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lunes, 3 de mayo de 2021

Reformar el Servicio Civil

 MODIFICAR LA LEY DEL SERVICIO CIVIL ES UNA CONDICIÓN NECESARIA, PERO NO SUFICIENTE

 Hace algunos días tuve la oportunidad de participar en un foro auspiciado por el G-13 (instancia de coordinación de los principales países y agencias donantes) acerca del fortalecimiento del sistema del servicio civil en nuestro país. De dicho foro, donde además del Ministro de Trabajo participaron algunos diputados y tanques de pensamiento, surgen dos buenas noticias. La primera es que resultó reconfortante escuchar de parte del Ministro de Trabajo un diagnóstico claro y completo de la situación del Empleo Público en Guatemala, así como una serie de propuestas pragmáticas, realistas y graduales para empezar a solucionar los múltiples problemas que aquejan al servicio civil, entendiendo que el mismo es un sistema cuya reforma requiere de acciones en múltiples frentes.

 La segunda buena noticia fue el interés manifestado por la comunidad internacional en apoyar la modernización del sistema nacional del servicio civil. Para ello, un paso clave es que los distintos liderazgos del país cobren conciencia de la importancia crucial de dicha reforma. Diversos estudios demuestran que el fortalecimiento del servicio civil impacta notablemente en las capacidades del Estado para mejorar la calidad de las políticas públicas, la prestación de los servicios públicos esenciales y la gestión de los recursos (financieros, físicos, técnicos e informáticos), además de mejorar la gobernabilidad y de reducir la corrupción.

 Uno de los temas destacados en el foro fue que la reforma a la Ley del Servicio Civil es solamente una pieza (clave, eso sí) de las múltiples acciones requeridas. La reforma legal es, podríamos decir, una condición necesaria pero no suficiente para reformar el sistema del empleo público, concebido como un conjunto de normas, estructuras, políticas y prácticas institucionales que propicien una administración pública profesional y eficaz. Si bien algunas de las reformas necesarias planteadas en el foro pueden empezar a aplicarse a nivel administrativo, muchas de ellas deben blindarse a nivel legislativo, lo que implica -entre otras- modernizar la actual Ley del Servicio Civil.

 La reforma debe enfocarse en ciertos objetivos esenciales: situar el mérito como norte del sistema; fortalecer y dotar de independencia a la actual Oficina Nacional del Servicio Civil; profesionalizar la carrera administrativa; crear un sistema especial para gestionar el recurso humano a nivel de directores y gerentes públicos; regular el marco de las negociaciones colectivas con los empleados públicos; privilegiar la eficiencia sobre la antigüedad; y, sistematizar procesos de evaluación del desempeño de los trabajadores. La iniciativa del Ministerio de Trabajo y el apoyo de la comunidad internacional son un buen comienzo. Falta, sin embargo, la pieza más importante: el compromiso del Congreso de emprender un proceso legislativo de reforma serio y profesional que este tema amerita.

sábado, 24 de noviembre de 2012

PAX EUROPAEAE


Europa sigue siendo –pese a sus incoherencias, su antigua arrogancia y su crisis actual- un ejemplo a seguir
Europa está viviendo sus horas más bajas de los últimos 60 años. La crisis económica, en pleno apogeo, amenaza con destruir la unión monetaria, descarrilar el Euro y minar el proyecto de integración económica más exitoso de la historia. Todo ello en medio de grandes desajustes económicos, gigantescos niveles de desempleo en los países mediterráneos, crecientes protestas callejeras, tensión política, y desconfianza entre gobiernos (y entre estos y sus ciudadanos).
En este escenario intimidante, la mano amiga del comité noruego vino a dar una bocanada de oxígeno al otorgarle a la Unión Europea el Premio Nobel de la Paz 2012. Claramente se trata de una medida política bien calculada en apoyo al concepto mismo de la integración económica y política de los países que componen una de las regiones más prósperas del planeta. Pero ello no es nada nuevo ni, necesariamente, criticable.
En años recientes los académicos que otorgan este premio han sido criticados por favorecer a personas o entidades que “hacen el bien”, aunque no promuevan directamente el final de las guerras, como fue el caso de la Cruz Roja o de la Madre Teresa. Se les ha criticado también porque algunos premios han sido, digamos, prematuros, como los casos de Kissinger, Sadat, Aung San, Kim u Obama, que lo obtuvieron antes de lograr algo concreto. También se les ha criticado por dar el premio no al desempeño del premiado sino al símbolo que éste representaba, como a Walesa, Martin L. King o nuestra propia Rigoberta. O, de plano, por dar el premio con la intención puramente política de avergonzar a alguna dictadura, como los casos de Sakharov, Dalai Lama o Liu Xiaobo.
Quienes critican esos parámetros vivirían más tranquilos si aceptaran que, efectivamente, durante las últimas décadas el Premio Nobel de la Paz es más un símbolo, un mensaje, que una recompensa que reconozca logros específicos y concretos. Puede ser que el comité noruego del Nobel se haya equivocado algunas veces, pero hace tiempo que tomó la decisión de considerar que la lucha por la paz no se limitaba a terminar guerras, sino que incluía preservar los derechos humanos y combatir el hambre, la pobreza y el temor a vivir.
Esa visión amplia de la construcción de la paz implica que los laureados no necesariamente tienen que ser gigantes morales o seres perfectos, sino que pueden ser personas o entes que hayan contribuido a la paz mediante acciones que hagan de la vida cotidiana de las personas un asunto más digno y civilizado. Y la Unión Europea cae en esta categoría: el Premio Nobel de la Paz (claro está, no el de Economía) le fue conferido hace unos días «por su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia, y los derechos humanos en Europa».
En tal sentido, el Nobel de 2012 tiene la intención de exaltar y recordar lo que la Unión Europea ha logrado en el sentido de transformar Europa de ser un continente de guerra –las Guerras Mundiales de 1914 a 1945 fueron esencialmente europeas- a ser una región de paz y de valores humanos, poniendo en evidencia, de paso, la peligrosa resurgencia en el mundo –también en Europa- de peligrosas corrientes extremistas,  nacionalistas y etnicistas.
El innegable progreso material, cultural y social alcanzado por Europa desde 1945 le debe mucho a la institucionalidad que se fue construyendo alrededor del concepto de una gradual integración económica y política, la cual desembocó en la creación de la Unión Europea. Hoy es impensable, por ejemplo, que el ejército alemán invada Bélgica o Francia. Por su parte, países como España, Portugal y Grecia –pese a su crisis económica- son sólidas democracias que, saliendo de sus respectivas dictaduras, se inspiraron en los ideales de la Europa moderna. Y los países de Europa Oriental transitan rápidamente hacia la modernidad y el estado de derecho teniendo como referente su integración al resto de Europa.
El Nobel de la Paz 2012 está bien concedido. Europa sigue siendo –pese a sus incoherencias, su antigua arrogancia y su crisis actual- un ejemplo (para nuestros países) de cómo una visión de una sociedad pacífica, próspera y civilizada puede ser hecha realidad mediante la construcción de instituciones basadas en reglas, el respecto de esas reglas por todas las partes, la perseverancia y el diálogo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Crisis Europea: Impacto en Centroamérica


La situación es cada vez más compleja: la mitad de Europa está ya en recesión o al borde de ella

La tormenta económica en Europa no da señales de amainar. En los últimos meses la incertidumbre ha aumentado ante la ausencia de soluciones claras y definitivas a la crisis fiscal y financiera, lo que ha conducido a un nuevo episodio recesivo en la Eurozona. La subsecuente caída en el comercio mundial significa menos dinamismo para las exportaciones y la producción de las economías en desarrollo. Cuán expuestas están las economías centroamericanas a estos avatares de los mercados mundiales fue tema de análisis en el Seminario Centroamericano organizado por Consultores Para el Desarrollo –COPADES- el mes pasado.
El tema es muy pertinente porque la situación es cada vez más compleja: la mitad de Europa está ya en recesión o al borde de ella, las finanzas públicas continúan débiles,  los indicadores de confianza siguen golpeados, y los problemas de la banca y de la deuda privada no se resuelven. La salida a esta situación requiere de un cambio institucional profundo y de un liderazgo político adecuado que lucen remotos, dado lo difícil que resulta financiar el elevado desequilibrio fiscal en la Eurozona y lograr la necesaria coordinación de políticas fiscales.
Además, los ajustes requeridos para mejorar la competitividad europea se ven limitados por las restricciones propias de una moneda única. La necesidad de mayor flexibilidad en los mercados laborales enfrenta oposición sindical. A su vez, la situación de los bancos y su disperso marco regulatorio claman por la unificación de los sistemas de supervisión financiera. Urge una acción efectiva para revertir la espiral de deterioro de las expectativas y la pérdida de confianza en los mercados.
En este contexto, hace unas semanas los líderes de la Unión Europea alcanzaron importantes acuerdos, entre los que destacan la creación de un esquema de supervisión y resolución bancaria regional, y la definición de algunos aspectos para rescatar la banca española, incluyendo ayuda financiera directa de la Unión a los bancos sin pasar por los gobiernos respectivos. También se avanzó en el establecimiento de mecanismos de financiamiento en caso de requerirse ajustes macroeconómicos, sujetos al cumplimiento de condicionalidades y objetivos en materia fiscal y financiera.
Estas medidas tardarán en rendir frutos y, mientras tanto, la compleja situación fiscal y financiera de Eurozona se traducirá en incertidumbre y mayor aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales, lo que podría afectar los flujos económicos desde y hacia economías como las centroamericanas.
Existen cuatro canales de transmisión a través de los cuales de podrían transmitir estos efectos a nuestra Región. Un canal es el de las remesas familiares, que representan un 9% del PIB regional, las cuales no han disminuido este año, lo que es indicativo de que el crecimiento económico en los Estados Unidos (principal fuente de las remesas), aunque mediocre, aún es suficiente para mantener estos flujos. Un segundo canal es el del turismo, cuyos flujos pesan un 2% del PIB regional, que tampoco han mostrado signos de deterioro en lo que va de 2012.
El tercer canal, el de las exportaciones, cuyos ingresos equivalen al 24% del PIB centroamericano, han sufrido una clara desaceleración asociada más al mediocre crecimiento de la economía estadounidense que al desplome de la economía europea. El cuarto canal es el de los flujos de capital, tanto de inversión financiera como de inversión extranjera directa; esta última ha registrado cierta merma durante 2012 en todos los países centroamericanos, pero por fortuna solamente representa un 4% del PIB.  Por último, los flujos financieros podrían no ser una fuente de contagio sino que, incluso, podrían verse atraídos hacia Centroamérica si los mercados internacionales perciben en esta región, temporalmente, menos incertidumbre que en Europa.
Por ende, en tanto la crisis europea no contagie severamente a los Estados Unidos, la situación de la economía internacional no es completamente adversa para Centroamérica. Sin embargo, el panorama todavía es frágil e incierto, y la crisis en Europa podría profundizarse y contagiarse al resto del mundo. Ante ello, las políticas económicas de los países centroamericanos deben guardar extrema prudencia y evitar la tentación de ponerse creativas.

sábado, 28 de abril de 2012


GUERNICA: 75 AÑOS
Hace 75 años la Legión Cóndor de la fuerza aérea Nazi arrasó la ciudad de Guernica –a 20km de Bilbao-, en lo que fue el primer bombardeo aéreo de la historia contra un objetivo civil. Francisco Franco, el líder de los golpistas que iniciaron la Guerra Civil española, quería un castigo ejemplar para la resistencia vasca y permitió a la aviación de Hitler hacer pruebas sobre la ciudad desprotegida, como parte de su “cruzada” contra comunistas, masones, separatistas, ateos y otros variados enemigos en la que el fin justificaba los medios.
El general nazi Erich Ludernoff sostenía que en la guerra moderna nadie era inmune al fuego: los civiles debía ser considerados y tratados como combatientes, de manera que el terror infligido a Guernica fue parte de una estrategia militar. La ciudad era históricamente simbólica para el pueblo vasco, por lo que los bombardeos debían enviar un claro mensaje del poderío militar de los golpistas (nacionalistas) a los gobiernistas (republicanos).
El 26 de abril era día de mercado; el centro de Guernica estaba repleto. Las primeras bombas cayeron a las 4:30 de la tarde sobre la plaza principal. Aparte de los objetivos militares (que incluían el puente de acceso a la ciudad), los golpistas decidieron bombardear repetidamente los sitios de reunión de la población civil. Murieron 1,654 civiles y otros 889 quedaron heridos. El mundo se horrorizó mientras Franco negaba que el ataque hubiera ocurrido y le achacaba la destrucción de Guernica a los propios vascos.
El bombardeo tuvo muchas y graves consecuencias. El terror fue efectivo: le metió miedo a los líderes de las democracias occidentales que abandonaron a su suerte al gobierno legítimo de la República y otorgaron concesiones a Hitler que, años después, lamentarían en carne propia. El gobierno republicano, al verse solo, se precipitó a los brazos de Stalin, con lo que el conflicto civil español degeneró en una guerra de extremistas.
Los enemigos de la joven República española no eran solamente los nacionalistas de Franco. El régimen fue minado desde adentro por algunos izquierdistas que luego se proclamarían sus defensores: una fallida revolución anarquista contra el gobierno republicano de centro-derecha ya había ocasionado un grave daño a la gobernabilidad en 1934; el gobierno del izquierdista Frente Popular, que ganó las siguientes elecciones, nunca pudo controlar a sus militantes extremistas. El “terror rojo” de los extremistas republicanos mató unas 40 mil personas, en tanto que el “terror blanco” de los franquistas cobró unas 200 mil víctimas (durante e inmediatamente después de la guerra). La Guerra Civil la perdió España misma.
El dictador Franco mantuvo a España aislada de los aires de progreso y democracia que se respiraban al norte de los Pirineos. Sólo tras su muerte en 1975 el país inició un ejemplar proceso de transición hacia la democracia, la integración con Europa y el desarrollo económico. La mayoría de españoles en este período prefirió concentrarse en fortalecer la democracia y el progreso, antes que en saldar viejas cuentas o exhumar el pasado. Esta actitud fue aprovechada por la reinstaurada monarquía para subirse al barco de la democracia y la modernidad.
Durante la transición, el rey Juan Carlos se mostró equilibrado, defensor de la democracia y sus instituciones, pragmático y progresista. Su esposa, la reina Sofía, fundó un museo de arte moderno que albergaría (vaya ironía) la obra maestra del arte republicano de denuncia contra el terror fascista: el Guernica de Pablo Picasso. La imponente pintura en blanco y negro, terminada en 1937, estuvo errante por el mundo (Londres, Boston, Chicago, Nueva York) hasta que regresó a España en 1981, donde se exhibió protegida tras un cristal blindado que fue removido en 1995.
Sólo el tiempo dirá si las recientes actuaciones del rey Juan Carlos (con sus errores y mea culpas públicos) serán suficientes para preservar su imagen o su lugar en la historia, antes de que ésta, implacable, retorne eventualmente las cosas hacia el camino construido sobre los ideales liberales de la República: un sistema de pesos y contrapesos que permite mantener a raya los abusos de los gobernantes, incluyendo lujosos viajes de cacería al África en compañía de bellas damas de la refinada nobleza.

miércoles, 1 de abril de 2009

Hace 70 Años

El 1 de abril de 1939 terminó oficialmente la Guerra Civil Española con la capitulación de la heroica ciudad de Madrid ante las fuerzas golpistas de Franco. Hoy que se cumplen 70 años del hecho, me parece una buena ocasión para revivir una columna que publiqué a finales del año pasado, con motivo de la remoción de la última estatua del dictador en territorio español. Como aquella vez, mi intención es rendirle un justo homenaje a los exiliados españoles que, como mi querido y recordado padre, Fernando, encontraron en Guatemala refugio, cariño y patria complementaria. Para ellos, aquí va.

POR FIN SE FUE EL DICTADOR
El 18 de diciembre pasado, en la plaza del Ayuntamiento de Santander (en Cantabria, al norte de España) fue removida la última estatua ecuestre de Francisco Franco que quedaba en pie sobre la Península Ibérica. El dictador que gobernó por 36 años es, desde hace tiempo, un fantasma del pasado que los gobernantes y la sociedad española tratan de enterrar definitivamente, para cuyo efecto, entre otras medidas, han estado eliminando de los lugares públicos las numerosas estatuas y monumentos que el hombrecillo y sus aduladores erigieron durante la dictadura. La de Santander era la última que quedaba en pie y fue removida ante medio millar de ciudadanos que presenciaron el acto, en actitud de absoluta normalidad y responsabilidad cívica.
Para quienes somos descendientes del exilio español, hijos y nietos de quienes sufrieron en carne propia las dolorosas heridas de la Guerra Civil española y la subsiguiente dictadura, la expulsión simbólica de Franco de las plazas públicas significa una tardía pero merecida reivindicación y una justa satisfacción a la memoria de nuestros padres y abuelos. Representa también para nosotros, como guatemaltecos, el ejemplo de una sociedad que tiene el valor de enfrentar a su historia, con todas sus consecuencias, para sanar sus heridas y lograr la plena reconciliación.
Mi padre, Fernando, se habría sentido, sin duda, satisfecho, como lo estarán donde quiera que se encuentren sus hermanos y compañeros que eligieron a la Guatemala de principios de los años cincuenta como su lugar de refugio: los García Fernández, Jimeno, Pérez, Arribas, Aguado, Ramos, Osuna, Castellanos, Villaverde, Quintana y demás republicanos españoles que, al pasar de los años, devinieron en fundadores de familias guatemaltecas de bien.
Recuerdo también las historias que mi padre contaba respecto de mi abuelo, Alejo, y pienso en lo difícil que habrá sido para él --un libre pensador, masón, demócrata y republicanista- tener que decidir entre uno de los dos bandos, radicalizados y extremistas, que desencadenaron esa trágica guerra civil de 1936, que no sólo fue un sangriento prólogo de la Segunda Guerra Mundial, sino que condenó a España a cuatro décadas de dictadura franquista. Cuando hubo de decidir, el abuelo se decantó por el lado más cercano a la libertad, la democracia y la razón: eligió el bando que durante tres años resistió improvisada, heroica pero infructuosamente la asonada militar fascista liderada por Franco. Perdieron la guerra, pero la razón siempre estuvo de su lado, tal como lo reivindica hoy la extirpación de las estatuas del Generalísimo de todo el territorio español.Post scriptum. Las amenazas contra la libertad, la democracia y la razón cobran hoy, en Guatemala, formas diferentes, más tenues y sutiles, en comparación a las que había en la España de 1936, pero no por ello dejan de estar latentes. Por esa razón, expreso aquí mi solidaridad para con Gustavo Berganza, quien en días recientes ha sido objeto de injustificados ataques y descalificaciones en los noticieros de la televisión local y en su estación de radio. ¡Ánimo y feliz año 2009!

CUANDO EL BOLSILLO VOTA

Cuando el ingreso se reduce, el populismo florece ofreciendo soluciones ilusorias Existe una diferencia importante entre inflación y percepc...