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lunes, 9 de junio de 2025

LA APUESTA POR TAIWÁN

 Nuestra relación con Taiwán sigue siendo estratégica, si sabemos cómo aprovecharla

La reciente visita del presidente Bernardo Arévalo a Taiwán ha reavivado un viejo debate: ¿le sigue conviniendo a Guatemala mantener relaciones diplomáticas con Taipéi, en vez de ceder a la seducción —comercial y política— de la China continental?

Cada vez más países han abandonado a Taiwán para alinearse con Pekín. Hoy, solo doce naciones en todo el mundo reconocen a la isla como Estado soberano. Guatemala es, por mucho, la más grande y relevante entre todas ellas. Su PIB más que duplica al de Paraguay —el segundo país en importancia de los que reconocen a Taiwán— y su peso demográfico lo triplica. En ese reducido club, somos la joya de la corona.

Pero Pekín presiona. A cambio del reconocimiento diplomático, ofrece grandes obras —estadios, carreteras, puertos—, promesas de inversión, condonación de deuda, y acceso a su colosal mercado. Muchos de nuestros vecinos ya han sucumbido a esas ofertas; pero los resultados concretos, más allá de las fotos inaugurales y los titulares mediáticos, no han sido tan espectaculares como se esperaba. En algunos casos, las obras prometidas se han demorado, han sido de baja calidad, o han generado nuevas dependencias financieras.

En cambio, Guatemala ha sido un socio leal de Taiwán durante décadas. Sin embargo, no ha sabido capitalizar esa relación como debería. Mientras, por ejemplo, Lituania —que ni siquiera tiene plenas relaciones diplomáticas con Taipéi— ya recibió un fondo taiwanés de inversión por US$200 millones, Guatemala apenas si ha rascado la superficie del potencial de cooperación con la isla. Podríamos aprovechar su experiencia institucional —por ejemplo, en servicio civil, educación tecnológica, y sistemas electorales—, profundizar el comercio, o negociar un fondo de inversión bilateral, administrado con transparencia, para infraestructura productiva o innovación digital.

Y no se trata solo del evidente interés que Taiwán debería tener en mantener a Guatemala de su lado. También Estados Unidos (nuestro principal socio comercial y policía regional), que percibe con alarma la creciente presencia de China en América Latina, valora mucho que Guatemala mantenga esa alianza estratégica. En un tablero geopolítico donde se juegan las tensiones más importantes del siglo XXI —incluyendo el futuro del Indo-Pacífico, la seguridad cibernética, y el control de las cadenas de suministro tecnológicas—, nuestro país puede desempeñar un rol diplomático relevante. No por nuestro peso militar o económico, sino por nuestra ubicación estratégica, nuestra trayectoria y nuestra lealtad diplomática, que es observada con atención desde Washington.

Nuestra relación con Taiwán sigue siendo una apuesta que conviene

Algunos analistas “pragmáticos” aconsejan a Guatemala cambiar de bando y ceder a la seducción y a las amenazas -veladas o explícitas- de China. Pero ¿y si algún día Taiwán y China deciden, a su manera, reencontrarse como partes de una misma nación? Esa posibilidad, aunque quizá no tan cercana, existe. En tal caso, Guatemala no saldría perdiendo si ha jugado el papel de aliado prudente, coherente y respetuoso. China —que valora la continuidad, el honor y la palabra empeñada— sabrá apreciarlo. No sería la primera vez que la diplomacia oriental premia la paciencia y la fidelidad.

Claro que esta ruta entraña riesgos. Pero mientras Taiwán siga existiendo como actor internacional con autonomía, nuestra relación con esa isla comprometida con la democracia, tecnológicamente sofisticada y firmemente aliada de Occidente, sigue siendo una apuesta que conviene —por principios y por estrategia— mantener. Eso sí: es una apuesta que solo vale la pena jugar si la sabemos cobrar bien.


martes, 13 de junio de 2023

APRENDER DE LA EXPERIENCIA CHINA

"EL DESARROLLO DE UN PAÍS ESTÁ LIGADO A LA CALIDAD DE SUS INSTITUCIONES": EN SU RUTA A CONVERTIRSE EN UNA POTENCIA MUNDIAL, LA ESTRATEGIA DE CHINA HA SIDO PRAGMÁTICA, PERO ENFOCADA EN FORTALECER GRADUALMENTE SU MARCO INSTITUCIONAL

Ahora que los políticos, en plena campaña, están tentados a tomar a China como ejemplo para lograr un desarrollo económico y social pronto y efectivo, conviene comentar el libro "Cómo China escapó de la trampa de la pobreza", de Yuen Yuen Ang, donde la autora explica cómo ese país, partiendo de sus debilidades institucionales -como la corrupción y la inestabilidad de los derechos de propiedad- aprovechó para construir mercados florecientes que, a su vez, ayudaron a fortalecer las instituciones que, a su vez, desarrollaron aún más los mercados y ayudaron a sacar a millones de personas de la pobreza.

Si bien es muy cierto que la experiencia de desarrollo de un país es difícilmente trasplantable a otro, también lo es que siempre es factible derivar algunas lecciones aplicables a otros países en vías de desarrollo que padecen de debilidades institucionales, como la corrupción, la incompetencia de los jueces y de las cortes, y la ineficacia del gobierno para proveer servicios públicos esenciales de salud, educación, seguridad e infraestructura. He aquí hay algunas lecciones del libro que podrían aplicarse a otros países que enfrentan desafíos institucionales similares:

1. No apostar al todo o nada, lo que implica aprovechar las oportunidades para un cambio gradual. En lugar de esperar las condiciones ideales, pueden realizarse mejoras graduales aprovechando los recursos y las capacidades existentes.

2. Fomentar la gobernanza adaptativa; es decir favorecer la capacidad de las instituciones para aprender, evolucionar y responder a las circunstancias cambiantes. Esto implica construir mecanismos que fomenten la adaptación, la flexibilidad y la capacidad de respuesta a los desafíos puntuales. La gobernanza adaptativa permite la identificación e implementación de políticas efectivas a pesar de las debilidades institucionales.

3. Abordar el combate a la corrupción mediante incentivos y transparencia (más que mediante la persecución penal). La corrupción socava la eficacia de las instituciones y obstaculiza los esfuerzos de desarrollo. Para combatirla, pueden implementarse sistemas de incentivos que recompensen la integridad y castiguen las malas prácticas. Las iniciativas de transparencia, como las políticas de datos abiertos y la fiscalización continua, pueden mejorar la rendición de cuentas y reducir las oportunidades de corrupción.

4. Fortalecer los derechos de propiedad, que proporcionan la base para las transacciones económicas, la inversión y el desarrollo del mercado. Se debe trabajar para establecer derechos de propiedad claros y exigibles, asegurando que las personas y las empresas tengan derechos seguros de propiedad y uso. El fortalecimiento de los derechos de propiedad fomenta el espíritu empresarial, la inversión y el crecimiento económico.

5. Mejorar la eficacia judicial. La incompetencia dentro del poder judicial y los tribunales puede socavar el estado de derecho e impedir el desarrollo. Para abordar esto, se debe invertir en capacitación y desarrollo de capacidades para jueces, fiscales y profesionales del derecho. Además, el establecimiento de mecanismos de supervisión independientes, la mejora de los sistemas de gestión de casos y la garantía de procesos de resolución de disputas justos y eficientes pueden mejorar la eficacia judicial.

6. Buscar inversiones específicas en servicios públicos esenciales. A pesar de la escasez de recursos fiscales y de las debilidades institucionales, es fundamental priorizar las inversiones en servicios públicos esenciales, como salud, educación, seguridad e infraestructura. Al abordar los desafíos institucionales, los gobiernos deben asignar recursos estratégicamente para satisfacer las necesidades inmediatas y sentar las bases para el desarrollo a largo plazo.

7. Fomentar las alianzas público-privadas puede ayudar a superar las debilidades institucionales y brindar servicios esenciales de manera más efectiva. Las alianzas público-privadas (APP) pueden aprovechar la eficiencia, la experiencia y los recursos del sector privado al tiempo que garantizan la responsabilidad y la supervisión del sector público. Las APP pueden ser especialmente valiosas en el desarrollo de infraestructuras y la prestación de servicios. Y,

8. Promover la innovación y el aprendizaje, incluso dentro de las instituciones. Esto implica crear espacios para la experimentación, el intercambio de conocimientos y la colaboración. Los gobiernos pueden apoyar la investigación y el desarrollo, establecer centros de innovación y fomentar redes que faciliten el intercambio de conocimientos entre diferentes actores. 

Evidentemente, es importante adaptar estas lecciones al contexto específico de Guatemala, ya que los desafíos institucionales son distintos a los de China. Además, si bien explotar las debilidades institucionales como punto de partida para crear mercados pudo ser efectivo bajo las particulares circunstancias de China, el objetivo a largo plazo siempre debe ser -tanto para China como para Guatemala- fortalecer las instituciones, mejorar la gobernabilidad y abordar las causas subyacentes de esas debilidades.

Shanghai 1990 / Shanghai 2010




lunes, 13 de enero de 2020

Cómo (No) Atraer Inversiones de China

No es cambiando lealtades diplomáticas como vamos a atraer inversión de manera sostenible, sino fortaleciendo la institucionalidad del Estado


Una de las razones por la cuales países como El Salvador, República Dominicana o Costa Rica han roto recientemente sus relaciones diplomáticas con Taiwán para poder establecerlas con la República Popular de China, ha sido la de atraer las potencialmente cuantiosas inversiones chinas para apuntalar las famélicas tasas de inversión en estos países. Por la misma razón, más de una voz de algún economista guatemalteco arguye que a nosotros -que exhibimos una de las tasas de inversión más bajas del mundo- también nos convendría abandonar los más de sesenta años de lealtad con Taiwán para abrazar a la China Popular.

Al respecto, conviene recordar que Taiwán tiene relaciones diplomáticas plenas con apenas quince países (que cada vez son menos), de los cuales Guatemala es notoriamente el más grande -en términos de población, tamaño de la producción y monto de exportaciones, entre otros parámetros-, a pesar de lo cual las inversiones taiwanesas (públicas y privadas) en Guatemala son sumamente escasas. ¿Atraeríamos más inversiones si establecemos relaciones con la República Popular?

A juzgar por lo ocurrido en Costa Rica y El Salvador, no hay que esperar un súbito ni sostenido aumento de las inversiones después de cambiar lealtades de una a la otra China. De hecho, en toda la región latinoamericana, las inversiones provenientes de China Popular solamente son significativas en Chile y Panamá (casualmente las dos economías más sólidas de América Latina). Para entender el por qué, quizá sea bueno revisar lo ocurrido en el continente africano, donde todos los países (excepto uno: Suazilandia) han roto con Taiwán para acercase a China Popular, bajo la ilusión de atraer grandes inversiones hacia sus rezagadas economías.

Menos del 3% de la inversión extranjera de China va a África. Aunque al inicio del siglo las inversiones chinas en África aumentaron con rapidez, en años recientes casi se han detenido. La razón es el pésimo clima de inversiones en casi todo el continente africano: los -al inicio entusiastas- inversionistas chinos se han topado con el incumplimiento reiterado de las promesas de construir infraestructura por parte de los gobiernos africanos, con su incapacidad de proveer energía o acceso a tierras, con las invasiones a la propiedad privada, con la falta de registros adecuados de la propiedad, con las autoridades locales o las comunidades organizadas imponiendo restricciones a la inversión que no habían sido acordadas con el gobierno central, con los jueces locales dictando sentencias contrarias a los contratos previamente firmados. ¿Suena familiar?

La lección es clara: no es cambiando lealtades diplomáticas como vamos a atraer inversión de manera sostenible, sino fortaleciendo la institucionalidad del Estado y mejorando el clima para hacer negocios en el país, de manera que Guatemala resulte atractiva para inversionistas no solo de Taiwán y de China, sino de cualquier país que pueda traer los recursos y tecnología que tanta falta le hace a nuestra economía. Mientras tanto, el nuevo gobierno deberá ocuparse de sacarle mayor provecho a nuestra condición de ser el país más importante para Taiwán entre sus -cada vez menos- aliados.

martes, 17 de septiembre de 2019

El Mundo No Necesita una Guerra Comercial

La actual moda –implantada por los nacionalismos alrededor del mundo– de erigir barreras al comercio, está teniendo y tendrá efectos dañinos para todos

La economía mundial está en dificultades; los pronósticos de crecimiento de la producción apuntan claramente a una desaceleración. Una de las principales causas de este panorama han sido las medidas proteccionistas aplicadas por el actual gobierno estadounidense y las consiguientes represalias adoptadas por China y otros países. Pareciera que a los hacedores de política económica en esos países se les ha olvidado que uno de los motores que ha propulsado el acelerado desarrollo que el mundo ha experimentado en los últimos noventa años ha sido el intercambio de bienes, cada vez más libre y creciente, entre las naciones.

Resulta difícil, en estos tiempos populistas, convencer a los nacionalistas de que el comercio es, a la postre, beneficioso para ambas partes... pero lo es. Basta con ver cómo, en todo el mundo y a través de la historia, los países que abrieron sus fronteras al comercio fueron los que más prosperaron: la Grecia clásica, la China medieval, la Italia renacentista, la Holanda de la edad de oro, la Inglaterra del siglo XIX, los Estados Unidos de la posguerra mundial y, recientemente, los Tigres Asiáticos y China.

El intercambio comercial entre países produce riqueza. Cuando un país exporta, obtiene un beneficio –incluso si la riqueza obtenida no se distribuye equitativamente (lo que es un problema social que cada país debe resolver), ello no significa que los ciudadanos estén peor que antes del intercambio comercial-. Al reducir sus barreras al comercio, los gobiernos permiten a sus ciudadanos exportar aquellos bienes que mejor saben producir e importar todo lo demás, con la posibilidad de escoger lo mejor que el mundo tiene para ofrecerles.

Al abrir sus fronteras, los países ricos también estimulan el crecimiento de los países más atrasados, lo cual beneficia a ambas partes. Al importar bienes más baratos de los países en desarrollo, los países ricos no solo ofrecen a sus propios consumidores una mayor gama de productos, sino también generan empleos en los países donde la gente está desesperada por obtener mayores ingresos (o por emigrar). Dándoles a los países menos avanzados la oportunidad de crecer a través del comercio, los países ricos pueden simultáneamente expandir sus propias economías: cuando los países menos avanzados logran crecer y aumentar su poder adquisitivo, seguramente importarán más bienes y servicios de los países avanzados. A fin de cuentas, más comercio conlleva más crecimiento, lo cual significa más empleos.

La actual moda –implantada por los nacionalismos alrededor del mundo- de erigir barreras al comercio, está teniendo y tendrá efectos dañinos para todos, incluyendo aquellos ciudadanos a quienes supuestamente se quiere proteger. La Gran Depresión de los años 1930, por ejemplo, se propagó por el mundo cuando los Estados Unidos decidieron erigir barreras al comercio para “proteger” a los productores locales; en la medida en que otros países tomaron represalias con medidas similares, el comercio mundial se desplomó, desaparecieron los puestos de trabajo y el planeta entró en un largo período de declive económico. Hoy, la economía mundial está en un momento delicado y lo que menos necesita es que las grandes economías (especialmente Estados Unidos y China) repitan aquella nefasta historia.

martes, 9 de julio de 2019

Perspectivas económicas: nada mejor, no mucho peor

La desaceleración internacional también afectará otro motor de nuestra economía: la inversión.


Las perspectivas de crecimiento de la economía mundial se han debilitado recientemente, a raíz de la absurda guerra comercial de los Estados Unidos contra China y otros países, en medio de una creciente incertidumbre política internacional. El panorama global es el de una expansión que se debilita: luego del sólido crecimiento en 2017 y principios de 2018, la producción mundial se desaceleró desde entonces. Tanto en los países ricos como en los países en desarrollo, las proyecciones de crecimiento para 2019-2020 se han reducido (tanto por parte del Fondo Monetario Internacional -FMI-, como de la OECD y la ONU). Además de una desaceleración prevista en el comercio internacional, los indicadores de confianza de las empresas se han deteriorado en todo el mundo, lo que ha plantado nubarrones sobre las perspectivas de inversión y los flujos de capital.

En respuesta al debilitamiento de la economía, y dadas las bajas presiones inflacionarias, los principales bancos centrales del mundo han suavizado sus posturas de política monetaria, pero la efectividad de estas medidas es aún incierta. Cómo afectará este panorama a la economía guatemalteca es algo que estaremos discutiendo este viernes en el seminario que sobre la situación económica realiza Consultores Para el Desarrollo –COPADES-, en donde veremos que ese panorama a la baja en la economía internacional impedirá que las exportaciones (que son uno de los motores de la producción nacional) se recuperen como era deseable después de la caída que registraron el año pasado.

La desaceleración internacional también afectará otro motor de nuestra economía: la inversión (construcción, maquinaria y equipo). Sin embargo, este segundo motor del crecimiento podrá contrarrestar el efecto negativo de los previsiblemente menores flujos de capital externo con un aumento en la inversión pública que se está dando este año y, quizá, por un aumento en la inversión privada que podría darse el año próximo, pero esto último dependerá crucialmente de cuán efectivo sea el nuevo gobierno para disipar la incertidumbre política y combatir la debilidad institucional.

Un tercer motor del crecimiento, el gasto del gobierno, seguramente aumentará este año (lo que normalmente ocurre cada año electoral) y, probablemente, se mantendrá relativamente expansivo el año próximo, debido a que los dos candidatos presidenciales que van a segunda vuelta han anunciado en sus planes de gobierno que incrementarán el gasto social y en infraestructura. Sin embargo, este motor de nuestra economía es muy pequeño como para ser determinante en cambiar el rumbo de la producción nacional.

El cuarto motor del crecimiento, el consumo de los hogares, es el más importante de todos y, dado su crecimiento vegetativo, es el que determinará que la economía guatemalteca continúe creciendo a un modesto ritmo apenas arriba del 3 por ciento anual. En el corto plazo, el potencial de este motor seguirá dependiendo en gran medida de las remesas familiares y estas, a su vez, dependerán en parte de cuán efectivas resulten las medidas anti-migrantes que impulsa el gobierno de Trump y que ahora parecen ser apoyadas por los propios gobiernos de México y de Guatemala.

lunes, 13 de mayo de 2019

El Retorno del Proteccionismo

La Gran Depresión fue profundizada porque los Estados Unidos adoptaron medidas altamente proteccionistas.

Hace unos días, el gobierno de los Estados Unidos aumentó los aranceles (de 10 a 25 por ciento) a una gran gama de importaciones (valoradas en más de US$200 millardos) provenientes de China, al tiempo que las negociaciones comerciales entre ambos países se derrumbaban. Los estadounidenses buscan proteger a sus productores locales de las supuestas prácticas comerciales desleales por parte de los chinos; estos, por su parte, habían aceptado cambiar ciertas regulaciones y reglamentos, pero se resisten a elevar tales cambios a categoría de ley. Ante ello, Trump amenaza con elevar los aranceles de muchos más productos, mientras China amenaza con medidas comerciales de represalia.

Esta escalada de medidas proteccionistas será, a la larga, contraproducente para ambos países y, lo que es peor, se convertirá en un silencioso veneno para la salud de la economía mundial y nos perjudicará a todos. Conviene recordar que, en los años treinta del siglo pasado, la Gran Depresión fue profundizada porque los Estados Unidos adoptaron medidas altamente proteccionistas, bajo la errada creencia de que con ellas podían crear empleos, detonando represalias proteccionistas alrededor del mundo que solo contribuyeron a esparcir y empeorar la crisis económica mundial.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Los aranceles y cuotas a la importación, con la buena intención de proteger las industrias domésticas, terminan ocasionando más mal que bien. Es cierto que los aranceles que está elevando Trump podrán proteger a los productores estadounidenses de esos bienes específicos respecto de la competencia de los  productos chinos; sin embargo, a la larga, las medidas proteccionistas no podrán aumentar el número total de empleos y ni siquiera podrán alterar sustancialmente la balanza comercial estadounidense con otros países. La razón del déficit comercial estadounidense no radica en que sus aranceles sean bajos, o en que China aplique prácticas desleales de comercio: el déficit externo se debe a que la economía estadounidense consume más de lo que produce.

Asociado a su déficit comercial, los Estados Unidos envían grandes montos de dólares a los chinos, quienes los regresan en forma de inversiones financieras. Al elevar los aranceles, los estadounidenses reducirán su déficit comercial, pero los chinos tendrán menos dólares para invertir, con lo que el dólar –entonces más escaso- se apreciará en los mercados internacionales, haciendo más difícil para los estadounidenses exportar y más barato importar bienes no solo de China, sino de cualquier país, de manera que su déficit comercial no se reducirá. Lo que se reducirá es el volumen total de comercio, con China primero y, eventualmente, con el resto del mundo.

El resultado de esta guerra comercial sino-americana será una caída en el comercio internacional que podrá ser más grave en la medida en que las guerras comerciales se generalicen al resto del mundo, lo cual no es nada remoto dado el auge que están teniendo los gobiernos populistas, inclinados a “proteger” sus industrias locales de la competencia internacional. Parece mentira que, ya avanzado el Siglo XXI, la calidad de los dirigentes políticos de las naciones –grandes y pequeñas- se haya degradado tanto que no sean capaces de entender siquiera las lecciones económicas más elementales que nos ha dejado la historia.

domingo, 30 de enero de 2011

Nuevas Rutas a Asia

El pequeño debate que hay en Guatemala respecto de si debiésemos abjurar de nuestro reconocimiento a Taiwán y establecer relaciones con la República Popular China es, a mi juicio, una pérdida de tiempo. Mientras el poderoso lobby taiwanés en nuestro país siga invirtiendo como lo hace en mantener la fidelidad de la opinión pública guatemalteca, mientras los gringos sigan apoyando la política de “una china dos sistemas”, y mientras los chinos a ambos lados del Estrecho de Taiwán continúen acercándose gradualmente, nosotros deberíamos enfocar mejor nuestros esfuerzos a abrir puertas con otros gigantes asiáticos que representan muchos menos dolores de cabeza diplomáticos y similares potencialidades comerciales.

POLÍTICAS PÚBLICAS

NUEVAS RUTAS A ASIA

Asia es el motor de la economía mundial; sus mercados no son sólo el futuro, sino el presente del comercio mundial. Después de la gran crisis financiera de los países industrializados, los países emergentes han cobrado cada vez más preponderancia política y económica.
China ha sido hasta ahora el país con la economía más dinámica y el peso político más influyente de todos ellos. Sus multimillonarios proyectos de infraestructura (dentro y fuera de su territorio), así como su insaciable demanda de insumos y alimentos, hacen que la mayoría de países, desarrollados o no, se desvivan por estrechar sus relaciones comerciales y políticas con el gigantesco dragón chino.
Es, pues, natural que Guatemala busque fortalecer sus relaciones económicas con China. Sin embargo, esa búsqueda se ve dificultada por el hecho de que Guatemala es el miembro más importante del pequeño, insólito y exclusivo club de 23 países que reconocen a Taiwán como estado soberano, lo que les impide sostener relaciones diplomáticas con China.
Claro que siempre está la opción abandonar a Taiwán, como algún otro país de la región ya lo hizo a cambio de que la gran China les construyera un modernísimo estadio de futbol. Por dicha nuestra selección nacional no se cansa de poner en evidencia el bajísimo nivel futbolístico de Guatemala, lo cual contribuye a alejar la tentación de vender nuestra lealtad diplomática a cambio de espejitos orientales.
En este lío entre Taiwán y China, un país como el nuestro no debe sudar calenturas ajenas. Chinos y taiwaneses están, desde hace tiempo, en un proceso de distensión política y de aumento de intercambios económicos. Desde que el Kuomintang recobró el poder en Formosa, ambos estados ha retomado la ficción de que tanto China Continental como Taiwán son parte de una misma China que cada quien define a su manera. Este acercamiento entre las Chinas seguirá avanzando, haga lo que haga Guatemala. Más vale dejar que la ancestral cultura oriental resuelva pacientemente las diferencias entre los dragones y esperar que, una vez resueltas, China sepa apreciar como un acto de honor de Guatemala el haber mantenido su palabra empeñada a la isla.
Afortunadamente hay otras rutas para acceder a Asia. India es el único país, aparte de China, con más de un millardo de habitantes. Se espera que en 2011 la economía india crezca tan velozmente (8.5%) como la china. India es un tigre económico que, aunque aún está lejos del dragón chino, corre rápidamente para, eventualmente, alcanzarlo. Es pues, motivo de beneplácito que recientemente se haya formalizado la operación de una embajada india en Guatemala. Más vale tarde que nunca.
Esta apertura diplomática es un buen primer paso para fomentar el intercambio económico con este gigante asiático. Para el efecto, tanto Guatemala como India deben reducir sus aranceles y barreras comerciales, así como reducir los costos de transporte. Aparte de exportar alimentos y materias primas de los que India está hambrienta, Guatemala podría beneficiarse del conocimiento indio en materia de informática, farmacéutica y educación científica. Además, India es una democracia singular y una fuerza emergente en la geopolítica mundial con quien valdría la pena aliarse en ciertos temas.
Y, puestos a diversificarse, bien valdría la pena extender los brazos hacia otro gigante asiático: Indonesia es el cuarto país más poblado del mundo. Sus 240 millones de habitantes constituyen un mercado tentador, y su economía está creciendo rápidamente. Además, se trata del país con más cantidad de musulmanes y, al mismo tiempo, de una democracia en proceso de consolidación, todo lo cual hace que Indonesia sea claramente un objetivo para la diplomacia de cualquier nación civilizada.Las autoridades de los ministerios de Relaciones Exteriores y de Economía harían bien en desarrollar una política exterior proactiva, basada en el análisis geopolítico que permita guiar el establecimiento de relaciones económicas y diplomáticas con los países más dinámicos de Asia y que impulse la competitividad, la diversificación de la producción y la eficiente administración de tratados con países como India e Indonesia, con quienes es menester estrechar los vínculos comerciales, diplomáticos y estratégicos.

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