MODIFICAR LA LEY DEL SERVICIO CIVIL ES UNA CONDICIÓN NECESARIA, PERO NO SUFICIENTE
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lunes, 3 de mayo de 2021
Reformar el Servicio Civil
sábado, 24 de noviembre de 2012
PAX EUROPAEAE
Europa sigue siendo –pese a sus
incoherencias, su antigua arrogancia y su crisis actual- un ejemplo a seguir
Europa está viviendo sus horas más bajas de los
últimos 60 años. La crisis económica, en pleno apogeo, amenaza con destruir la
unión monetaria, descarrilar el Euro y minar el proyecto de integración
económica más exitoso de la historia. Todo ello en medio de grandes desajustes
económicos, gigantescos niveles de desempleo en los países mediterráneos,
crecientes protestas callejeras, tensión política, y desconfianza entre
gobiernos (y entre estos y sus ciudadanos).
En este escenario intimidante, la mano amiga del comité
noruego vino a dar una bocanada de oxígeno al otorgarle a la Unión Europea el
Premio Nobel de la Paz 2012. Claramente se trata de una medida política bien
calculada en apoyo al concepto mismo de la integración económica y política de
los países que componen una de las regiones más prósperas del planeta. Pero
ello no es nada nuevo ni, necesariamente, criticable.
En años recientes los académicos que otorgan este
premio han sido criticados por favorecer a personas o entidades que “hacen el
bien”, aunque no promuevan directamente el final de las guerras, como fue el
caso de la Cruz Roja o de la Madre Teresa. Se les ha criticado también porque
algunos premios han sido, digamos, prematuros, como los casos de Kissinger,
Sadat, Aung San, Kim u Obama, que lo obtuvieron antes de lograr algo concreto.
También se les ha criticado por dar el premio no al desempeño del premiado sino
al símbolo que éste representaba, como a Walesa, Martin L. King o nuestra
propia Rigoberta. O, de plano, por dar el premio con la intención puramente
política de avergonzar a alguna dictadura, como los casos de Sakharov, Dalai
Lama o Liu Xiaobo.
Quienes critican esos parámetros vivirían más
tranquilos si aceptaran que, efectivamente, durante las últimas décadas el
Premio Nobel de la Paz es más un símbolo, un mensaje, que una recompensa que
reconozca logros específicos y concretos. Puede ser que el comité noruego del
Nobel se haya equivocado algunas veces, pero hace tiempo que tomó la decisión
de considerar que la lucha por la paz no se limitaba a terminar guerras, sino
que incluía preservar los derechos humanos y combatir el hambre, la pobreza y
el temor a vivir.
Esa visión amplia de la construcción de la paz implica
que los laureados no necesariamente tienen que ser gigantes morales o seres
perfectos, sino que pueden ser personas o entes que hayan contribuido a la paz
mediante acciones que hagan de la vida cotidiana de las personas un asunto más
digno y civilizado. Y la Unión Europea cae en esta categoría: el Premio Nobel
de la Paz (claro está, no el de Economía) le fue conferido hace unos días «por
su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación,
la democracia, y los derechos humanos en Europa».
En tal sentido, el Nobel de 2012 tiene la intención de
exaltar y recordar lo que la Unión Europea ha logrado en el sentido de
transformar Europa de ser un continente de guerra –las Guerras Mundiales de
1914 a 1945 fueron esencialmente europeas- a ser una región de paz y de valores
humanos, poniendo en evidencia, de paso, la peligrosa resurgencia en el mundo
–también en Europa- de peligrosas corrientes extremistas, nacionalistas y etnicistas.
El innegable progreso material, cultural y social
alcanzado por Europa desde 1945 le debe mucho a la institucionalidad que se fue
construyendo alrededor del concepto de una gradual integración económica y
política, la cual desembocó en la creación de la Unión Europea. Hoy es
impensable, por ejemplo, que el ejército alemán invada Bélgica o Francia. Por
su parte, países como España, Portugal y Grecia –pese a su crisis económica-
son sólidas democracias que, saliendo de sus respectivas dictaduras, se inspiraron
en los ideales de la Europa moderna. Y los países de Europa Oriental transitan
rápidamente hacia la modernidad y el estado de derecho teniendo como referente
su integración al resto de Europa.
El Nobel de la Paz 2012 está bien concedido. Europa sigue siendo –pese a
sus incoherencias, su antigua arrogancia y su crisis actual- un ejemplo (para nuestros
países) de cómo una visión de una sociedad pacífica, próspera y civilizada
puede ser hecha realidad mediante la construcción de instituciones basadas en
reglas, el respecto de esas reglas por todas las partes, la perseverancia y el
diálogo.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Crisis Europea: Impacto en Centroamérica
La situación es cada vez más compleja: la
mitad de Europa está ya en recesión o al borde de ella
La tormenta económica en Europa no da señales de
amainar. En los últimos meses la incertidumbre ha aumentado ante la ausencia de
soluciones claras y definitivas a la crisis fiscal y financiera, lo que ha
conducido a un nuevo episodio recesivo en la Eurozona. La subsecuente caída en
el comercio mundial significa menos dinamismo para las exportaciones y la
producción de las economías en desarrollo. Cuán expuestas están las economías
centroamericanas a estos avatares de los mercados mundiales fue tema de
análisis en el Seminario Centroamericano organizado por Consultores Para el
Desarrollo –COPADES- el mes pasado.
El tema es muy pertinente porque la situación es cada
vez más compleja: la mitad de Europa está ya en recesión o al borde de ella,
las finanzas públicas continúan débiles,
los indicadores de confianza siguen golpeados, y los problemas de la
banca y de la deuda privada no se resuelven. La salida a esta situación
requiere de un cambio institucional profundo y de un liderazgo político
adecuado que lucen remotos, dado lo difícil que resulta financiar el elevado
desequilibrio fiscal en la Eurozona y lograr la necesaria coordinación de
políticas fiscales.
Además, los ajustes requeridos para mejorar la
competitividad europea se ven limitados por las restricciones propias de una
moneda única. La necesidad de mayor flexibilidad en los mercados laborales
enfrenta oposición sindical. A su vez, la situación de los bancos y su disperso
marco regulatorio claman por la unificación de los sistemas de supervisión
financiera. Urge una acción efectiva para revertir la espiral de deterioro de
las expectativas y la pérdida de confianza en los mercados.
En este contexto, hace unas semanas los líderes de la
Unión Europea alcanzaron importantes acuerdos, entre los que destacan la
creación de un esquema de supervisión y resolución bancaria regional, y la
definición de algunos aspectos para rescatar la banca española, incluyendo
ayuda financiera directa de la Unión a los bancos sin pasar por los gobiernos
respectivos. También se avanzó en el establecimiento de mecanismos de
financiamiento en caso de requerirse ajustes macroeconómicos, sujetos al cumplimiento
de condicionalidades y objetivos en materia fiscal y financiera.
Estas medidas tardarán en rendir frutos y, mientras
tanto, la compleja situación fiscal y financiera de Eurozona se traducirá en
incertidumbre y mayor aversión al riesgo en los mercados financieros
internacionales, lo que podría afectar los flujos económicos desde y hacia
economías como las centroamericanas.
Existen cuatro canales de transmisión a través de los
cuales de podrían transmitir estos efectos a nuestra Región. Un canal es el de
las remesas familiares, que representan un 9% del PIB regional, las cuales no
han disminuido este año, lo que es indicativo de que el crecimiento económico
en los Estados Unidos (principal fuente de las remesas), aunque mediocre, aún
es suficiente para mantener estos flujos. Un segundo canal es el del turismo,
cuyos flujos pesan un 2% del PIB regional, que tampoco han mostrado signos de
deterioro en lo que va de 2012.
El tercer canal, el de las exportaciones, cuyos
ingresos equivalen al 24% del PIB centroamericano, han sufrido una clara
desaceleración asociada más al mediocre crecimiento de la economía
estadounidense que al desplome de la economía europea. El cuarto canal es el de
los flujos de capital, tanto de inversión financiera como de inversión extranjera
directa; esta última ha registrado cierta merma durante 2012 en todos los
países centroamericanos, pero por fortuna solamente representa un 4% del
PIB. Por último, los flujos financieros
podrían no ser una fuente de contagio sino que, incluso, podrían verse atraídos
hacia Centroamérica si los mercados internacionales perciben en esta región,
temporalmente, menos incertidumbre que en Europa.
Por ende, en tanto la crisis europea no contagie severamente a los
Estados Unidos, la situación de la economía internacional no es completamente
adversa para Centroamérica. Sin embargo, el panorama todavía es frágil e
incierto, y la crisis en Europa podría profundizarse y contagiarse al resto del
mundo. Ante ello, las políticas económicas de los países centroamericanos deben
guardar extrema prudencia y evitar la tentación de ponerse creativas.
sábado, 28 de abril de 2012
GUERNICA: 75 AÑOS
Hace 75 años la Legión Cóndor de la fuerza aérea Nazi
arrasó la ciudad de Guernica –a 20km de Bilbao-, en lo que fue el primer
bombardeo aéreo de la historia contra un objetivo civil. Francisco Franco, el
líder de los golpistas que iniciaron la Guerra Civil española, quería un
castigo ejemplar para la resistencia vasca y permitió a la aviación de Hitler
hacer pruebas sobre la ciudad desprotegida, como parte de su “cruzada” contra
comunistas, masones, separatistas, ateos y otros variados enemigos en la que el
fin justificaba los medios.
El general nazi Erich Ludernoff sostenía que en la
guerra moderna nadie era inmune al fuego: los civiles debía ser considerados y
tratados como combatientes, de manera que el terror infligido a Guernica fue
parte de una estrategia militar. La ciudad era históricamente simbólica para el
pueblo vasco, por lo que los bombardeos debían enviar un claro mensaje del
poderío militar de los golpistas (nacionalistas) a los gobiernistas
(republicanos).
El 26 de abril era día de mercado; el centro de Guernica
estaba repleto. Las primeras bombas cayeron a las 4:30 de la tarde sobre la
plaza principal. Aparte de los objetivos militares (que incluían el puente de
acceso a la ciudad), los golpistas decidieron bombardear repetidamente los
sitios de reunión de la población civil. Murieron 1,654 civiles y otros 889
quedaron heridos. El mundo se horrorizó mientras Franco negaba que el ataque
hubiera ocurrido y le achacaba la destrucción de Guernica a los propios vascos.
El bombardeo tuvo muchas y graves consecuencias. El
terror fue efectivo: le metió miedo a los líderes de las democracias
occidentales que abandonaron a su suerte al gobierno legítimo de la República y
otorgaron concesiones a Hitler que, años después, lamentarían en carne propia.
El gobierno republicano, al verse solo, se precipitó a los brazos de Stalin,
con lo que el conflicto civil español degeneró en una guerra de extremistas.
Los enemigos de la joven República española no eran
solamente los nacionalistas de Franco. El régimen fue minado desde adentro por algunos
izquierdistas que luego se proclamarían sus defensores: una fallida revolución
anarquista contra el gobierno republicano de centro-derecha ya había ocasionado
un grave daño a la gobernabilidad en 1934; el gobierno del izquierdista Frente
Popular, que ganó las siguientes elecciones, nunca pudo controlar a sus
militantes extremistas. El “terror rojo” de los extremistas republicanos mató
unas 40 mil personas, en tanto que el “terror blanco” de los franquistas cobró
unas 200 mil víctimas (durante e inmediatamente después de la guerra). La
Guerra Civil la perdió España misma.
El dictador Franco mantuvo a España aislada de los
aires de progreso y democracia que se respiraban al norte de los Pirineos. Sólo
tras su muerte en 1975 el país inició un ejemplar proceso de transición hacia
la democracia, la integración con Europa y el desarrollo económico. La mayoría
de españoles en este período prefirió concentrarse en fortalecer la democracia
y el progreso, antes que en saldar viejas cuentas o exhumar el pasado. Esta
actitud fue aprovechada por la reinstaurada monarquía para subirse al barco de
la democracia y la modernidad.
Durante la transición, el rey Juan Carlos se mostró
equilibrado, defensor de la democracia y sus instituciones, pragmático y
progresista. Su esposa, la reina Sofía, fundó un museo de arte moderno que
albergaría (vaya ironía) la obra maestra del arte republicano de denuncia
contra el terror fascista: el Guernica de Pablo Picasso. La imponente pintura
en blanco y negro, terminada en 1937, estuvo errante por el mundo (Londres,
Boston, Chicago, Nueva York) hasta que regresó a España en 1981, donde se
exhibió protegida tras un cristal blindado que fue removido en 1995.
Sólo el tiempo dirá si las recientes actuaciones del rey Juan Carlos
(con sus errores y mea culpas públicos) serán suficientes para preservar su
imagen o su lugar en la historia, antes de que ésta, implacable, retorne
eventualmente las cosas hacia el camino construido sobre los ideales liberales
de la República: un sistema de pesos y contrapesos que permite mantener a raya
los abusos de los gobernantes, incluyendo lujosos viajes de cacería al África
en compañía de bellas damas de la refinada nobleza.
miércoles, 1 de abril de 2009
Hace 70 Años
El 1 de abril de 1939 terminó oficialmente la Guerra Civil Española con la capitulación de la heroica ciudad de Madrid ante las fuerzas golpistas de Franco. Hoy que se cumplen 70 años del hecho, me parece una buena ocasión para revivir una columna que publiqué a finales del año pasado, con motivo de la remoción de la última estatua del dictador en territorio español. Como aquella vez, mi intención es rendirle un justo homenaje a los exiliados españoles que, como mi querido y recordado padre, Fernando, encontraron en Guatemala refugio, cariño y patria complementaria. Para ellos, aquí va.
POR FIN SE FUE EL DICTADOR
El 18 de diciembre pasado, en la plaza del Ayuntamiento de Santander (en Cantabria, al norte de España) fue removida la última estatua ecuestre de Francisco Franco que quedaba en pie sobre la Península Ibérica. El dictador que gobernó por 36 años es, desde hace tiempo, un fantasma del pasado que los gobernantes y la sociedad española tratan de enterrar definitivamente, para cuyo efecto, entre otras medidas, han estado eliminando de los lugares públicos las numerosas estatuas y monumentos que el hombrecillo y sus aduladores erigieron durante la dictadura. La de Santander era la última que quedaba en pie y fue removida ante medio millar de ciudadanos que presenciaron el acto, en actitud de absoluta normalidad y responsabilidad cívica.
Para quienes somos descendientes del exilio español, hijos y nietos de quienes sufrieron en carne propia las dolorosas heridas de la Guerra Civil española y la subsiguiente dictadura, la expulsión simbólica de Franco de las plazas públicas significa una tardía pero merecida reivindicación y una justa satisfacción a la memoria de nuestros padres y abuelos. Representa también para nosotros, como guatemaltecos, el ejemplo de una sociedad que tiene el valor de enfrentar a su historia, con todas sus consecuencias, para sanar sus heridas y lograr la plena reconciliación.
Mi padre, Fernando, se habría sentido, sin duda, satisfecho, como lo estarán donde quiera que se encuentren sus hermanos y compañeros que eligieron a la Guatemala de principios de los años cincuenta como su lugar de refugio: los García Fernández, Jimeno, Pérez, Arribas, Aguado, Ramos, Osuna, Castellanos, Villaverde, Quintana y demás republicanos españoles que, al pasar de los años, devinieron en fundadores de familias guatemaltecas de bien.
Recuerdo también las historias que mi padre contaba respecto de mi abuelo, Alejo, y pienso en lo difícil que habrá sido para él --un libre pensador, masón, demócrata y republicanista- tener que decidir entre uno de los dos bandos, radicalizados y extremistas, que desencadenaron esa trágica guerra civil de 1936, que no sólo fue un sangriento prólogo de la Segunda Guerra Mundial, sino que condenó a España a cuatro décadas de dictadura franquista. Cuando hubo de decidir, el abuelo se decantó por el lado más cercano a la libertad, la democracia y la razón: eligió el bando que durante tres años resistió improvisada, heroica pero infructuosamente la asonada militar fascista liderada por Franco. Perdieron la guerra, pero la razón siempre estuvo de su lado, tal como lo reivindica hoy la extirpación de las estatuas del Generalísimo de todo el territorio español.Post scriptum. Las amenazas contra la libertad, la democracia y la razón cobran hoy, en Guatemala, formas diferentes, más tenues y sutiles, en comparación a las que había en la España de 1936, pero no por ello dejan de estar latentes. Por esa razón, expreso aquí mi solidaridad para con Gustavo Berganza, quien en días recientes ha sido objeto de injustificados ataques y descalificaciones en los noticieros de la televisión local y en su estación de radio. ¡Ánimo y feliz año 2009!
POR FIN SE FUE EL DICTADOR
El 18 de diciembre pasado, en la plaza del Ayuntamiento de Santander (en Cantabria, al norte de España) fue removida la última estatua ecuestre de Francisco Franco que quedaba en pie sobre la Península Ibérica. El dictador que gobernó por 36 años es, desde hace tiempo, un fantasma del pasado que los gobernantes y la sociedad española tratan de enterrar definitivamente, para cuyo efecto, entre otras medidas, han estado eliminando de los lugares públicos las numerosas estatuas y monumentos que el hombrecillo y sus aduladores erigieron durante la dictadura. La de Santander era la última que quedaba en pie y fue removida ante medio millar de ciudadanos que presenciaron el acto, en actitud de absoluta normalidad y responsabilidad cívica.
Para quienes somos descendientes del exilio español, hijos y nietos de quienes sufrieron en carne propia las dolorosas heridas de la Guerra Civil española y la subsiguiente dictadura, la expulsión simbólica de Franco de las plazas públicas significa una tardía pero merecida reivindicación y una justa satisfacción a la memoria de nuestros padres y abuelos. Representa también para nosotros, como guatemaltecos, el ejemplo de una sociedad que tiene el valor de enfrentar a su historia, con todas sus consecuencias, para sanar sus heridas y lograr la plena reconciliación.
Mi padre, Fernando, se habría sentido, sin duda, satisfecho, como lo estarán donde quiera que se encuentren sus hermanos y compañeros que eligieron a la Guatemala de principios de los años cincuenta como su lugar de refugio: los García Fernández, Jimeno, Pérez, Arribas, Aguado, Ramos, Osuna, Castellanos, Villaverde, Quintana y demás republicanos españoles que, al pasar de los años, devinieron en fundadores de familias guatemaltecas de bien.
Recuerdo también las historias que mi padre contaba respecto de mi abuelo, Alejo, y pienso en lo difícil que habrá sido para él --un libre pensador, masón, demócrata y republicanista- tener que decidir entre uno de los dos bandos, radicalizados y extremistas, que desencadenaron esa trágica guerra civil de 1936, que no sólo fue un sangriento prólogo de la Segunda Guerra Mundial, sino que condenó a España a cuatro décadas de dictadura franquista. Cuando hubo de decidir, el abuelo se decantó por el lado más cercano a la libertad, la democracia y la razón: eligió el bando que durante tres años resistió improvisada, heroica pero infructuosamente la asonada militar fascista liderada por Franco. Perdieron la guerra, pero la razón siempre estuvo de su lado, tal como lo reivindica hoy la extirpación de las estatuas del Generalísimo de todo el territorio español.Post scriptum. Las amenazas contra la libertad, la democracia y la razón cobran hoy, en Guatemala, formas diferentes, más tenues y sutiles, en comparación a las que había en la España de 1936, pero no por ello dejan de estar latentes. Por esa razón, expreso aquí mi solidaridad para con Gustavo Berganza, quien en días recientes ha sido objeto de injustificados ataques y descalificaciones en los noticieros de la televisión local y en su estación de radio. ¡Ánimo y feliz año 2009!
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