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lunes, 21 de junio de 2021

EMPRESAS Y GOBIERNOS

LAS VISIONES MANIQUEAS QUE LOS COLOCAN COMO ENEMIGOS NO CONTRIBUYEN AL PROGRESO DEL PAÍS 

En los últimos tiempos, la retórica a lo ancho del espectro político, no solo en Guatemala sino en toda Latinoamérica, parece sugerir que las relaciones entre las empresas y el gobierno deben ser de antagonismo o, al menos, de una estricta separación y amplio distanciamiento. Desde la derecha y el libertarianismo se afirma que los gobiernos, por naturaleza, interfieren demasiado en los procesos económicos y obstaculizan el libre comercio. Desde las izquierdas se afirma que las empresas son, por naturaleza, entes depredadores, explotadores de los trabajadores y de los consumidores, y evasores de impuestos. 

Esas visiones maniqueas han contribuido a que en las recientes crisis políticas, como la de Chile en los últimos meses, triunfen las propuestas que plantean destruir el sistema vigente para sustituirlo por un nuevo sistema, cuya naturaleza y alcances nadie conoce y que debe ser construido sobre la marcha. En ese afán de sustituir lo viejo conocido por lo nuevo por conocer, se pasan por alto los muchos éxitos del viejo sistema (en el caso chileno, los logros en cuanto a crecimiento económico e ingreso per cápita), y se magnifican sus innegables y notables fracasos (en términos de desigualdad, concentración de poder, abusos de empresarios y grandes conglomerados, y la promesa incumplida de un bienestar rápido para toda la población). El prevaleciente ánimo anticapitalista confunde el nefasto capitalismo de amigotes -que debe ser combatido- con el verdadero capitalismo -que florece cuando existe libertad y certeza jurídica-. 

En un capitalismo funcional y moderno (no el de amigotes), ambos lados (gobierno y empresas) se necesitan mutuamente. El gobierno necesita a las empresas para producir crecimiento económico, crear empleos y generar ingresos para pagar los compromisos del país con el resto del mundo. Las empresas, por su parte, necesitan de un gobierno que provea el sistema jurídico y de seguridad básica necesario para operar; que forme a los trabajadores de quienes dependen las empresas; y, que cree la infraestructura (carreteras, puertos) que permita intercambiar bienes y servicios eficientemente. Muchas empresas también necesitan al gobierno como comprador. Y todas las empresas necesitan un gobierno capaza de impulsar políticas públicas que fomenten la productividad y el bienestar.

La creciente polarización que se cierne sobre Latinoamérica busca poner a los gobiernos y a las empresas como antagonistas, lo cual no beneficia a ninguna de las partes. Las empresas deben contribuir (con sus actitudes y sus impuestos) a que exista un gobierno eficiente que provea los bienes públicos básicos y aplique reglas claras, generales y predecibles. Los gobiernos deben entender que las empresas necesitan un clima (político y económico) estable para operar, con paz social y coherencia en las políticas públicas. En los países prósperos, las empresas y los gobiernos actúan, cada quien desde su ámbito, como socios, no como enemigos.

lunes, 8 de enero de 2018

¿Ricos o Pobres?

Quizá no seamos tan pobres como creemos... ni tan ricos

Ser pobre o ser rico es, objetivamente hablando, una situación relativa. Cualquier guatemalteco cuyas posesiones materiales valgan unos Q16,500 (sumando sus depósitos bancarios, inversiones financieras y otras propiedades muebles e inmuebles, menos el monto de sus deudas) podría creerse poco afortunado; pero, en realidad, sería más rico que la mitad de la población mundial. Esto de acuerdo con un estudio reciente, el Global Wealth Report –GWR-, publicado por el Credit Suisse Research Institute a finales del año pasado.

Un guatemalteco que, por ejemplo, posea un apartamento en la zona 21 de la capital, un sedán coreano de diez años de antigüedad y una cuenta monetaria de Q3 mil, estará ubicado entre el 25% de las personas más ricas del mundo. Y el dueño de una riqueza neta superior a Q750 mil (dueño de, digamos, una casa en la zona 7, un rancho en la playa, cuentas bancarias por Q15 mil y un carro alemán modelo 2014) será un privilegiado más rico que el 92% de los humanos.

El GWR, a diferencia de otros estudios sobre prosperidad y desigualdad, calcula los activos netos de los hogares, en vez de centrarse en los ingresos. El estudio revela que existen diferencias de riqueza entre individuos y entre países que se explican por muchas razones. Aquellos individuos con poca riqueza se encuentran desproporcionadamente entre los más jóvenes (que han tenido pocas posibilidades de acumular activos) o entre quienes han sufrido pérdidas, o viven en regiones donde las perspectivas de creación de riqueza son limitadas, o pertenecen a alguna minoría. En el otro extremo del espectro, hay muchas personas con enormes fortunas adquiridas mediante una combinación de talento, trabajo duro o buena suerte.

La pirámide de riqueza presentada en el GWR tiene una gran base ocupada por unos 3,500 millones de personas (el 70% de todos los adultos del mundo) con una riqueza individual inferior a Q75 mil en 2017. Otros 1,100 millones de adultos (21% del total) caen en el rango de Q75 mil a Q750 mil. Estos dos conjuntos (el 91% del total de adultos), aunque tengan una modesta riqueza, en conjunto acumulan activos netos por casi Q300 millardos, lo que subraya el potencial económico de este grupo cuya importancia a menudo se pasa por alto.

En el tope de la pirámide están los millonarios (literalmente, los individuos cuya riqueza supera el millón de dólares). Son unos 36 millones de personas en el mundo (menos del 1% del total), cuya riqueza supera los US$128 billones (46% de la riqueza mundial). Esos millonarios residen principalmente en los Estados Unidos (43% del total de millonarios), aunque también habitan en países capitalistas como Japón (7% del total) y Gran Bretaña (6%), en países más igualitarios como Alemania (5%) o Francia (5%), y hasta en países socialistas como China (5%). En contraste, Latinoamérica –una de las regiones reputadamente más desiguales - no llega a cobijar ni el 1% de los millonarios del planeta.

Aunque las estimaciones del GWR tienen sus debilidades, resultan útiles para hacer comparaciones; por ejemplo, la riqueza promedio de un guatemalteco (de unos Q55 mil) resulta superior a la del ciudadano promedio de India (aproximadamente Q43 mil), pero muy inferior a la del estadounidense promedio (unos Q2.8 millones). Las cifras también ayudan a reflexionar que muchos de quienes se consideran adalides de la igualdad, y no pocos de quienes critican a los ricos, a la globalización y al libre mercado, pueden ser ellos mismos parte de la élite que tanto denostan. Y que, en contraposición, muchos de quienes en nuestro medio se consideran ricos, están muy lejos de formar parte del club de magnates del mundo.

martes, 24 de mayo de 2016

La Libre Competencia

Ahora que el Congreso de la República está a punto de iniciar el análisis y discusión de una legislación de competencia, es importante que se tengan presentes ciertos principios esenciales en materia de regulación de la competencia

El libre mercado es, hasta hoy, el mecanismo más eficiente que haya conocido la humanidad para asignar los recursos económicos de la mejor manera posible. Y para que el libre mercado funcione es esencial que exista libre competencia entre las unidades productoras que componen el mercado. A través de la competencia se logra que la oferta de bienes y servicios se ordene según las necesidades de los consumidores, que los factores de producción se utilicen de manera óptima y que los ingresos se distribuyan entre los productores según su desempeño en el mercado.

La competencia también cumple dos importantes funciones políticas; por un lado, limita el poder del Estado frente a los particulares pues hace innecesaria (e inconveniente) la intervención del gobierno en las decisiones económicas; y, por otro,  controla el poder económico de los actores privados. Sin embargo, una economía de mercado no siempre está exenta de perturbaciones, tanto externas como inherentes al sistema, que afectan su funcionamiento. Es inevitable que en los mercados exista información limitada y asimétrica, entre otras fallas, que al menoscabar la competencia  redundan en ineficiencias y en una reducción del bienestar general.

Lo anterior justifica que existan regulaciones (leyes e instituciones) estatales para velar porque se proteja la libre competencia. Aunque las prácticas anti-competencia son tan antiguas como la competencia misma, la legislación destinada a combatirlas es de más reciente data (como la Ley contra las limitaciones a la competencia, de Alemania, de 1958) y ha evolucionado gradualmente.

Ahora que el Congreso de la República está a punto de iniciar el análisis y discusión de una legislación de competencia (exigida en cumplimiento de acuerdos comerciales con Europa y con Estados Unidos), es importante que se tengan presentes ciertos principios esenciales en materia de regulación de la competencia. En primer lugar, que el fin último de tal regulación debe ser el bienestar de los consumidores.

En segundo lugar, que las prácticas anti-competencia a combatir pueden ser absolutas (como por ejemplo, los acuerdos para impedir el acceso al mercado de nuevos competidores) o relativas (que solo deben combatirse en la medida en que dañen al consumidor). La legislación debe establecer los principios para identificar estas prácticas de manera objetiva, pero sin entrometerse ni obstaculizar el libre emprendimiento, prevaleciendo lo que se conoce como “regla der la razón”, en el entendido de que las prácticas relativas (que suelen ser más comunes que las absolutas) pueden ser justificadas (y por tanto no sancionadas) si no afectan al consumidor.

En tercer lugar, y derivado de lo anterior, es esencial que la autoridad a cargo de aplicar la ley en materia de protección de la competencia sea altamente técnica y goce de independencia respecto de intereses políticos, sectoriales o de grupos de poder. Además, es importante que dicha autoridad esté disgregada entre quien hace el diagnóstico de las posibles prácticas anti-competencia, y quien aplica las sanciones procedentes.

Todos estos principios, por desgracia, están muy mal plasmados (si no ausentes) de la propuesta de ley que el Ministerio de Economía hizo pública hace alguno días y que un grupo de diputados elevó como iniciativa de ley. Ojalá que este tema, evidentemente técnico y de gran importancia para la vida económica del país, se discuta apropiadamente en las instancias legislativas correspondientes, sin prisas innecesarias.

viernes, 30 de mayo de 2014

La Economía No Es Como Solía Ser

Los estudiantes de Economía escogen esta disciplina porque aspiran a solucionar problemas de la vida real. ¿Es eso lo que se enseña actualmente en la academia?

Hace algunos días se difundió con rapidez una Iniciativa Internacional de Estudiantes por el Pluralismo en la Economía, suscrita por 65 grupos de estudiantes universitarios de 30 países, que expresaban mediante una carta abierta su desencanto con la forma en que se enseña la ciencia económica. Ese desencanto se suma a los de muchas personas del mundo de los negocios y de las finanzas que no se explican la incapacidad de los economistas de advertir sobre la crisis mundial de hace un quinquenio.
Algunas quejas de los estudiantes tienen que ver con sus sospechas de que el material de enseñanza refleja únicamente el pensamiento occidental. Lo anterior está relacionado con otras críticas mucho más radicales que cuestionan ya no sólo los enfoques tradicionales de enseñanza, sino que también (y especialmente) el sistema capitalista en el que se sustenta la mayor parte de la ciencia económica. Así, afuera de la profesión abundan los ataques contra –por ejemplo- los conceptos de cómo funcionan el mercado y los precios, o contra el valor informativo y práctico de las cuentas macroeconómicas (como el PIB).
Muchas de estas críticas y ataques están desenfocados porque caen fuera del ámbito de competencia de la ciencia económica. Por ello, lo primero que convendría aclarar es la naturaleza científica de la Economía. La definición estándar que se enseña desde hace mucho tiempo indica que es la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios que, siendo escasos, tienen usos alternativos.
Claro está que no se trata de una ciencia “dura” (como podría serlo, por ejemplo, la Física). Una ciencia es una disciplina de pensamiento que hace hincapié en proponer hipótesis básicas y luego realiza experimentos controlados para comprobar la validez de las hipótesis. Los economistas no pueden hacer experimentos controlados en el laboratorio, sino que usan evidencia histórica y estadística para simular tales experimentos. La Economía es una ciencia en algunos aspectos y no en otros; pero lo mismo puede decirse de casi cualquier otra ciencia.
Si bien se trata de una disciplina relativamente joven que aún está en proceso de consolidar sus leyes e identificar las relaciones que la definen, a lo largo de su existencia ha generado un acervo de conocimiento (la oferta y la demanda, el análisis marginal, la importancia de la productividad, la ventaja comparativa, los rendimientos decrecientes, etcétera) alrededor del cual existe un aceptable nivel de consenso, que ha sido (y aún es) de utilidad para entender el comportamiento en sociedad y la manera en que éste puede ser utilizado para el bien común.
Ciertamente la disciplina de la Economía tiene muchas falencias, como el exagerado uso de los modelos matemáticos, o la propensión a la contaminación ideológica, o el privilegio excesivo que la academia (especialmente la dominante anglosajona) otorga a la investigación (cuantitativa) sobre la docencia, o el hecho de que en dicha investigación se ignora flagrantemente el análisis económico aplicado a los países con mayores niveles de pobreza.
El enfoque y la enseñanza de la Economía deben evolucionar con las circunstancias. Los estudiantes de Economía de hoy (y los que alguna vez lo fuimos) escogen esta disciplina porque tienen la expectativa de comprender, y quizá de solucionar, problemas económicos de la vida real: la pobreza, la inequidad, las crisis financieras, o la inflación. Es natural que se frustren cuando el pensum los obliga a memorizar modelos basados en el comportamiento de un agente económico que en teoría toma decisiones racionales. Lo importante es que la Economía no se empeñe en enseñar paradigmas metodológicos, sino en descubrir cómo las leyes esenciales y las relaciones básicas de la vida económica pueden usarse pragmáticamente para atender problemas del mundo real.
Todo el mundo, y especialmente los países pobres, se beneficiarían si hubiese más economistas tratando de descifrar los desafíos de la escasez. Con más y mejor investigación técnica, pragmática en vez de ideológica, sería más fácil diseñar políticas públicas basadas en evidencia objetiva –y no en los caprichos de los políticos-. La ciencia económica debe estar, pues, más dispuesta a abrirse al pragmatismo y a aventurarse fuera de sus torres de marfil.

viernes, 25 de abril de 2014

Ideología y Política Económica

El punto de  cualquier política económica efectiva es que distintas situaciones requieren de diferentes respuestas del gobierno. La ideología puede ser útil para orientar, pero el pragmatismo es esencial para acertar.
El reciente debate en diversos medios de comunicación nacional en torno al liberalismo ha resultado sano y positivo, entre otras razones porque ha permitido evidenciar que dicha doctrina política, económica y social no es uniforme ni granítica, sino que está compuesta de muchas escuelas y matices. Y lo mismo sucede con el socialismo.
En materia de políticas públicas, y de política económica en particular, los fundamentos ideológicos pueden ser útiles si sirven de referencia para tomar decisiones con base en ciertos principios básicos como, por ejemplo, el libre mercado, la propiedad privada, la libertad contractual, la estabilidad y el respeto a las instituciones que dan sustento a tales principios.
Pero la política económica es un arte que también requiere de un prudente grado de pragmatismo que matice los aspectos ideológicos. Por ejemplo, una economía de mercado no siempre está exenta de perturbaciones, tanto externas como inherentes al sistema, que afectan su funcionamiento y hacen que el mercado experimente fallas, lo cual da lugar a que el Estado intervenga más allá de sus obligaciones esenciales de proveer seguridad, justicia y servicios básicos.
El punto de  cualquier política económica efectiva es, precisamente, que diferentes situaciones requieren de diferentes respuestas del gobierno: unas veces conviene reducir los impuestos y las regulaciones, otras veces procede aumentarlos. La política económica no es una ideología de absolutos, a diferencia de las diversas formas de fundamentalismo de mercado o sus equivalentes por el flanco izquierdo.
Por ejemplo, las ideas de Maynard Keynes, que habían caído en desgracia en las décadas de 1980-1990, volvieron a ponerse de moda con la reciente crisis financiera de 2007-09. Keynes, un economista británico que asesoró a distintos gobiernos y líderes políticos, favoreció la austeridad en los tiempos de auge económico, tanto como el estímulo económico en tiempos de vacas flacas (aunque algunos de sus discípulos se centraron sólo en esto último). Su pragmatismo le valió las críticas de los académicos que (como Hayek) estaban en el extremo más purista del libre mercado, así como la animadversión de los ideólogos marxistas y fascistas del extremo pro-estatista.
De hecho, aunque opuestos en muchos puntos, tanto Keynes como Hayek podían ser calificados como liberales (de distintas escuelas) a quienes les disgustaban los regímenes autoritarios comunistas y fascistas. Keynes estaba de acuerdo con Hayek en que el fascismo no era un antídoto saludable contra el comunismo (a diferencia de lo que muchos de sus contemporáneos pensaban), sino que era igualmente peligroso para el liberalismo. Y aunque Keynes creía que la intervención del estado podía justificarse en algunas circunstancias, también creía que los gobiernos debían demarcar una frontera más allá de la cual no pudieran intervenir, una lección que sigue siendo tan relevante ahora como entonces.
Decir que Keynes era "mercantilista" es una exageración tan crasa como llamar "socialismo" a cualquier tipo de regulación. Keynes nunca se desvió de la creencia en el libre comercio como la mejor política para el crecimiento en el largo plazo, aunque en algunos episodios defendió el uso temporal de aranceles; y cambió de opinión muchas veces sobre otros temas también (por ejemplo, sobre el movimiento de capitales transnacionales). Pero uno de los temas sobre los que nunca cambió de opinión fue sobre la importancia central de la estabilidad macroeconómica para lograr el progreso. Keynes, que no profesó ningún credo económico específico, era más pragmático de lo que sus críticos y sus discípulos aceptan, sostenía no había una única teoría económica eficaz en toda circunstancia, debido a que la estructura económica muta más rápidamente que, por ejemplo, el mundo natural y sus sistemas.
La economía es una disciplina técnica que diseña modelos de cómo funciona el mundo real y, al mismo tiempo, es un arte en el que se eligen los modelos más relevantes para influir sobre ese mundo mediante medidas de política económica. Para ejercer ese arte se necesita menos de activistas o de ideólogos, y más de economistas capaces de observar el mundo contemporáneo y elegir los modelos y las herramientas de política que mejor propicien el progreso y el bienestar.

sábado, 26 de febrero de 2011

Renovar el Capitalismo

El Capitalismo y la economía de libre mercado están viviendo horas muy bajas en la opinión pública nacional e internacional. Muchas sociedades y gobiernos están impulsando medidas anti-capitalistas y anti-libre mercado. Nada de qué extrañarse, dada la gravedad de la crisis mundial que estalló en 2008 provocada, en gran medida, por los abusos cometidos dentro de un sistema pobremente regulado por el Estado. Sin duda la ola anti-capitalista va a pasar, pero es necesario que los propios empresarios sean quienes, desde adentro, renueven el sistema entendiendo que la razón de ser de la empresa es algo más grande, más trascendente y más sublime (perdón, Milton Friedman) que la simple búsqueda de utilidades inmediatas.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

RENOVAR EL CAPITALISMO

La gran crisis financiera y económica mundial que formalmente concluyó el año pasado no significó el fin del capitalismo, pese a las predicciones apocalípticas de algunos analistas. Sin embargo, la recuperación económica que empieza a consolidarse alrededor del mundo tampoco significa que el capitalismo volverá a ser igual que antes.

El mundo ha cambiado desde que estalló la crisis en 2008: hoy, el motor más potente de la economía mundial está en Asia, no en Occidente; la intervención del gobierno en la economía es la política pública de moda, en vez de la desregulación; el calentamiento global es el tema clave de las cumbres multilaterales, no el libre comercio. Tras de esta realidad se revela un cambio en la opinión pública que se expresa cada vez más contraria al capitalismo de libre mercado.

Esta actitud anti-capitalista no viene solamente de los académicos marxistas que aún sobreviven entre nosotros, deseosos de que el capitalismo fracase algún día tan estruendosamente como el comunismo hace veinte años. Ni viene sólo de los ambientalistas celosos de preservar la naturaleza contra la incursión de las explotaciones multinacionales. También el ciudadano de a pie parece, ahora, estar desencantado de la libre empresa.

La semana pasada trajimos a cuenta que, según los resultados del último sondeo de Latinobarómetro, solamente el 59% de los guatemaltecos está de acuerdo con que “la empresa privada es indispensable para el desarrollo del país”, el porcentaje más bajo del Continente. En Guatemala hay un generalizado pesimismo respecto de casi todas las instituciones, públicas y privadas, que amenaza con propagar una actitud aprensiva y cínica que debilita el capital social tan necesario para que el país prospere.

Para enfrentar esta situación debemos tomar conciencia de que el capitalismo está siendo transformado a nivel mundial, no sólo por la ola de regulaciones estatales que tratan de limitar los riesgos de abuso por parte de las empresas. También está siendo reformado mediante el esfuerzo de empresas líderes que, rompiendo paradigmas, actúan visionariamente para mejorar su interacción con todas las partes interesadas en sus procesos productivos: clientes, empleados, proveedores, gobiernos, comunidades vecinas, medio ambiente, etcétera.

Las empresas líderes de cambio saben que atender a esas partes interesadas es esencial para maximizar su valor de mercado. Ello implica que tales empresas se involucran en un diálogo sereno con las autoridades y la sociedad civil en procura de entender sus críticas y demandas, no sólo por el loable fin contribuir al bien común, sino también por el interés propio (que algunos llaman “codicia ilustrada”) de identificar nuevas tendencias del mercado y generar, a la vez, un entorno de paz social que propicie negocios cada vez más exitosos.

Las empresas líderes mundiales saben también que (con perdón de Milton Friedman) enfocarse sólo en las utilidades no siempre es una estrategia que automáticamente mejore el valor a largo plazo de la empresa ni necesariamente contribuya al bien común. Su “codicia ilustrada” les indica que la obtención de ganancias no es un fin en sí misma, sino un indicador del éxito de la empresa en su misión de proveer los bienes y servicios que la sociedad necesita; así, las utilidades son una guía para equilibrar el crecimiento a largo plazo de la empresa con los resultados financieros de corto plazo.

Las empresas líderes de cambio saben que muchos de los problemas que precipitaron la crisis financiera se originaron en fallas de dirección y gobernanza en importantes empresas internacionales, por lo que prefieren adoptar estándares explícitos de integridad, transparencia y buen gobierno corporativo. Ello implica, incluso, ir más allá de solamente cumplir el marco legal que en muchos países (como el nuestro) es insuficiente para afianzar las relaciones de confianza que hacen funcionar al mercado.

El capitalismo de mercado es el sistema económico que mejor ha promovido la prosperidad material de la humanidad pero, para que sus capacidades de creación de empleo y riqueza sigan funcionando, es menester que se siga renovando y se recobre la confianza mutua que debe existir entre empresa y ciudadanía. Y sobre eso hay que seguir trabajando, para el bien común.

Comentarios de los Lectores
Roberto Ximenej 22-02-2011 09:03:44 horas
Es difícil, sino imposible, el estar de acuerdo con la aseveración de: "El capitalismo de mercado es el sistema económico que mejor ha promovido la prosperidad material de la humanidad..." cuando nunca en la historia como hoy, hay tantos con hambre, en la pobreza y tratando de deshacerse de opresores que forzaron un estado capitalista de mercado para su beneficio.
Alberto Godoy 22-02-2011 10:07:06 horas
Don Roberto Ximenej la población mundial nunca había estado tan bien alimentada como ahora. A mediados del siglo XX la China y la India, cerca del 40% de la población mundial, se estaban muriendo de hambre como Biafra ahora. Hoy estos dos países exportarn comida. El milagro se dio gracias al trabajo de Norman Borlaug quien inició la Revolución Verde. Se calcula que a salvado la vida de mil millones de gentes. Todo un héroe mundial este científico, ¿no le parece? Además, vea los países donde......
Alberto Godoy 22-02-2011 10:16:53 horas
El capitalismo se ha practicado con más libertad como Chile y Singapur: De ser países empobrecidos en menos de 30 años ambos países salieron de la pobreza. Singapur es ejemplar porque no tienen recursos, hasta el agua tienen que importar y ahora el pueblo es el más rico del mundo. Chile tiene recursos, pero también los tenía cuando estuvo empobrecido por el socialismo. Cuando liberó sus mercados y su economía y se practicó un capitalismo libre, paso a ser el pueblo más rico de Latinoamérica.
Luis Paiz 22-02-2011 11:06:39 horas
Alberto Godoy... te cuento que la comida existe hasta para tirar.. como explicas la desnutrición, la miseria y el hambre de más de 3 billones de habitantes del planeta tierra? Eso de que el capitalismo ha ayudado a producir mas es cierto, pero de que les llegue a todos es pura mentira... solo les llega a quienes pueden pagar y eso es quienes tienen OPORTUNIDADES. en Guatemala hablar de eso es satanizado como si fuera abominable, y es sencillamente lo que se llama socialismo; dar oportunidades
Scarlett Ohara 22-02-2011 11:18:38 horas
Este Alberto Godoy ha de ser del mismo país y planeta que los ex presidentes Cerezo, Arzú, Portillo y por supuesto el actual Colom... ya que solo en sus mundos pueden decir que todo esta bien... ahora resulta que ni hambre hay en el planeta... nadie se muere por falta de alimentos, el que tiene ojos que mire, dijo Jesús.
Alberto Godoy 22-02-2011 12:08:27 horas
Para don Luís y doña Scarlett, no digo que no hay problemas, el punto es que estamos mejor, proporcionalmente, que en 1950. Los agricultores ahora capitalistas producen hoy más comida a precios más bajos proporcionalmente que en los socialistas de los 50s y 60s Héroes Norman Bourlaug permiten que el planeta pueda aguantar la cantidad de gente que hoy vive en él. No es culpa de los que producen comida que exista gente que no puede pagarles su comida es culpa de los que no producen nada.
sergio licardie V 22-02-2011 12:30:19 horas
Como estamos estreñidos de espacio no podemos soltar toda la sopa. Pero aunque sean pedacitos hay una buena dinámica en opiniones de lectores. El autor nos da definiciones cuadradas, ortodoxas y se necesita ser flexibles. La comida siempre ha existido, pero por el precio mercado se tirado. China e India han aportado consumidores y eso las enriqueció. Pobreza estadísticamente siempre va a existir, nuestro problema es lo que nos debe motivar el mercado y su control es la disyuntiva Libre.
Rene Posadas Sanchez 22-02-2011 12:44:37 horas
Debemos de seguir el ejemplo de la China, capitalismo del Estado,es decir todas las grandes empresas son controladas ,administradas y reguladas por el estado,esa es la nueva filosofía económica,este sistema le da mas al pueblo.También esta el capitalismo positivo y el negativo,el positivo se ejerce en los EE.UU, pues tiene un sin número de programas sociales que ayudan a sus cuidadanos y el negativo como en Guatemala que carece de programas sociales que beneficien a todos.
Luis Leysan 22-02-2011 13:10:01 horas
La economía social de mercado que se desarrolla en la República Federal de Alemania es el mejor ejemplo de resultados reales y positivos de un equilibrio de elevados standards de éxito económico y desarrollo social...un ejemplo cercano es Costa Rica y unos en Sur América son Uruguay y Chile.
JORGE MUÑOZ 22-02-2011 13:35:41 horas
Etiquetar a una metodología de libre mercado como CAPITALISTA ya es risible, la manera más efectiva de sacar a una población de la mediocridad y la pobreza es la educación, pero los malos administradores han tomado malas decisiones que han afectado la prosperidad y el libre mercado, puesto que no hay nada más lindo que ver prosperar un negocio y a sus colaboradores.
Alex Bonilla 22-02-2011 13:57:50 horas
Lo que pasa en Guatemala es que no hay empresario capitalistas, solo un montón de aborazados seudolibertarios mal entrenados que piensan que libre mercado es que el gobierno les deje explotar al pueblo como les de la gana sopretexto de generar desarrollo. El capitalismo positivo fue negado a Guatemala en 1954 cuando los riquillos auspiciados por los USA decidieron que las medidas de bienestar colectivo de Arévalo y Arbenz eran peligrosas para sus intereses particulares.
Marco Antonio Villeda Sosa 22-02-2011 21:01:19 horas
Un Capitalismo casi muerto no sirve para ninguna nacion del Planeta Tierra, el capitalismo neoliberal demostro su incapacidad para solucionar los problemas sociales, a nivel internacional se prefiere hablar de soluciones no de problemas, el capitalismo es un problema, un problema para el medio ambiente y la sociedad, una nacion con autentica empresa privada sin privilegios es la que tendria que tenerse en una nacion y sin populismos y demagogias.

LA CONFIANZA TAMBIÉN PRODUCE

La credibilidad monetaria y la disciplina fiscal influyen en lo que consumimos e invertimos hoy El reciente Premio Nobel de Economía concedi...