionado que sea su apoyo hacia el emprendimiento, acaban por desperdiciar sus recursos en vanos esfuerzos por intentar que se replique un Valle del Silicón en sus países; ciertamente los emprendedores fracasan con frecuencia, pero sus inversionistas saben que deben detenerse cuando su propio dinero se agota. En contraste, los gobiernos pueden seguir tirando el dinero de los contribuyentes.

Una forma de minimizar el riesgo de que los gobiernos apliquen políticas públicas de fomento al emprendimiento que resulten, a la larga, contraproducentes, es identificar cuáles son los cuellos de botella que más afectan a los potenciales emprendedores. En el panel surgió que los principales obstáculos al emprendimiento en la región centroamericana se relacionan con la calidad de la mano de obra, la inseguridad física y jurídica, la falta de mentores que acompañen los emprendimientos, la escasez de proyectos de escala, y la falta de financiamiento.

Los panelistas concluyeron, a partir de su experiencia en sus propios países y su conocimiento de experiencias diversas en la región, que la mejor forma en que el Estado puede fomentar el emprendimiento es a través de la provisión de los servicios básicos que habilitan la innovación, la apertura y la gestión de negocios nuevos: inversión en capital humano (educación y salud), generación de infraestructura de comunicaciones, y oferta de instituciones públicas eficientes que velen por que exista certeza jurídica y seguridad ciudadana. Un Estado bien administrado es una parte vital para un sistema de innovación y emprendimiento exitoso. En ese contexto, los programas de fomento más específicos (como los fondos de financiamiento o los centros de entrenamiento para emprendedores) resultan solo complementarios y secundarios.

Aunque ahora es frecuente idealizar a los emprendedores (como si todos fuesen genios tipo Bill Gates o Mark Zuckerberg), en la práctica son atrevidos seres que arriesgan su patrimonio, su estabilidad familiar y su propia salud en la persecución de un sueño de negocios (más de la mitad de los emprendimientos no logran sobrevivir a su primer año de operaciones). No cualquiera está llamando a ser emprendedor.  Es de justicia que el Estado les brinde apoyo y respeto a estas personas que ponen sus vidas en la línea de fuego para construir, de la nada, algo útil y productivo para la sociedad.

lunes, 1 de mayo de 2017

Trabajo y Producción

Para que hayan más y mejores puestos de trabajo es necesario que haya más y mejor producción, lo cual sólo es posible mediante un incremento sostenido de la productividad. En efecto, la clave de nuestro dilema económico es la productividad.

El Día del Trabajo resulta propicio para aquilatar el aporte del trabajo a la producción pues, junto con el capital y la productividad (que es la forma en que se combinan trabajo y capital) constituyen los factores esenciales de la ecuación que define las posibilidades de producción de cualquier economía; es decir que las posibilidades de que la economía crezca -y que, así, mejoren las condiciones de vida de la población- dependen crucialmente de esos tres factores, cuyo desempeño se refuerza mutuamente.

La economía guatemalteca ha crecido en este siglo a una tasa anual promedio de 3.5%; este ritmo, aunque positivo, es mucho menor que el que han mostrado muchísimos otros países en vías de desarrollo. Casi las tres cuartas partes de ese magro crecimiento provienen del aumento (vegetativo, debido al crecimiento poblacional) del factor trabajo, mientras que menos del cinco por ciento del crecimiento se debe a la mejora en la productividad, lo cual es trágico pues, sin una mayor productividad, el crecimiento económico está condenado a continuar por debajo que el de los países que están logrando exitosamente sacar de la pobreza a sus ciudadanos.

El ya magro crecimiento de nuestra economía -debido a su baja productividad- se ve, además, amenazado por una serie de tendencias que, de confirmarse, podrían dañar nuestra capacidad productiva. Por ejemplo, el proteccionismo que parece caracterizar la visión económica de Donald Trump, que está rompiendo con décadas de apertura económica en el mundo industrializado y que para Guatemala es de particular preocupación pues más de una tercera parte de nuestras exportaciones se destina hacia los Estados Unidos.

Otra tendencia, inevitable, que va a afectar el desempeño de nuestra economía es la reducción en la tasa de crecimiento poblacional (que, según estimaciones oficiales, caería de 2% anual actualmente, a 1.6% en los próximos cinco años). Esto implica un menor crecimiento de la fuerza de trabajo, que es nuestro principal motor de crecimiento, lo que significa que, si no mejora la productividad, el crecimiento económico de Guatemala será aún más débil en los años venideros.

Para contrarrestar estas amenazas resulta indispensable que se adopte cuanto antes una serie de políticas públicas que procuren mejorar la productividad de nuestro aparato productivo y, al mismo tiempo, propicien un aumento en la oferta de empleos de buena calidad (y, por ende, de digna remuneración). Ello implica la necesidad de aumentar las destrezas laborales a través de mejoras en la educación y la capacitación laboral, así como lograr que dichas destrezas respondan a lo que demandan las empresas (que suelen quejarse de la escasez de mano de obra calificada).

También es necesario subirse a la ola de digitalización y automatización, que acelera dramáticamente la productividad, favoreciendo la investigación y el desarrollo tecnológico pero, a la vez, ayudando a los trabajadores a adquirir los conocimientos necesarios para adaptarse a esos cambios y a acceder a nuevos tipos de empleos más productivos. Y, por supuesto, también se requiere del fortalecimiento de los fundamentos macroeconómicos y, crucialmente, de incrementar la inversión en capital físico e infraestructura que favorezcan la productividad y la competitividad.

El desafío que enfrentamos demanda acciones no solo del gobierno, sino también de las empresas y de los individuos; sólo un liderazgo concertado, focalizado en ciertas prioridades, hará posible configurar una agenda que atienda las amenazas que enfrenta nuestra economía y lograr, mediante una mejora de la productividad, asegurar el crecimiento del país en el largo plazo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Taxis, Úber y la Destrucción Creadora

Los cambios tecnológicos generan, en el largo plazo, mayor productividad y, por ende, mayor bienestar y progreso. Pero en el corto plazo implican que los métodos tradicionales de producir sufran una irremisible pérdida de mercado hasta su eventual desaparición. Eso parece que está empezando a ocurrir con los taxis, ante la llegada al mercado de Úber.

El jueves pasado se produjo en esta ciudad una manifestación de cientos de taxistas que, además de protestar ante el clima de violencia (asaltos y extorsiones), se quejaba de una nueva amenaza a su negocio: la incursión de Úber, un nuevo competidor no regulado. Este tipo de protestas se ha repetido en muchas otras ciudades del mundo cada vez que Úber empieza a operar y a quitarle negocios a una industria (la de taxis) que, sea por un sistema de permisos u otras regulaciones, suele presentar barreras de entrada a nuevos competidores.

Úber, con sede en California, existe desde 2009 pero empezó a operar en Guatemala hace apenas unos meses con una oferta de transporte más barato y seguro que el de los taxis. Mientras que para tomar un taxi rotativo hay que esperar a que  se aparezca alguno en la calle, darle direcciones –y hasta orientar- al taxista, tener efectivo para pagar, y rezar para que el taxista sea honesto, en el caso de Úber el pasajero contacta y paga el viaje mediante una aplicación en el teléfono celular que le informa cuándo el vehículo (previamente calificado por la empresa, al igual que el chofer) llegará a recogerlo al lugar convenido, y alimenta el software del chofer con la información hasta guiarlo al destino final. El servicio ofrece mayor conveniencia y seguridad que un taxi, casi siempre a un menor costo.

Úber es más una empresa de intermediación con tecnología que una de transporte, pues su rol consiste en poner en contacto a un demandante de transporte, con un oferente que utiliza su propio vehículo para satisfacer dicha demanda. Hoy opera en más de 425 ciudades en 72 países, habiendo generado ingresos en 2016 por más de US$4 millardos, el doble que el año previo. Su éxito se debe no solo a la innovación y la tecnología, sino también a su actitud agresiva, tanto frente al mercado, como ante las autoridades y las regulaciones, a veces inexistentes en países como el nuestro que tardan en adaptarse al cambio tecnológico.

La innovación, aunque indispensable para el progreso, inevitablemente ocasiona víctimas en un proceso que el economista Joseph Schumpeter llamó “destrucción creadora”: el crecimiento económico depende de los emprendedores que desarrollan ideas de negocio innovadoras (como la de Úber) que llevan a las industrias antiguas (como la de taxis) a la obsolescencia. Eso ocurre permanentemente como, por ejemplo, sucedió hace cien años cuando el teléfono fue dejando sin empleo a los telegrafistas.

Úber sigue innovando agresivamente (ha empezado a incursionar en logística y en nuevas tecnologías, como  la de vehículos sin piloto) con vistas a hacer del servicio de transporte de personas algo tan barato y conveniente que sea incluso preferible a tener un carro propio. Pero la empresa también tiene vulnerabilidades, como la incertidumbre ante nuevas regulaciones, su sistema de precios variables (sus tarifas varían según la hora y la disponibilidad de vehículos), o el surgimiento de competidores basados en la tecnología (que ya operan alrededor del mundo y están empezando a hacerlo en Guatemala) que podrían obstaculizar su crecimiento.


En todo caso, los taxistas no deben culpar a Úber por su pérdida de participación en el mercado. Lo mismo está empezando a ocurrirle a la industria hotelera –que enfrenta la competencia de intermediarios tecnológicos como Airbnb-, o a las aerolíneas –versus las compañías de bajo costo-. Siempre que los nuevos emprendimientos ofrezcan a los clientes un producto más conveniente y barato, las fuerzas de la destrucción creadora seguirán actuando, aunque ello signifique que quienes no logren adaptarse queden irremediablemente tendidos en el camino.

lunes, 11 de julio de 2016

La Innovación

La innovación es fundamental para aumentar la productividad; ésta es indispensable para aumentar la producción; y, esto es clave para lograr el bienestar del país. Por desgracia, la innovación no está en el radar de las políticas de Estado

En las dos entregas previas me referí, por un lado, a la necesidad de propiciar un mayor, más rápido y más sostenible crecimiento económico -a través de la productividad- como condición fundamental para reducir permanentemente la pobreza, mejorar los niveles de vida de la población y propiciar la gobernabilidad democrática del país. Y, por otro, a la conveniencia de que las empresas y el gobierno se enfoquen en los consumidores (nacionales y extranjeros) como uno de los más promisorios motores de dicho crecimiento.

Hoy complemento lo anterior señalando que ambos aspectos (el impulso del crecimiento económico y el enfoque de la producción hacia la satisfacción de los consumidores) requieren de la innovación, tanto por parte de las empresas existentes -en su búsqueda de nuevos productos y mercados-, como por parte de nuevos emprendedores. Existe consenso internacional en cuanto a que la innovación es clave para elevar la producción y la productividad, y que es un ingrediente crucial para que se produzca un crecimiento económico robusto.

Por desgracia (aunque hay empresas y sectores aislados que son la excepción) la innovación en la producción es, en general, una materia que Guatemala lleva retrasada desde hace tiempo. Así lo indican los indicadores principales: gasto (público y privado) en investigación y desarrollo, adopción de nuevas tecnologías, crecimiento de productividad del trabajo, número de patentes registradas para nuevos inventos, o los estándares educativos prevalecientes.

Las empresas, por supuesto, son las primeras llamadas a innovar. Ello implica, en la práctica, invertir más en investigación y desarrollo. En los países avanzados, esta inversión representa el 14% del valor agregado industrial; de ello, las empresas financian un poco más de la mitad (8%) mientras que los gobiernos financian el resto. En Latinoamérica -según cifras del Banco Mundial- ese gasto en investigación y desarrollo es mucho menor (menos del 4% del valor agregado industrial) y la mayoría es financiada por los gobiernos. Y, aunque no hay cifras específicas, es dable suponer que en el caso de Guatemala la cifra es aún más baja.

Hay, entonces, un largo trecho por avanzar; pero para ello también es mucho lo que el gobierno puede hacer para propiciar dicha inversión, empezando por acciones que apunten a mejorar el clima de negocios a efecto de propiciar condiciones favorables al emprendimiento de negocios. Por más genial e innovador que sea un emprendedor, difícilmente podrá tener éxito si no opera en un ambiente propicio para desarrollarse y crecer.

En ese sentido, son diversos los campos en los que el gobierno puede actuar para impulsar la innovación. Por ejemplo, con acciones e instituciones que velen por el cumplimiento de los contratos, que protejan los derechos de propiedad intelectual, o que reduzcan los trámites para iniciar nuevos negocios. También puede contribuir el buen diseño (actualmente en discusión en el Congreso) de reglas e instituciones que fomenten la competencia sin inhibir el libre emprendimiento. O la profundización de los esfuerzos de liberalización del comercio internacional para incentivar que las empresas apunten hacia nuevos mercados.

La innovación no es un lujo reservado para las empresas de alta tecnología. Es una necesidad estratégica para mejorar la productividad y el crecimiento. Pero mientras no exista suficiente inversión en investigación y desarrollo, así como mejoras en las políticas y el ambiente para el emprendimiento, será muy difícil que se acelere el crecimiento económico.

sábado, 4 de abril de 2015

Se Busca un Líder Como Simeone

¿Es posible para un Estado como el guatemalteco extraer lecciones del liderazgo del “Cholo” Simeone?

Aprovechando los aires veraniegos, divaguemos un poco sobre lo que un país como el nuestro, hambriento de liderazgos inspiradores, puede extraer como lecciones desde el lejano ambiente del futbol profesional; ese donde el líder de moda es un hombre que convirtió a una institución fallida y destrozada por dentro, en un ejemplo de resurrección y esperanza.
Bajo el liderazgo de Diego “el Cholo” Simeone, el club Atlético de Madrid no sólo recobró el prestigio perdido, sino que logró obtener más títulos en sus tres años como entrenador que todos los que el club obtuvo en los 25 anteriores. ¿Es posible para un Estado como el guatemalteco, que coquetea con el colapso y el suicidio colectivo, extraer lecciones del liderazgo de Simeone?
Son cinco las claves de ese liderazgo que, si fueran adoptadas por nuestros dirigentes, quizá conjurarían el espectro del Estado fallido. La primera clave es creer que se puede. El Cholo encontró un Atlético de Madrid en decadencia, con una dirigencia corrupta y sin credibilidad, financieramente deficitario y con muy escasos logros (hasta con un descenso breve a segunda división). Algo parecido a nuestro país.
El Cholo, que había conocido otro Atlético distinto (luchador en las adversidades, capaz de hacerle frente a los más grandes –con muchos menos recursos- y orgulloso de su historia), le inyectó a jugadores, dirigentes y afición un espíritu de optimismo, de fe en sí mismos e ilusión compartida. Y les dijo a todos que “el que no crea, que no moleste”. Cuánto bien le haría a Guatemala, sumida en la anomia y el cinismo colectivo, un liderazgo que nos hiciera creer que podemos ser un país exitoso; que podemos ser una sociedad más próspera y solidaria; que podemos decirle al que no quiera compartir esa fe que no moleste.
La segunda clave es el trabajo en equipo. Simeone encontró un club dividido en facciones, donde cada quien se conformaba con dar lo mínimo y nadie confiaba en nadie. Parecido a la Guatemala de hoy. Pero el Cholo, así como inyectó optimismo, también infundió una buena dosis de realismo: sólo el trabajo duro produce frutos; sólo con perseverancia se puede mejorar. Contrario a lo que prometen los políticos tercermundistas, no hay soluciones mágicas. Eso significa, lo mismo para un club de futbol que para una sociedad, que el trabajo en equipo implica que cada quién haga lo que le toca y contribuya con lo que el otro hace.
La tercera clave es la ilusión por ganar. El Atlético que encontró Simeone se arrastraba en la mediocridad de la media tabla; y, ante la frustración generalizada, tenía más de diez años de no vencer a su más acérrimo rival (el otro equipo de Madrid). Como Guatemala, que tiene años de no salir de los peores lugares en los índices de desarrollo humano, de competitividad o de transparencia. Pero el Cholo devolvió la ambición  a su equipo, les inculcó un estilo y unas señas de identidad  a las cuales se aferraron hasta lograr el éxito. Eso sí, con flexibilidad, dispuestos a adecuarse a las circunstancias, sin perder de vista su objetivo: ser tan competitivo como los otros y, de paso, vencer de nuevo –y repetidamente- a su rival histórico.
La cuarta clave es ir partido a partido. Al sumar fe, trabajo y ambición, resulta importante ahuyentar los fantasmas del pasado tanto como los del futuro. Lo que importa es el próximo partido; no el de ayer ni el de mañana. Para Guatemala, eso significaría dejar en el pasado los traumas de la confrontación y no angustiarse porque otros países nos lleven la delantera; concentrarnos en lo problemas de hoy: la corrupción, la desnutrición y la debilidad institucional. Si vamos partido a partido podemos mantener la visión de largo plazo pero centrando los esfuerzos en los temas urgentes del momento.
La quinta clave es pasión y orgullo. Simeone sabía cuando llegó como entrenador que, pese a sus horas bajas, el Atlético de Madrid era un equipo altivo, de arraigo y tradiciones; con un pasado del cual enorgullecerse y con una base social valiosa. Como Guatemala, pues. Y a partir de ese orgullo y de esa base pudo recobrar la dignidad y obtener éxitos, partido a partido. Quizá reflexionando sobre estas trivialidades durante el descanso de Semana Santa, podamos ser capaces de pensar que con un liderazgo de ese estilo tal vez Guatemala tendría un mejor futuro.

jueves, 26 de marzo de 2015

Prosperidad y Globalización

Aunque la globalización ha reducido la desigualdad entre países, la ha incrementado al interior de las sociedades

La semana pasada, la inauguración de la suntuosa sede del Banco Central Europeo en Frankfurt, Alemana, fue objeto de agresivas manifestaciones anti-capitalistas. Una prueba más de que la globalización y el capitalismo están bajo ataque ideológico. La crisis financiera de 2008, el estancamiento de las clases medias en muchos países industrializados y las evidentes inequidades en los países pobres han sembrado dudas sobre la capacidad del sistema de crear una sociedad más funcional y justa.
Aunque esa sea la percepción generalizada, la realidad incontestable –basada en evidencia numérica- es que el capitalismo ha generado aumentos masivos en los niveles de prosperidad, especialmente en Occidente, durante los siglos XIX y XX. En décadas recientes, el sistema capitalista ha sacado rápidamente a cientos de millones de personas de la pobreza en muchos países emergentes.
La principal virtud del capitalismo no es tanto que sea el sistema más eficiente para asignar los recursos escasos (tal como los economistas lo vemos), sino que ha sido un sistema capaz de generar innovación y de producir soluciones concretas a problemas humanos (desde transporte veloz, hasta antibióticos que salvan vidas). Si se entiende por prosperidad el cúmulo de soluciones disponibles para resolver problemas humanos, entonces el capitalismo (y sus episodios recurrentes de globalización) ha hecho un gran trabajo en favor de la prosperidad. Ningún otro sistema económico ha logrado generar más soluciones a los problemas materiales de la humanidad en tan corto tiempo.
Y lo  ha logrado creando un entorno donde los incentivos generan una oferta abundante de soluciones a los problemas cotidianos, donde se seleccionan las mejores soluciones mediante la competencia y donde las mejores soluciones se multiplican a la vez que las peores soluciones se eliminan. Ese es el proceso generador de soluciones al que el gran economista Joseph Schumpeter denominó “destrucción creadora”.
Pero el mercado libre, que es el plasma en el cual flota el capitalismo, suele tener fallas; y cuando éstas surgen, el Estado (la sociedad y sus pactos) entra a regular el mercado para que funcione bien, favoreciendo a los procesos económicos que resuelven problemas. Esa intervención estatal en pro del mercado contribuye a construir confianza y cooperación (capital social) que también contribuyen a la prosperidad.
Las olas recurrentes de globalización, que profundizan y esparcen el capitalismo, han sido acusadas de muchas falencias económicas y sociales. Pero un gran número de estudios ha comprobado la influencia positiva que la globalización ha tenido sobre muchas variables clave. Varios de esos estudios, que están basados en el Índice de globalización (un indicador que mide la conectividad, integración e interdependencia global de los países en las esferas cultural, ecológica, económica, política, social y tecnológica), recopilado y procesado por el Instituto de investigación económica KOF de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, demuestran que la globalización ha incrementado el crecimiento económico, ha promovido la igualdad de género, y ha mejorado el respeto a los derechos humanos.
Sin embargo, dichos estudios revelan un aspecto negativo: aunque la globalización ha reducido la desigualdad entre países, la ha incrementado al interior de las sociedades. Este resultado indeseable es contrario a lo que la teoría de la ventaja competitiva (formulada por David Ricardo, uno de los padres de la ciencia económica) habría predicho. La teoría de Ricardo sostenía que el libre comercio tendería a elevar los salarios de los trabajadores de menores ingresos (tal como ocurrió en la globalización del siglo XVIII). Pero no se replicó en la globalización actual.
Una explicación a este enigma ha sido esbozada por el premio Nobel Eric Maskin: la era de la informática ha hecho que sean las clases medias de los países pobres las que se beneficien más al igualarse, a través de la conectividad, con las clases medias de los países ricos. Los más pobres de los países pobres, en cambio, han quedado aislados y rezagados. Si esa teoría es válida, Maskin plantea un desafío esencial a quienes creemos en la globalización: ¿cómo aprovechar sus innegables beneficios sin condenar al rezago a los más pobres entre los pobres?

domingo, 15 de febrero de 2015

Para Aumentar el Bienestar

Nuestra esperanza de crecer más y reducir la pobreza radica en mejorar la productividad

El propósito de las políticas públicas, y de casi cualquier actividad gubernamental, debe ser propiciar la prosperidad y aumentar el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos. Para lograrlo no existe una solución única o una receta mágica, sino un arsenal de acciones e instituciones que deben aplicarse de manera sistemática. Por desgracias, no es cierto aquello de que “si tan sólo tuviésemos impuestos tan bajos como en Hong Kong” o “si tan sólo nuestro nivel educativo fuera como el japonés”, “entonces saldríamos del subdesarrollo”.
La experiencia de muchos países demuestra que para aumentar el bienestar de las poblaciones es indispensable que se produzca un aumento de la productividad; es decir, logar producir más bienes y servicios (que satisfagan las múltiples necesidades humanas) con la misma cantidad de factores productivos (tierra, mano de obra y bienes de capital). La mejora en la productividad, además, afecta y se ve afectada por la mejora en la calidad de vida, la salud, y el ambiente de convivencia social, de manera que aumentar la productividad es, claramente, una condición necesaria (aunque no suficiente) para mejorar el bienestar humano.
En el caso de Guatemala lo anterior es evidente. Por ejemplo, la producción nacional (medida por el PIB) aumenta cada año básicamente porque aumenta el consumo doméstico que, a su vez, aumenta porque la población consumidora es cada año más numerosa. Por eso es que, desde hace tiempo, el PIB crece a un ritmo promedio anual de sólo 4%, insuficiente para reducir los elevados índices de pobreza del país. Para acelerar ese ritmo de crecimiento no podemos simplemente confiar (como sucede a veces) en que una súbita mejora de la economía mundial aumente la demanda externa y, con ella, nuestras exportaciones; tal cosa está fuera de nuestro control y no sería una estrategia viable de desarrollo económico.
Tampoco podemos esperar que el gobierno aumente su gasto y cree los empleos que aceleren el crecimiento de la producción nacional: nuestro Estado es demasiado pequeño e ineficiente como para esperar tal cosa. Tampoco sería aconsejable encomendarnos a que un aumento en la inversión física mejore en el corto plazo la capacidad productiva del país: requeriría tantos recursos financieros y tiempo que también sería una estrategia inviable. Nuestra esperanza de crecer más y reducir la pobreza radica en mejorar la productividad. Y, aunque no es sencillo, hay cómo lograrlo.
Existen amplias posibilidades para que las empresas aumenten su productividad en muchos sectores de actividad económica, incluyendo los que generan más empleo o bienestar. Por ejemplo, en la agricultura hay oportunidades de mecanización y de aplicar nuevas técnicas; en la industria de alimentos pueden usarse técnicas de manufactura ajustada o buscarse economías de escala; en comercio y servicios se pueden aplicar las mejores prácticas productivas utilizadas en otros países; y, en turismo pueden aprovecharse las enormes ventajas competitivas del país en materia de clima, cultura y ambiente.
Pero estas mejoras las podrán realizar las empresas sólo en la medida en que el gobierno implemente políticas que las habiliten a hacerlo. Tales políticas incluyen las de apertura al comercio y a la tecnología mundiales; de minimización de barreras regulatorias; de difusión del conocimiento; de libre competencia para una mejor asignación de los recursos; de generación de instituciones que promuevan el mercado, la innovación y la movilidad social; de creación de un clima propicio a la inversión y al intercambio; y de incentivar a los ciudadanos a ahorrar, aprender, comportarse saludablemente y educar bien a sus hijos.
Reducir la pobreza en Guatemala pasa por mejorar la productividad de la economía a fin de generar el círculo virtuoso que se ha generado en muchas economías emergentes: una mayor productividad va de la mano con un incremento del ingreso disponible, del consumo y del PIB. De manera que los esfuerzos públicos y privados de desarrollo deberían enfocarse –con perseverancia y algo de suerte- en el objetivo de aumentar la productividad como condición indispensable para utilizar con eficiencia los recursos disponibles, darle sostenibilidad a la estabilidad macroeconómica, promover la movilidad social y elevar los niveles de vida.

domingo, 31 de agosto de 2014

Sin Innovación No Hay Progreso

Se trata de crear un ambiente propicio para generar ideas y convertirlas en nuevos productos, servicios y procesos

El progreso y el crecimiento económicos sólo pueden generarse mediante la adición de factores: más trabajadores, más inversión o más calidad en la manera en que se combinan esos factores (con más educación y mejores instituciones). El crecimiento basado solamente en la inversión (que implica acumular de capital físico e imitar la tecnología) puede servir en el corto plazo, pero aumentar la producción per cápita a largo plazo –indispensable para aumentar el nivel de ingresos y bienestar- requiere que los factores existentes se usen de mejor forma, lo cual implica innovación.
Conviene aclarar que una sociedad que innova no necesariamente está poblada de grandes científicos, inventores ni genios creativos. Los conceptos de innovación, creatividad e invención no son sinónimos. La creatividad es la capacidad de concebir algo original o inusual. La invención, por su parte, es la creación de algo que nunca se ha hecho antes y es el resultado de una idea única. En cambio, la innovación es la aplicación práctica de algo nuevo. Un acto creativo o un invento no es una innovación sino hasta cuando es llevado a la práctica como un nuevo producto, servicio o proceso productivo.
En Guatemala se han generado algunos ejemplos de los diversos tipos de innovación. El caso de la Cajita Feliz de McDonad’s es un ejemplo de innovación incremental, que adiciona valor sobre un producto ya existente, agregándole cierta mejora. El café instantáneo es un ejemplo de innovación radical, que introduce un nuevo producto, servicio o proceso que no se conocía antes. O el caso de innovación en gestión, refierida a aquella que renueva el modo de llevar a cabo las tareas administrativas o las formas organizativas y, por tanto, aporta avances en los objetivos organizativos puede verse en casos específicos como, por ejemplo, el del Irtra.
Lamentablemente esos ejemplos son muy escasos, lo cual explica en parte el pobre desempeño del país en materia de productividad: el índice de competitividad global que calcula el Foro Económico Mundial (que califica el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad) ubicó a Guatemala en el puesto 86 de 148 países calificados en 2013. Uno de los ideólogos de este índice, el economista catalán Xavier Sala-i-Martín, de la universidad de Columbia, visitó hace tres años en el país, y señaló la importancia que para Guatemala reviste la innovación.
Según Sala-i-Martín, los países pobres pueden competir en la economía global ofreciendo cosas más baratas (porque tienen recursos naturales o pagan salarios bajos), pero sólo lo logran por un tiempo; también pueden competir en calidad, pero tarde o temprano alguien lo hará mejor. Eventualmente, sólo tienen una opción para competir de forma sostenible: innovar. Y la innovación casi nunca se trata de grandes inventos científicos, sino de pequeñas mejoras incrementales, ideadas por empleados o pequeños empresarios (o surgidas por casualidad), que generan productos novedosos que satisfacen los gustos y deseos de los clientes.
¿Qué puede hacerse desde las políticas públicas para favorecer la innovación? En primer término, Sala-i-Martín sugirió lo que no debe hacerse: no se trata de dar subsidios para la investigación científica (sólo un 8% de las innovaciones exitosas provienen de los laboratorios); tampoco de diseñar políticas industriales (que otorgan privilegios a sectores económicos “ganadores”) ni planes de desarrollo ideados por burócratas iluminados; ni se trata de promover “clusters” y “parques tecnológicos” artificiales. Se trata más bien de crear un ambiente propicio para la generación de ideas y para la concreción de dichas ideas en productos, servicios y procesos novedosos.
En esencia, dicho ambiente requiere de infraestructura –física y tecnológica- eficiente; de instituciones que den seguridad personal y jurídica; de un marco regulatorio y burocrático facilite los negocios y la competencia; de un mercado laboral competitivo, diverso y flexible; de un sistema financiero accesible, profundo y solvente; y, crucialmente en el caso de Guatemala, de mejorar la calidad de la educación básica que proporcione a las personas los conocimientos y habilidades para mejorar su productividad, acceder a buenos empleos, aumentar sus ingresos y reducir la desigualdad.

viernes, 24 de mayo de 2013

El Futuro es Urbano

La gente alrededor del mundo (y Guatemala no es excepción) se ve inclinada a abandonar la vida rural y trasladarse a las ciudades. El Estado debe actuar en consonancia con esa inevitable tendencia. 
Desde hace cinco años, más de la mitad de los 7 millardos de habitantes del planeta viven en ciudades. Si bien es cierto que la vida en las ciudades puede ser intimidante (especialmente si se ve a las grandes urbes como potenciales destructoras de los valores tradicionales y generadoras de desorden, ruido y contaminación), también lo es que la ciudad puede constituir una fuente de desafíos y oportunidades para mejorar la calidad de vida de las personas.
Es por ello que la gente alrededor del mundo se ve inclinada a abandonar la vida rural y trasladarse a las ciudades, y lo hace por un sinnúmero de razones. Ya sea por el simple deseo de estar cerca de la acción y de la modernidad, o simplemente como una apuesta desesperada por la sobrevivencia pero, en todo caso, la decisión de migrar a la ciudad suele ser una elección racional: en la medida en que la tecnología avanza y las aspiraciones humanas evolucionan, se reduce la capacidad de la vida rural de satisfacerlas y aumenta la promisión de la ciudad.
La tendencia del Siglo XXI es la urbanización: para el año 2050 más de dos terceras partes de la población mundial vivirán en ciudades. En vez de oponerse a esta tendencia inevitable –queriendo preservar artificialmente antiguos sistemas de producción  rurales-, corresponde a las autoridades procurar sacar provecho de la misma y del irreductible potencial humano de la vida urbana, en la que conviven simultáneamente la armonía y la violencia, la lucha continua y el éxito irrestricto.
En Guatemala, según el INE, actualmente el 58% de la población es urbana, mientras que para 2020 Segeplan proyecta que más del 65% de la población residirá en áreas urbanas, especialmente en ciudades medianas. Ello aconseja aplicar políticas que eviten que el crecimiento del país continúe siendo territorialmente desordenado; para ello Segeplan propone el desarrollo de ciudades intermedias, modernas, conectadas, como nodos de comercio regional.
Para ello, el respeto y cumplimiento de la Ley de consejos de Desarrollo Urbano y Rural es esencial, no sólo como mecanismo para que las comunidades participen en la planificación y evaluación de las políticas y servicios que presten los distintos niveles de gobierno, sino también como herramienta para exigir a las autoridades de las ciudades que provean adecuadamente agua, sanidad y mantenimiento de calles.
Por otra parte, la agricultura urbana (es decir, la producción de cultivos y ganado en las ciudades) puede jugar un rol importante para atender los temas de seguridad alimentaria en un mundo cada vez más urbano, por lo que las políticas públicas de cara al futuro deben favorecer este tipo de producción (desde pequeños plantíos en los jardines, hasta pequeñas granjas áreas públicas de los vecindarios) que está cobrando auge en otros países.
Pero para aprovechar al máximo las transformaciones demográficas que conlleva el proceso de urbanización, es menester priorizar políticas de largo plazo en al menos tres áreas clave: capital humano, macroeconomía e institucionalidad. En efecto, la creciente población urbana en edad de trabajar debe convertirse en una fuerza laboral productiva, lo cual requiere inversión en todos los niveles educativos y de atención en salud.
A su vez, la mayor y mejor capacitada fuerza de trabajo urbana sólo rendirá beneficios si los nuevos trabajadores pueden encontrar empleo. Las políticas macroeconómicas tendentes a lograr condiciones estables y un buen clima de negocios están relacionadas con el crecimiento del empleo productivo y bien remunerado. La flexibilidad del mercado laboral y la apertura al comercio también son factores clave, como lo es la protección a las minorías que puedan resultar perdedoras con tales políticas.
Y, finalmente, el mejor aprovechamiento de la urbanización requiere de fortalecer el imperio de la ley, una mayor eficiencia del gobierno, la reducción de la corrupción y el cumplimiento de los contratos. La aplicación de políticas exitosas en todas estas áreas puede configurar un círculo virtuoso de crecimiento sostenido en la sociedad urbana de los próximos años. Si, por el contrario, no se aplican desde ya tales políticas, estaremos condenados a perpetuar las actuales condiciones de elevado subempleo, criminalidad generalizada e inestabilidad política.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El "Sector Cultural" de la Economía


La cultura y sus actividades generan flujos económicos, rentas y empleos que pueden --y deben- ser cuantificados. Ello nos permitiría tener una conciencia más clara del gigantesco potencial de la cultura en un país como Guatemala y de la consecuente conveniencia de darle un apoyo significativamente mayor.
La economía y la cultura se interrelacionan y afectan mutuamente. La cultura es, de acuerdo con la definición de la UNESCO, el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social y abarca, además de las artes y  las letras, los modos de vida, las maneras de convivir, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias.
La economía, por su parte, es la rama del conocimiento humano que estudia el fenómeno de la escasez. En la medida en que las manifestaciones culturales (especialmente las artísticas o estéticas) son bienes escasos destinados a satisfacer las necesidades del espíritu humano, dichas manifestaciones pueden y deben ser objeto de análisis económico.
Al respecto, la semana pasada tuve el privilegio de impartir una charla sobre Economía y Cultura en el seminario de formación “Las Industrias Culturales y Creativas en Guatemala: El sector de las Artes Escénicas en Medios Urbanos”, organizado por OIKÓS (Observatorio Andaluz para la Economía de la Cultura y el Desarrollo) y el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala. Del intercambio con los participantes resultó evidente que la cultura y la diversidad cultural son una fuente de desarrollo, no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de ampliar las opciones de oferta y elección que concede a los ciudadanos acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual más satisfactoria.
Las manifestaciones culturales (libros, música, filmes, artesanías, artes plásticas y escénicas) utilizan recursos para su realización que son valorados y transados en el sistema económico, y generan productos que tienen un valor de uso y de cambio para los que los demandan. Estas actividades tienen una dimensión económica, pues los procesos en los que se desarrollan tienen características de producción, intercambio y consumo. De manera que una parte considerable de la cultura genera un impacto similar al de otros sectores económicos, por lo que las actividades culturales dan lugar a un sector productivo que genera riqueza: el “sector cultural” de la economía.
En la medida en que se ha hecho cada vez más evidente que la cultura y sus actividades producen flujos económicos, rentas y empleos que pueden ser cuantificados, su estudio se ha revelado en años recientes como un campo muy amplio para el desarrollo teórico y aplicado de las ciencias económicas, dando lugar a una especialización conocida como Economía de la Cultura, que es la aplicación de la Ciencia Económica a la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios culturales.
La Economía de la Cultura, que como disciplina académica se está expandiendo principalmente en los países desarrollados, ha estado incursionando en el estudio de, por lo menos, tres aspectos de la cultura. En primer lugar las artes escénicas, como cultura viva en sus diferentes manifestaciones (por ejemplo, mediante estudios sobre el impacto económico que generan los festivales culturales). En segundo lugar, las industrias culturales, como cultura reproducible (por ejemplo, el análisis de la industria editorial o la de la música). Y, en tercer término, el patrimonio histórico o cultura acumulada (por ejemplo, mediante estudios del valor del acervo cultural material o inmaterial).
El tema es de particular relevancia para un país como Guatemala donde, de acuerdo a un estudio técnico elaborado en 2007 por el economista de la cultura Ernesto Piedras, el sector cultura genera el 7.26% del PIB –el triple que en Colombia o Chile-, crece a una tasa anual de 7.3% –más dinámico que la mayoría de sectores- y da empleo al 7.14% de la PEA.
La cultura es un ámbito por excelencia de la intervención pública que requiere instrumentos que la apoyen en la formulación de políticas culturales y económicas. El desarrollo de la Economía de la Cultura, aún incipiente en Guatemala, puede contribuir a generar tales instrumentos y a crear la necesaria conciencia que debe existir en todos quienes participan en la cadena de valor del sector cultural (en las etapas de creación, producción, distribución y consumo de los bienes y servicios culturales) respecto a que la creatividad es capaz de generar actividad económica y bienestar material y espiritual.

domingo, 14 de agosto de 2011

Educación Sin Maestros

El científico y escritor británico Arthur Clarke escribió una vez que "si un profesor puede ser reemplazado por una computadora, dicho profesor debería ser reemplazado". Aprovechando la enésima huelga de las huestes de Joviel Acevedo, les dejo esta reflexión sobre el enorme potencial de la informática en la educación de las generaciones futuras.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
EDUCACIÓN SIN MAESTROS

La ausencia prolongada de los maestros podría no ser tan perniciosa para la educación de los niños  
Por enésima vez los sindicatos magisteriales del sector público han decidido suspender labores como una medida de presión a las autoridades para que atiendan sus demandas. Aunque resulta difícil, en pleno barullo electoral, discernir ante qué autoridades protestan los maestros y cuáles son sus demandas, en la opinión pública se expresa preocupación por los efectos negativos que la ausencia de los maestros puede tener sobre la educación de los niños y jóvenes guatemaltecos.
Paradójicamente, en medio de esta confusión, puede verse un inspirador video publicado en TED (ese magnífico sitio en internet dedicado a difundir ideas innovadoras) titulado “La aventura de los niños que aprenden por sí mismos”. Se trata de un experimento del profesor Sugata Mitra, replicado exitosamente en varias áreas marginales de su país (India), en donde una terminal de computadora con acceso a internet se deja empotrada en una pared, al alcance de los niños, y estos logran aprender solos (y muy bien). Y piensa uno que, de pronto, la ausencia prolongada de los maestros podría no ser tan perniciosa para la educación de los niños.
El desempeño de nuestro sistema educativo muy deficiente. Aunque en términos de cobertura (especialmente en primaria) ha mejorado en años recientes, la calidad de la enseñanza es peor que mediocre. Según evaluaciones del Ministerio de Educación, sólo un poco más de la mitad de los egresados de sexto grado obtienen resultados satisfactorios en matemáticas, y apenas un poco más de la tercera parte salieron aprobados en lenguaje.
La situación es mucho peor a nivel de educación media y diversificado: únicamente uno de cada nueve graduandos de nivel medio aprobaron las pruebas de lectura y solamente tres de cada cien lo hicieron en matemáticas. En buena medida, estos resultados catastróficos obedecen a la baja calidad de los docentes. De acuerdo a las pruebas que el Ministerio realiza a los optantes a plaza de maestro, ni siquiera la mitad de ellos alcanzaba a atinarle al mínimo de respuestas correctas. Esto configura un círculo vicioso en el que maestros mal preparados educan deficientemente a futuros graduandos.
Los resultados de las pruebas de admisión a las universidades del país no sólo confirman lo anterior, sino que también demuestran que la mala calidad educativa también es una característica difundida en la mayoría de establecimientos privados.
De ahí que, como dijo Michael Lisman (coordinador para Centroamérica del Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina), nuestro sistema educativo es una “fábrica de fracasos” que condena a un gran número de jóvenes a naufragar en su educación superior o a aspirar a trabajos mal remunerados. El sistema no se adapta a un mundo en el que, a través de la tecnología, los alumnos podrían acceder a herramientas que les hablen en su propio idioma, que los incentiven a ser críticos y creativos, que los desafíen a resolver problemas de la vida real, que les enseñen a buscar ayuda y que los estimulen a correr riesgos.
Es posible que quienes viven y medran de nuestro sistema mediocre se horroricen sólo de pensar que, con los instrumentos informáticos apropiados a su alcance, los alumnos pueden saber hoy más que los maestros. El experimento del profesor Mitra en India demuestra que, donde no hay (buenos) profesores, la tecnología puede ser un apoyo crucial para generar un aprendizaje significativo y útil para la vida, ya que permite que los jóvenes desarrollen por sí mismos su potencial dejándoles expresarse, explorar, crear y comunicarse, además de abrirles una enorme ventana de interrelaciones con el mundo entero. El acceso a la informática puede ser un excelente medio para –como dicen los gringos- “nivelar el terreno de juego” en una sociedad tan desigual como la nuestra.
Vale la pena plantearse, desde el punto de vista de la eficiencia económica, que los maestros se enfoquen en hacer mejor lo básico (enseñar bien las operaciones aritméticas básicas y la lectura), para que los jóvenes tomen en sus manos (con la guía adecuada) su propia educación a través de la tecnología. Para ello, por supuesto, habría que pensar en modificar la forma en que, por ejemplo, se gastan hoy los Q1 mil millones asignados a gastos de administración y docencia a nivel medio.
Comentarios de los Lectores


En educación hay muchas cosas interesantes que discutir y muchas veces no estaos bien ubicados en objetivos, estrategias, tecnologías, espacios de acción, procesos históricos, etc. El autor nos plantea un concepto interesante  que es parte de las divergencias que definen nuestro moderno siglo y parte final del pasado. El espacio histórico y organizativo de gobierno es el CHAMBITALISMO, una educación de maestros masa con alumnos masa, millones que requieren aula según procesos, modelos tradicionales, pedagogía atrasada y no de acuerdo con la tecnología de la comunicación. Además de eso nos encontramos incrustada una ideología política que plantea una lucha social en sus orígenes de clase trabajadora en polaridad con empresarios y oligarquías terratenientes, pero conceptos en los cuales la polaridad debe ser diferente. Los trabajadores maestros masa se enfrentan al grupo que administra los ingresos que el gobierno recibe por impuestos o créditos y se sienten o simulan sentir, que están en la lucha polarizada de la economía del siglo XIX. Creando conceptos nuevos y llegando a conceptos de que las plazas de empleo en gobierno deben ser heredados porque ellos han comprado su puesto de trabajo en un sistema corrupto de administración pública. Como una forma de acción y obtener privilegios se generan huelgas, manifestaciones, disciplina sindical, vacaciones y pocos días de clase al año. Por otra parte la tecnología de la comunicación plantea nuevas alternativas frente a un modelo escolar rígido, de largo plazo,, alto costo, baja escolaridad, alta deserción, etc. En este choque de múltiples dualidades el gobierno ha optado por no evaluar a los niños y certificar solamente asistencia, sin embargo la sociedad evalúa conocimientos y si no se tienen, paga mal y hay que superarse por fuera. La superación educativa de los niños no está en que los maestros se pongan a estudiar, sino en que pongan a estudiar a los niños y los motiven. No está tampoco en que algunos sean minus alimentados, los niños con oportunidad se desenvuelven mejor en las comunicaciones modernas que los maestros, aunque no reciban desayuno y aprenden fuera de la escuela muchisimas cosas que los atrasados planes de estudio no contemplan. La educación privada funciona mal porque la corrupción administrativa no la vigila, pero los PADRES EXIGEN PORQUE PAGAN  y entonces tenemos algunos datos Que un niño de primaria pública pase a básico publico es 1.4 de 10. Que un niño de escuela primaria privada pase a secundaria privada es  de 12.5 niños de 10 niños de escuela privada. El que quiera interpretar el dato le obsequio estadísticas,lvsergio2@cableonline.com.mx  El que un niño de primaria publica llegue a diversificado  es de 1 en 25 niños que se inscribieron en primaria. El que un niño de primaria privada llegue a diversificado privado es de 1 de cada 3. Estos son deducciones particulares para Guatemala. Cuantos niños de primaria publica tienen opción de llegar a la universidad? Se los dejo de tarea. Cual es el sistema del futuro, los maestros deberán enseñar herramientas culturales de trabajo, lenguas y matemáticas a través de un teléfono celular y desde el mismo los niños se van a PODER EXAMINAR Y OBTENER LOS CERTIFICADOS QUE CORRESPONDAN A SUS CONOCIMIENTOS. Los maestros tradicionales pueden seguir en su lucha de clases y en huelga, SOLUCIONES AHORA, SIN SANGRE, SIN MIEDO, SIN DEMORA. Que las ideologías no te impidan ver la realidad, que la realidad no te obstruya el pensamiento, que tu pensamiento genere  nuevas oportunidades.


En primer lugar se sabe que el sindicato del magisterio es uno de los más pesados en el país.  Se sabe que a pesar de que ellos mismos saben que el dinero que les prometieron no es el problema sino que los compromisos políticos son los que mandan, la calidad educativa por estas y otras razones no mejoraran en el corto plazo.  Fijese usted que se sabe por ejemplo que habían unas 25 o 50 plazas que un diputado del PP negocio y paró porque negociaron algo a cambio de otra cosa.  Esto sucedio en Chimaltenango, en el mismo lugar en donde los coordinadores educativos reciben mordidas de establecimientos sin permiso para operar, además son estos los que negocian plazas con sus amigos a fin de colocarlos en donde les convenga.  Por otra parte, estos mismos coordinadores persiguen  a los establecimientos que no les dan dinero, y tratan de inventarles cosas a fin de presionarlos hasta que logran la extorsión.  Lo ilógico de todo es que le magisterio sabe que todas estas movidas las hacen los coordinadores y maestros que venden sus plazas.  Si esto sucede en un pueblo de Chimaltenango, multiplique usted toda la corrupción que hay en el país.  Porqué un diputado del PP de Chimaltenango estaría interesado en unas plazas magisteriales, y porqué de esto los maestros del sindicato no alegan nada, será acaso que alcanzan también sus centavitos con estas movidas. Por eso es que al magisterio lo que menos le interesa es mejorar, porqué el sindicato no se para por recibir los textos hasta medio año, será que a los dirigentes no les dan dinero de la impresión de textos. Porqué será que los coordinadores en Chimaltenango no son cambiados a pesar de que el sindicato del magisterio sabe que son corruptos y que venden plazas y extorsionan establecimientos.  Es por demás tratar de resolver los problemas magisteriales, porqué será que Otto Pérez quería reunirse sólo con la cúpula del magisterio, y qué les quería ofrecer, será que Otto Pérez quería una tregua y será que por eso sus diputados están negociando plazas.  Quién lo puede saber solo ellos ...


CUANDO EL BOLSILLO VOTA

Cuando el ingreso se reduce, el populismo florece ofreciendo soluciones ilusorias Existe una diferencia importante entre inflación y percepc...