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lunes, 26 de octubre de 2020

Reactivación: Pensar Fuera de la Caja

ES NECESARIO DESENCADENAR LOS FLUJOS FINANCIEROS, AFECTADOS POR LA INCERTIDUMBRE QUE GENERA LA PANDEMIA

 La pandemia ha generado una crisis sin precedentes, manifestada en una de las recesiones más profundas de nuestra historia. La crisis conlleva un enorme aumento de la incertidumbre, lo cual provoca que los agentes económicos reduzcan y pospongan sus decisiones de consumo y de inversión, al tiempo que aumentan -por razones de precaución- sus tenencias de dinero en efectivo o en sus cuentas bancarias. Esta situación se está danto en muchos países y Guatemala no es la excepción: mientras que el crédito bancario está en franca desaceleración, los depósitos bancarios se están incrementando.

 La incertidumbre generada por la crisis conduce a un aumento en el riesgo de otorgar préstamos, razón por la cual los bancos son mucho más precavidos que lo habitual y prefieren acumular liquidez antes que perjudicar la sanidad de su cartera crediticia. En crisis como la actual, el sistema bancario empieza a acumular grandes excedentes de liquidez que no encuentran la ruta para convertirse en créditos productivos. Y sin un flujo eficiente de financiamiento, será imposible lograr la ansiada reactivación económica, ya que esta depende casi exclusivamente del consumo y de la inversión privadas, y no del gasto gubernamental -por mucho que el gobierno se empeñe en aumentarlo-.

 Eso sí, las políticas públicas pueden (y deben) ayudar a que la reactivación económica se produzca y sea sostenible. Si esas políticas ayudan a que los trabajadores conserven sus empleos, a que las empresas aumenten su producción y a que las redes de intercambios comerciales se preserven, la recuperación se producirá antes y con más fuerza. En particular, es fundamental que las políticas públicas protejan y fomenten los flujos financieros, esenciales para lubricar los engranajes del aparato productivo. Una manera de hacerlo es mediante el establecimiento de fondos de garantía.

 Los fondos de garantía surgieron en Europa a fines del siglo XIX y hoy funcionan exitosamente en más de cien países. Esos fondos brindan garantías para que quienes no tengan acceso al crédito puedan cubrir una parte del riesgo de incumplimiento del préstamo; en caso de incumplimiento, el prestamista recupera el valor de la garantía. Los esquemas de garantía pública suelen implicar subvenciones estatales, sobre todo inicialmente y, por lo general, son administrados por una organización descentralizada o, incluso, privada. Una ventaja de estos esquemas es que, en caso de incumplimiento del préstamo, la garantía se paga con cargo al presupuesto del gobierno, lo cual le da una mayor credibilidad dentro del sector bancario.

 Más que insistir fútilmente en reactivar la economía a fuerza de gasto público, debería pensarse en políticas alternativas de reactivación -como los referidos esquemas de garantía- que potencien la actividad privada con la ayuda subsidiaria de fondos públicos. Los fondos de garantía de crédito pueden reducir el riesgo asociado a los préstamos en tiempos de incertidumbre y hacer productivos los excedentes de liquidez que hoy abundan en el mercado financiero, mejorando las condiciones de los préstamos y facilitando el acceso al crédito formal para las pequeñas empresas. Ahora que el Congreso está analizando el presupuesto estatal para 2021, valdría la pena pensar “fuera de la caja” y -en vez de destinar gastos a destinos ineficientes y proclives a la corrupción- presupuestar recursos para establecer fondos de garantía debidamente estructurados, con un sólido marco de gobernanza y rendición de cuentas, que permitan desencadenar el crédito (especialmente para la micro, pequeña y mediana empresa) que hoy está estancado en el pantano de incertidumbre.

lunes, 21 de agosto de 2017

¿Hay Acceso a los Servicios Financieros?

Para mejorar el acceso de la población a los servicios del sistema financiero (aumentar la profundización financiera) es necesario aplicar reformas legales e institucionales, tales como el fortalecimiento del Registro de Garantías Mobiliarias, una ley que regule las quiebras e insolvencias, y un marco regulatorio que incentive la operación de los burós de crédito y el acceso a la información que estos proveen¿

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la conferencia Centroamérica al Día (de COPADES) que tuvo lugar la semana pasada, fue que Guatemala es el país de la Región con el menor grado de penetración financiera, cuando esta se mide como el porcentaje que el crédito bancario representa respecto de la producción: el 37% en nuestro país es menor que el 42% en Nicaragua y el 44% en El Salvador, y contrasta aún más con el 58% de Costa Rica, el 60% de Honduras y, por supuesto, el 90% de Panamá.

El tema es importante porque hay una relación entre el grado de profundización financiera de un país y sus niveles de bienestar y progreso material. Así lo demuestran estudios como el del Boston Consulting Group que ha encontrado una estrecha correlación entre su indicador de inclusión financiera (el porcentaje de individuos mayores de 15 años que poseen una cuenta bancaria) y su indicador de desarrollo económico sostenible para un amplio número de países. También existe evidencia empírica de que una mayor profundización financiera contribuye a la reducción de la pobreza y de la desigualdad.

La profundización financiera es multidimensional y, para el caso de Guatemala, no todas son malas noticias. Nuestro país es uno de los que ofrece mayor acceso físico a la infraestructura financiera. Según estudios del Fondo Monetario Internacional, el número de agencias bancarias ha crecido de 18.8 por cada cien mil habitantes en 2004, a 37 en 2014 (el promedio de Latinoamérica ese año fue de 24); además, el número de cajeros automáticos en Guatemala (si bien concentrados en las áreas urbanas del país) fue de 36 por cada cien mil habitantes, superior a los 25 cajeros en promedio latinoamericano, también en 2014.

Lo que hace falta es que ese acceso físico con el que hoy contamos se traduzca en un mayor uso efectivo de los servicios financieros por parte de la población de todos los niveles de ingreso: solo el 60% de las pequeñas y medianas empresas del país maneja cuentas bancarias (el promedio en Latinoamérica es de 92%). Si bien el relativo rezago de la penetración financiera en el país refleja una serie de factores estructurales (bajo nivel de ingreso per cápita, falta de educación financiera, prevalencia del sector informal y débil estado de derecho), mucho puede hacerse desde el gobierno para promover el acceso a los servicios financieros mediante el desarrollo de un marco legal, regulatorio e institucional apropiado y de un ambiente donde la información financiera fluya efectivamente.

Ya se ha avanzado, desde el ámbito regulatorio, en el diseño de una estrategia nacional para la inclusión financiera, la regulación de las microfinanzas y la emisión de normas para las transacciones con dinero móvil, pero aún resta mucho por avanzar en el campo legislativo e institucional. Es importante, por ejemplo, un marco legal (es decir, las leyes y su correcta aplicación) que proteja los derechos de propiedad y los derechos de los acreedores (sin lo cual se desincentiva el crédito y se alienta a los deudores a no pagar).

Otra reforma pendiente es la que fortalezca el (hasta ahora ineficiente) registro de garantías mobiliarias, ya que estas (que incluyen maquinaria y equipo) pueden hacer más accesible el crédito a las pequeñas empresas. También hace falta una ley de insolvencias que permita la salida ordenada del mercado y otorgue oportunidades de recuperación a las empresas en quiebra y a sus acreedores. Finalmente, un ambiente que propicie el flujo de información del mercado crediticio (especialmente mediante al funcionamiento de burós de crédito) resulta fundamental para propiciar una mayor inclusión financiera en el país.

lunes, 13 de junio de 2016

Qué Mensajes Dejó el FMI

En el corto plazo: reformar integralmente la SAT y profundizar el combate a la corrupción. En el largo plazo: reforma tributaria, focalización del gasto público y fortalecimiento institucional

El mes pasado visitó el país una misión del Fondo Monetario Internacional –FMI- para la revisión periódica de la economía nacional. Su análisis se enfocó en las políticas que se necesitan para preservar la estabilidad macroeconómica y, simultáneamente, lograr reformas institucionales y apoyar un crecimiento económico más rápido e incluyente. Como es habitual, la misión dejó una serie de apreciaciones y recomendaciones, algunas bastante explícitas, mientras que otras hay que deducirlas o interpretarlas.

La Opinión del FMI sobre la evolución económica de Guatemala en el último año es, en general, positiva. Pese a la crisis política de 2015, el crecimiento de la producción se mantuvo robusto, la inflación y el déficit fiscal estuvieron bajo control; y, aunque la balanza de pagos con el exterior mejoró sustancialmente, el Fondo reconoce que existe un problema de competitividad que, contrario a lo que sostienen algunos analistas locales, no se debe a un tema cambiario o de precios, sino que obedece a ciertas debilidades estructurales: escaso capital humano y físico, así como elevada criminalidad y corrupción.

Por ello, a pesar del desempeño positivo y de unas perspectivas favorables, el resultado en materia de bienestar social ha sido insatisfactorio, aspecto que el FMI atribuye no solo al insuficiente ritmo de crecimiento económico, sino que, particularmente, al bajo nivel de ingresos fiscales y a la ausencia de una estrategia integral y priorizada para enfrentar los desafíos sociales.

En el corto plazo, el FMI recomienda preservar la estabilidad macroeconómica y preparase para enfrentar choques externos que podrían afectarnos, al tiempo de apurar las medidas estructurales, incluyendo aquellas orientadas a mejorar la seguridad, impulsar el capital físico y humano, así como reducir la desnutrición, la pobreza y la desigualdad. Ello requiere de mejorar la cantidad y la calidad de los recursos financieros del Estado. Resulta interesante que el FMI acepte que, debido a que un aumento en la recaudación de impuestos tomará cierto tiempo, en el corto plazo sería tolerable un aumento moderado del en déficit fiscal para movilizar el gasto hacia esos aspectos estructurales.

Aunque no lo dice explícitamente, el Fondo vería aceptable un aumento leve del déficit fiscal en los próximos años hasta niveles equivalentes a un 2% del PIB, que es la cifra que diversos estudios del propio FMI han identificado como un nivel manejable del desequilibrio fiscal. Pero, al mismo tiempo, el Fondo recomienda emprender una reforma profunda de la SAT (para mejorar la recaudación en el corto plazo) y un combate frontal a la corrupción (para mejorar la eficiencia del gasto público).

En el largo plazo, sin embargo, el FMI ve absolutamente necesaria una reforma tributaria que eleve la carga impositiva al equivalente a un 15% del PIB, como una condición indispensable para que el Estado cuente con los recursos necesarios para invertir en los temas estructurales (salud, nutrición, educación, seguridad, justicia e infraestructura) sin los cuales será imposible potenciar el crecimiento y reducir la pobreza. Complementariamente, el Fondo propone mejorar el marco de la política monetaria y del sector financiero, así como fortalecer las instituciones públicas (incluyendo las de control del gasto público) a fin de sustentar la ejecución de las políticas económicas y mejorar la adaptación del sistema económico ante posibles choques internos y externos. El que tenga oídos para oír, que oiga.

viernes, 28 de febrero de 2014

Para Incentivar la Inversión

Guatemala tiene un nivel de inversión muy bajo, lo que explica en gran medida el escaso dinamismo de nuestra economía y los elevados niveles de pobreza. Por ende, es necesario incentivar la inversión, lo cual no se logra con medidas de maquillaje, sino concentrándonos en los temas de fondo. 
La inversión es el factor clave para aumentar la producción y el bienestar de un país. Solamente la inversión (que aumenta la disponibilidad de capital en la economía) y la innovación pueden aumentar significativamente la frontera de posibilidades producción, ya que los otros factores de la producción o son fijos y no crecen –la tierra- o sólo crecen vegetativa y lentamente –el trabajo-.
La inversión es el único componente de la demanda agregada capaz de dinamizar la producción y responder sensiblemente a estímulos de política pública; los otros componentes de dicha demanda sólo responden a factores inerciales (el caso del consumo privado) o exógenos (las exportaciones), o no pueden ser sostenibles por periodos prolongados (el gasto de gobierno).
Por desgracia, Guatemala tiene un nivel de inversión muy bajo, lo que explica en gran medida el escaso dinamismo de nuestra economía y los elevados indicadores de pobreza del país. La inversión en Guatemala representa solamente un 15% del valor de la producción total (medida por el PIB), cuando el promedio de dicho porcentaje en Latinoamérica es de 23% ¡y en China 50%! Además, Guatemala atrae muy poca inversión extranjera directa en comparación con nuestros vecinos. Entonces, ¿qué podemos hacer para que aumenten la inversión?
Guatemala brinda algunas condiciones favorables para la inversión: la inflación es relativamente baja y estable, la deuda pública es manejable, el sistema financiero es sólido, hemos tenido varias elecciones libres y democráticas consecutivas, los recursos naturales son abundantes, y el grado de apertura al comercio exterior es grande con un déficit exterior manejable. Por lo tanto, los obstáculos que impiden que crezca la inversión deben ubicarse en otros aspectos que son claves para que cualquier inversionista decida emprender un negocio en nuestro país.
Para empezar, el tamaño del mercado guatemalteco está muy limitado (en relación al tamaño de la población) debido al elevado porcentaje de la población en situación de pobreza (más de la mitad) y al consiguiente pequeño tamaño de la clase media, lo que hace que Guatemala sea un destino de inversión menos atractivo que otros países de similar dimensión. Esto no solo es resultado de la elevada concentración del ingreso sino que, principalmente, del escaso dinamismo de la producción, lo que configura un complejo círculo vicioso: una economía poco dinámica no es atractiva para la inversión, y la poca inversión impide un mayor crecimiento de la economía.
Todo ello es el resultado de que nunca hemos efectuado las reformas estructurales que otros países lograron implementar en los últimos veinte años. Entre las consecuencias de ese fracaso destaca la pobre infraestructura física, particularmente en carreteras que acerquen y conecten los mercados: mientras que la inversión en infraestructura representa el 10% del PIB en China y el 6% en India, es menos del 1% en nuestro país.
Otro factor de igual importancia es la baja productividad del trabajo, lo que está conectado con el bajísimo nivel educativo y con las graves deficiencias nutricionales prevalecientes. Asimismo, la rigidez del mercado laboral (ni siquiera contamos con un marco regulatorio del trabajo a tiempo parcial). A esto hay que agregar el clima de violencia y criminalidad que, junto con la corrupción generalizada, ahuyentan a cualquier inversionista bienintencionado. Y, para terminar, la ineficiencia y debilidad de las instituciones públicas (incluyendo una baja recaudación tributaria) impiden que el Estado pueda cumplir con proveer la infraestructura, salud, educación, seguridad y certeza jurídica que requiere la inversión privada para florecer y contribuir con el crecimiento y prosperidad del país.
Para incentivar la inversión no existen soluciones mágicas; la tarea es difícil y los esfuerzos deben centrarse en las áreas enumeradas. No hay que empezar de cero: en el Congreso de la República existen iniciativas de ley que podrían coadyuvar al avance de las reformas económicas requeridas. Por ejemplo existe una iniciativa para regular el trabajo a tiempo parcial (iniciativa 4648) y otra para dar estabilidad jurídica y tributaria a la inversión (iniciativa 3996). Por allí podríamos empezar para lograr en el corto plazo algún avance concreto.

viernes, 21 de febrero de 2014

Después de la Crisis: Visión Optimista

Nuestro país sobrevivió esta crisis mundial de mejor manera que en otras crisis del pasado, y con menos problemas que los países vecinos
La semana pasada señalamos, en tono pesimista, que la gran crisis económica mundial del quinquenio pasado fue una oportunidad perdida para Guatemala ya que, a pesar de que nuestra economía superó con escasos rasguños los embates de la crisis, fracasó en las reformas (en educación, salud, infraestructura e instituciones) que eran necesarias para sacarle provecho (en términos de productividad y bienestar) a las muy favorables condiciones financieras que prevalecieron en los mercados internacionales, así como al nuevo entorno mundial post-crisis.
No obstante ello, es menester reconocer que nuestro país sobrevivió esta crisis mundial de mejor manera que en crisis anteriores (que fueron incluso de menor escala) y con un mejor desempeño que los países vecinos: la producción se estancó, pero no cayó; las exportaciones y el crédito cayeron, pero repuntaron luego rápidamente; la inflación y el tipo de cambio se mantuvieron bajo control. Viendo con lentes de optimismo, debemos admitir que este buen desempeño se debió a que, pese a todo, contamos con un conjunto aceptablemente bueno de instituciones y políticas macroeconómicas.
Un reciente documento de trabajo preparado por el economista José de Gregorio, publicado en diciembre  pasado por el Fondo Monetario Internacional –FMI-, sobre la capacidad de resistencia y adaptación de las economías latinoamericanas ante la crisis mundial, pone los focos sobre aquellos aspectos que nos permitieron defendernos exitosamente de las muy adversas condiciones económicas mundiales. Según dicho estudio, se pueden distinguir cinco factores clave.
El primero es que, cuando empezó la crisis, contábamos con buenas condiciones macroeconómicas: el déficit fiscal era bajo (menor a 2% del PIB), la deuda pública estaba bajo control, y la inflación era baja y estable; todo ello permitió enfrentar la crisis con políticas fiscales y monetarias moderadamente anticíclicas, lo cual contribuyó a aliviar los efectos de la crisis.
El segundo factor es el marco de flexibilidad del tipo de cambio; no es que el quetzal (a diferencia de otras monedas) se haya devaluado durante la crisis, sino que el simple hecho de saber que el tipo de cambio podía ajustarse eliminó la tentación de especular contra el valor de la moneda, lo cual conjuró el riesgo de movimientos cambiarios bruscos como los experimentados en crisis previas.
El tercero es que tuvimos buena suerte: antes de la crisis gozamos de buenas condiciones y precios internacionales que hicieron crecer el valor de las exportaciones; además, en el caso de Guatemala esta buena suerte se vio complementada por una base exportable cada vez más diversificada y con penetración creciente en nuevos mercados.
El cuarto factor es la solidez y buena regulación del sistema financiero: los indicadores de solvencia, utilidades y calidad de la cartera estaban en franca mejora antes de la crisis, y mejoraron aún más una vez superado el primer año del shock externo (2009), lo cual hizo posible que el sistema financiero pudiera reiniciar rápidamente (en 2010) el crecimiento del crédito al aparato productivo.
El quinto fue el elevado nivel de reservas monetarias internacionales (más de US$ 5 millardos en 2009) que se venían acumulando durante los años pre-crisis a fin de evitar una apreciación abrupta del quetzal; esos niveles de reservas ayudaron a disuadir cualquier ataque contra la moneda y a eliminar cualquier temor de impago de las deudas con el exterior, al tiempo que proporcionaron un colchón ante la amenaza de falta de financiamiento externo durante la crisis.
Puestos, pues, a ver el lado positivo de la crisis, debemos sacar la conclusión de que la prudencia en la política fiscal, aunada a la existencia de las reglas claras e institucionalizadas en las políticas monetaria y financiera, fueron elementos fundamentales en el accionar de las instituciones públicas que deberían preservarse como un valioso activo de la economía nacional.
La lección que nos deja la crisis mundial que parece estar finalizando es que, como país pequeño y abierto, debemos preservar a toda costa la disciplina macroeconómica pero, al mismo tiempo, debemos emprender cuanto antes las reformas estructurales que nos permitan, por fin, emprender una ruta sostenida de prosperidad y desarrollo integral.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Tendencias en Política Monetaria


Esta semana la Junta Monetaria revisó e introdujo algunos ajustes a la política monetaria. Dichos ajustes son apropiados pero, quizá, demasiado modestos. Las mejoras a dicha política deben enfocarse en adoptar acciones de política macro-prudencial como en otros países y en hacer más efectivas las señales de los precios en los mercados cambiario y monetario.

Hace unas semanas se publicó un trabajo de investigación sobre la situación y efectividad de la política monetaria en los países latinoamericanos que siguen un esquema de metas explícitas de inflación, entre los que se incluye Guatemala. El estudio de Nicolas Magud y Evridiki Tsounta (economistas del FMI) trata de medir si la política monetaria está siendo, o no, demasiado restrictiva, al comparar la tasa de interés líder del banco central con una tasa “neutral” estimada.
Para Guatemala, el referido estudio concluye que la política monetaria es aún “un tanto acomodaticia”, es decir, ligeramente expansiva porque la tasa de interés líder está por debajo de la tasa neutral estimada, ello a pesar de que el ritmo de crecimiento de la economía se ha recuperado luego de la desaceleración de 2009. Pero el estudio también advierte que dicha conclusión debe ser tomada con cautela debido a que la efectividad de la política monetaria en Guatemala puede ser más débil que en otros países con mercados financieros más avanzados.
En efecto, en nuestra economía los mecanismos de transmisión monetaria son débiles (las tasas de interés del mercado responden poco ante cambios en la tasa de interés líder), el esquema de metas de inflación es aún inmaduro, los mercados de liquidez están muy segmentados, las necesidades de liquidez del gobierno distorsionan los precios financieros, el tipo de cambio es muy inflexible, y la profundización financiera (es decir, el uso del sector financiero formal por parte de los agentes económicos) es aún muy baja.
Lo anterior sugiere la conveniencia de profundizar las mejoras que se han venido introduciendo en la política monetaria desde que se aprobó la nueva Ley Orgánica del Banco de Guatemala hace diez años. Pero también sugiere que dichas mejoras no deben enfocarse en medidas simplistas (como reducir arbitrariamente la tasa líder de interés), ni en medidas aventuradas –y, quizá, ilegales- (como despojar el banco central de sus reservas internacionales para que el gobierno las gaste) que, con la excusa de procurar el crecimiento económico, pueden dañar la ya débil efectividad de la política monetaria.
Por el contrario, las mejoras a dicha política deben enfocarse en adoptar acciones de política que se han venido aplicando con éxito en otros países. Destacan entre ellas las políticas llamadas “macro-prudenciales” que complementen el esquema de metas de inflación con medidas que limitan la volatilidad y minimizan los riesgos en las operaciones del sector financiero.
La creciente adopción de medidas macro-prudenciales alrededor del mundo se debe a que la reciente crisis financiera mundial demostró que la regulación financiera tradicional (micro-prudencial, que se enfoca en la situación de instituciones o productos financieros individualmente considerados) no tomaba en cuenta la “foto panorámica” del sistema financiero y su relación con la economía nacional, lo que hacía que los supervisores no vieran el bosque por fijarse en los árboles.
De manera que el establecimiento de una política macro-prudencial (que vele por la seguridad del sistema financiero y capture su interrelación con el sistema económico) debe ser una parte integral de la estrategia general del banco central, en conjunto con su esquema de metas de inflación y los objetivos de estabilidad del sistema de pagos, así como con sus instrumentos de política como las tasas de interés a corto plazo, la intervención cambiaria, la gestión de la liquidez a distintos plazos, los servicios de prestamista de última instancia, y medidas cuantitativas como el encaje o los límites de calce de monedas y plazos en las operaciones bancarias.
El desafío es, pues, establecer las medidas de política necesarias para garantizar que la estabilidad de precios y la estabilidad financiera son consistentes sabiendo que, normalmente, un gran aumento del apalancamiento, del crédito bancario y de los desajustes financieros suelen ocurrir al mismo tiempo que un crecimiento acelerado de la demanda agregada y de las presiones inflacionarias, y viceversa.
En estas medidas debe centrarse la política monetaria y financiera, sin olvidar que el crecimiento de largo plazo pasa más por la eficacia de otro tipo de políticas como la fiscal y, especialmente, las de productividad y fortalecimiento institucional.

viernes, 5 de octubre de 2012

La Solidez del Sistema Financiero


Se requerían modificaciones al marco legal que, hasta ahora, habían estado estancadas

Durante los últimos años, el sistema bancario se ha mantenido relativamente sólido y en proceso de gradual fortalecimiento, apuntalado por un récord de prácticas crediticias prudentes e indicadores de solvencia en proceso de mejora. Sin embargo, en opinión de diversas calificadoras de riesgo, aún muestra cierta vulnerabilidad ante factores clave como el mediocre crecimiento de la economía nacional, la fragilidad de la economía internacional y un eventual deterioro de los términos de intercambio.
Por el lado positivo, la estabilidad exhibida por las tasas de interés y el renovado ritmo del crédito bancario en meses recientes son factores que ayudan a mitigar dichos riesgos. Las calificadoras evalúan nuestro sistema financiero de acuerdo con una serie de indicadores de su desempeño: el patrimonio, la calidad de los activos, la eficiencia microeconómica, las utilidades, la liquidez y el estatus de mercado. La mayoría de esos indicadores están en niveles aceptables, y eso lo reconocen las calificadoras y analistas internacionales.
Sin embargo, tal como lo expresa uno de ellos (The Economist Intelligence Unit), “los indicadores de solidez financiera son razonables, pero el escaso progreso en la mejora de la supervisión sigue siendo una debilidad” para el sistema bancario nacional. Ello subraya la conveniencia de consolidar y fortalecer la regulación y supervisión financiera en función de los riesgos cambiantes del entorno interno y externo, para ponerlas más en línea con los estándares que establecen a nivel internacional entidades como la OCDE.
Lo anterior requeriría modificaciones al marco legal que, hasta ahora, habían estado estancadas. Sin embargo, el 28 de agosto el Congreso aprobó una reforma a la Ley de Bancos y Grupos Financieros que fortalece las regulaciones, limita la participación de bancos fuera de plaza (offshore) y norma la asistencia financiera para entidades bancarias en riesgo. La mayoría de las reformas aprobadas se orienta a fortalecer la llamada “red de protección financiera” para casos de insolvencia y cierre de una institución bancaria, pero también se incluyeron algunas regulaciones de carácter más general.
Las reformas del primer establecen límites más estrictos para otorgar créditos a los accionistas de los grupos financieros, incluyendo a las empresas que forman parte de tales grupos; limitan la distribución de dividendos en casos de entidades que necesiten reforzar su patrimonio; limitan los operaciones de las offshore y endurecen las sanciones contra las mismas; e incrementan el monto que el banco central puede aportar como préstamo de última instancia. Sobresalen las disposiciones relativas a fortalecer el Fondo para la Protección del Ahorro –FOPA-, habiéndose incrementado la cuota mensual que los bancos deben aportar para su sostenimiento.
Entre el segundo tipo de reformas (las generales) sobresale la normativa que obliga a los bancos a contar con una calificación emitida por una calificadora de riesgo reconocida, la cual deberá ser evaluada y registrada en la Superintendencia de Bancos. Esta calificación deberá ser pública y servirá de parámetro para determinar el aporte que cada banco debe hacer al FOPA. Además, se establecen nuevos límites de concentración de inversión.
Todas estas reformas pueden tener importantes implicaciones y contribuirán a mejorar la percepción que las calificadoras tienen sobre el marco regulatorio del sistema bancario. Aunque el aumento en la cuota de contribución al FOPA genera un aumento de costos que los bancos podrían trasladar al usuario mediante aumentos en las tasas de interés, ello solamente ocurriría parcialmente en la medida en que la competencia por atraer clientes obligará a las instituciones a absorber parte del referido costo. Finalmente, la disposición que obliga a los bancos a contratar y hacer pública una calificación de riesgo puede tener importantes implicaciones en las percepciones del público sobre la calidad de las instituciones financieras, y generar a partir de dichas precepciones movimientos de activos y pasivos conducentes a una mayor consolidación del sistema bancario.
El nuevo Superintendente de Bancos, Ramón Tobar, tendrá a su cargo vigilar la evolución de estas implicaciones. Le deseamos suerte en el desempeño de tan importante responsabilidad.

sábado, 21 de julio de 2012

El Numerito Clave


¿Está el gobierno muy endeudado, o aún hay espacio para adquirir más préstamos? ¿Está mal que los bancos privados le compren bonos al gobierno? ¿El tamaño del gobierno es un problema? La gravedad de la situación sólo puede aquilatarse si se centra la atención en un numerito clave: el déficit fiscal

El tamaño del déficit fiscal (la diferencia entre los ingresos y los gastos del gobierno) es la variable clave para analizar las finanzas del Estado. Hace un par de semanas tocamos este punto y hoy se hace necesario reiterarlo, pues resulta esencial para poner en perspectiva un par de temas alrededor de los cuales se están generando sendas polémicas que bien vale la pena intentar esclarecer.
Un primer tema que se está poniendo de moda es el de la prohibición constitucional vigente que impide al Banco de Guatemala concederle crédito al Gobierno. Al respecto han surgido opiniones que abogan por eliminar la referida prohibición, con el argumento de que resultaría sano que el banco central pueda entrar a competir con los bancos del sistema a fin de que el crédito al gobierno no sea tan caro para éste y se evite que los bancos obtengan ganancias indebidas aprovechándose del “monopolio” que les concede la prohibición constitucional.
La opinión antes descrita está llena de errores y falacias. Es falso que exista un “monopolio” pues los bancos compiten entre sí para otorgarle financiamiento al gobierno. También es falso que los bancos estén volviéndose millonarios a costa de prestarle dinero al gobierno, ya que el crédito concedido por los bancos al gobierno representa menos del 10% de sus activos.
Lo peor de tal argumento es que no sólo es conceptualmente pobre, sino que además desvía la atención del verdadero asunto de fondo: el déficit fiscal. Si no existiera déficit (o si dicho numerito clave estuviera permanentemente bajo control), el problema del crédito del banco central (o de los bancos privados) al gobierno sería inexistente; dado que en Guatemala los ingresos tributarios son estructuralmente bajos, el gobierno debe endeudarse para financiarlo. Eliminar la prohibición al banco central para darle crédito al gobierno no soluciona este problema, sino que solamente lo opaca, lo disfraza y pospone su solución.
Los intelectuales de izquierda y los líderes populistas que abogan por revivir el crédito del banco central al gobierno no se dan cuenta de que con ello se invisibilizaría el auténtico talón de Aquiles de las finanzas públicas (la precariedad de ingresos) y se debilitaría sustancialmente eñ argumento a favor de aumentar la carga tributaria. Y, mientras tanto, el dinero sin respaldo que emitiría el banco central para prestarle al gobierno iría minando gradualmente la estabilidad económica que se ha venido construyendo a pulso en los últimos lustros y que es una de las pocas fortalezas del país ante los ojos de la comunidad financiera internacional.
El segundo tema es el de la infame deuda flotante que, supuestamente, el gobierno debe pagar por obras de infraestructura que fueron comisionadas en años anteriores sin que existieran recursos para pagarlas. Al respecto, será importante dilucidar si la contratación de dicha obra fue legal o ilegal, así como verificar si tal obra realmente existe, si era necesaria y si cumple con los estándares mínimos de calidad.
Una vez verificado lo anterior, podrá saberse a cuánto asciendo el monto que el gobierno va a pagar por concepto de obras de infraestructura realizadas en el pasado, monto que, inevitablemente, impactará en el numerito clave: el déficit fiscal.
En efecto, en el instante en que el gobierno reconozca que se ejecutó obra pública que no estaba presupuestada o que, habiéndolo estado, no se pagó durante el período en que correspondía hacerlo, en ese instante se reconocerá también que el déficit fiscal fue mayor de lo que oficialmente se había calculado.
De manera que si, por ejemplo, se decide reconocer y pagar una deuda flotante de, digamos, Q4 mil millones, habrá que aumentar en ese mismo monto el déficit fiscal: si, por ejemplo, se pagara dicho monto en 2012, el déficit fiscal de este año ya no será equivalente al 2.5% del PIB, sino que alcanzará un 3.5%, el nivel más alto en más de una década, que excedería por mucho los niveles de déficit considerados como sostenibles e implicaría un aumento alarmante en el endeudamiento público.
La gravedad de estos asuntos sólo puede aquilatarse en su justa dimensión si se centra la atención en ese numerito clave, el déficit fiscal, que nos dice tanto pero que, consciente o inconscientemente, preferiríamos no tener que ver.

domingo, 3 de abril de 2011

Aquí Nadie Quiebra

Una señal de madurez en cualquier economía consiste en aceptar que la quiebra financiera de una empresa es un desenlace normal en el sistema capitalista de producción. No se trata de un pecado que amerite la pena de muerte para el empresario, sin oque se trata de un fracaso cuya ocurrencia puede ser necesaria para disciplinar al mercado y que puede, a fin de cuentas, producir los incentivos correctos para que los emprendedores aprendan su lección y se vuelvan más eficientes. Uno de los más conspicuos signos del atraso económico guatemalteco es la total ausencia de un maco legal que reconozca y facilite los procesos de bancarrota.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

AQUÍ NADIE QUIEBRA
Se requiere de un cambio de mentalidad respecto de cómo la sociedad valora la quiebra de una empresa

En las últimas décadas ninguna empresa guatemalteca ha cerrado por quiebra, según consta en los registros de los tribunales de justicia. Ello no se debe a que los empresarios guatemaltecos sean excepcionalmente exitosos –en comparación con los de otros países donde las quiebras son pan de cada día-, sino a que en nuestro país no existe un procedimiento legal adecuado que permita a las empresas y a sus acreedores enfrentar adecuadamente la amenaza de una bancarrota.

El vacío legal existente en materia de insolvencias y quiebras hace que los empresarios guatemaltecos que enfrentan este tipo de problemas opten por abandonar sus empresas, como si de casas embrujadas se tratara, para esperar que mueran de inanición, con tal de no recorrer el incierto, oneroso y tortuoso camino de una liquidación legal cuyas reglas están incoherentemente dispersas en la legislación vigente.

Esta muestra clara (¡otra más!) de nuestro subdesarrollo jurídico y económico contrasta con las normas y procedimientos vigentes desde hace tiempo en los países más avanzados (el ejemplo más conspicuo es el de la legislación de quiebras de los Estados Unidos) y, más recientemente, en muchos países emergentes (en Latinoamérica destacan los ejemplos de la moderna normativa sobre esta materia vigente en Argentina, Brasil y Uruguay).

Lo que buscan las mejores prácticas en materia de insolvencia a nivel mundial es permitir que las empresas que enfrentan una bancarrota continúen operando, bajo supervisión legal, a fin de generar recursos para pagar a sus acreedores (incluyendo a sus empleados) y minimizar así el daño que una quiebra pueda causar al sistema económico y a la sociedad. Ello requiere distinguir entre empresas que aún son viables financieramente y aquellas que están desahuciadas. A las primeras se les da una última oportunidad para reestructurarse, mientras que a las segundas se les tutela en un proceso ágil de liquidación de sus activos para pagar sus deudas.

La adopción de estos enfoques modernos en un país como Guatemala requiere, sin duda, de un cambio de mentalidad respecto de cómo la sociedad valora la quiebra de una empresa, en el sentido de que la bancarrota debe ser tratada con cierta indulgencia, no como un pecado que amerita proscribir de la vida empresarial a aquellos que fracasan en un negocio, sino que verlos como desafortunados que merecen una segunda oportunidad.

Contar con procedimientos adecuados para enfrentar la insolvencia de las empresas repercute positivamente en la competitividad y eficiencia de la economía. La posibilidad de quiebra es un incentivo para que los empresarios se esfuercen en ser eficientes, pero el temor a ella no debe convertirse en un desincentivo para emprender nuevos negocios. La existencia de reglas claras y expeditas para enfrentar la bancarrota puede animar a potenciales empresarios a empezar nuevos negocios y a aquellos que han fracasado a intentarlo de nuevo. Puede reducir el desempleo al mantener operando a empresas que aún son viables. Puede, incluso, mejorar la eficiencia del mercado crediticio, pues ya no sería tan importante como lo es ahora el contar con garantías reales para tener acceso al crédito bancario.

Por lo anterior, resulta justificado y oportuno impulsar una reforma legal para ordenar el tratamiento de la bancarrota en el país, esfuerzo que la Fundación para el Desarrollo de Guatemala –FUNDESA- ha iniciado como parte del seguimiento que dicha entidad hace a las acciones necesarias para que Guatemala mejore su calificación en el índice Doing Business que calcula el Banco Mundial. En dicho índice se considera que, efectivamente, el tratamiento expedito de las insolvencias es un componente esencial de un buen clima de negocios en cualquier país.

El esfuerzo por establecer un régimen moderno para el tratamiento de la bancarrota se vislumbra arduo: se trata de darle una sacudida a nuestro sistema legal letárgico; de cambiar la actitud social hacia la bancarrota; y, de darle una salida al empresario honesto pero desafortunado, sin abrírsela al tramposo y abusivo. La modernización del sistema mercantil del país pasa por facilitar la reestructuración o el cierre ordenado de los negocios fallidos, que es, a fin de cuentas, el mejor incentivo para emprender otros nuevos.

Comentarios de los Lectores

Para que un empresario acepte

Para que un empresario acepte la supervisión legal, debiera tener sus cuentas claras y sus impuestos en orden. ¿Qué porcentaje de empresas guatemaltecas llenarán estos requisitos?

Ojalá fuera tan fácil. El

Ojalá fuera tan fácil. El problema es que las mafias de abogados y los "empresarios" que solamente constituyen empresas fantasmas para estafar y evadir al fisco van a oponerse a cualquier reforma al esquema de quiebras. Sin embargo, habrá que hacer la lucha

viernes, 21 de enero de 2011

La Política Monetaria para 2011

La Junta Monetaria aprobó recientemente la Política Monetaria, Cambiaria y Crediticia para 2011. Al analizarla nos damos cuenta de que la misma no presenta mayores innovaciones ni cambios abruptos de rumbo: está aburrida, pues... Y, precisamente, así es como debe ser...
§ POLÍTICAS PÚBLICAS

POLÍTICA MONETARIA PARA 2011

Los relevos en la presidencia del banco central suelen generar incertidumbre respecto de posibles alteraciones en el rumbo de la política monetaria; máxime cuando, como en el caso más reciente, el nuevo presidente del Banco de Guatemala –Banguat-, nombrado en septiembre pasado, es un personaje no sólo cercano al Presidente de la República y a su esposa, sino que también integró el equipo técnico del partido de gobierno durante la campaña electoral pasada.

Las dudas que dicho nombramiento pudieran haber generado en relación con la autonomía del banco central y el futuro de la política monetaria han estado aclarándose desde entonces. Una prueba de fuego que se esperaba con gran expectativa era el anuncio de la política monetaria que la Junta Monetaria aprobó para 2011. Tratándose de un asunto con ribetes eminentemente técnicos, siempre causa cierto nerviosismo que los políticos intenten influir sobre la formulación de la política monetaria a fin de lograr sus objetivos electorales

Afortunadamente, tanto Edgar Barquín (el nuevo presidente del banco central) como el propio Presidente Colom (a través de sus ministros que hacen parte de la Junta Monetaria y de su decisión de volver a nombrar a Julio Suárez como Vicepresidente del Banguat) han optado por mantener la prudencia en la política monetaria de 2011 y por evitar cambios bruscos en la misma.

Entre las leves modificaciones que la Junta Monetaria aprobó para 2011 está una ligera ampliación en la banda de fluctuación cambiaria que define cuándo el banco central puede intervenir para moderar las variaciones del tipo de cambio, y un ajuste al peso que la propia Junta asigna a los indicadores que disparan sus decisiones sobre la tasa líder de interés. Se trata de cambios modestos, pero que están en línea con el gradual fortalecimiento del régimen de metas explícitas de inflación.

Si bien es cierto que las acciones de política monetaria planteadas para 2011 pudieron haber sido un poco más ambiciosas –especialmente en materia de reformar los mecanismos operativos de la política monetaria en el mercado de dinero a efecto de la misma se transmita más rápidamente a la economía-, también lo es que el enfoque de “no mover maicitos” en un año electoral habla bien de la solidez institucional del Banguat y del enfoque técnico de sus funcionarios, lo cual coadyuva a que la política monetaria no sea cortoplacista y a que el banco central haga valer la autonomía de la que goza por mandato constitucional.

Sin embargo, la continuidad de una política monetaria de pocas fluctuaciones se verá condicionada por, al menos, tres factores previsibles. En primer lugar, de mantenerse el aumento en el precio internacional de los alimentos, la inflación doméstica –que es la meta central de la política monetaria- podría verse presionada y requerir dolorosos ajustes monetarios contractivos.

En segundo lugar, si los flujos de capital hacia el país continúan, el tipo de cambio podría seguir experimentando una tendencia a la apreciación en detrimento de la competitividad de las exportaciones, lo cual incrementaría las presiones que esta clase de fenómenos genera para que el banco central intervenga y evite que el tipo de cambio se reduzca.

En tercer término, y quizá más importante, está el riesgo de que el desequilibrio estructural de las finanzas públicas empeore durante el año electoral, con un aumento en el déficit fiscal y en la deuda pública que podrían presionar sobre la tasa de interés doméstica o sobre el nivel general de precios. Precisamente para minimizar la incertidumbre asociada a estos riesgos era crucial contar con un programa macroeconómico precautorio avalado por el Fondo Monetario Internacional.

Lamentablemente, las autoridades económicas del país han manifestado no tener prisa en firmar un acuerdo de este tipo por no considerarlo urgente; extraoficialmente, sin embargo, se sabe que el principal obstáculo para un acuerdo de esta naturaleza estriba en la dificultad de hacer explícita la deuda flotante generada por la construcción desfinanciada de obra pública, pues ello obligaría a asumir el compromiso (políticamente incierto) de reducir dicha deuda.

Pocas veces ha sido tan claro como ahora que la mejor política monetaria es una prudente política fiscal.

Comentarios de los Lectores

JORGE MUÑOZ 18-01-2011 08:56:59 horas
Este país su política monetaria se la debe a los gringos luego a las remesas del extranjero de los chapincitos en el norte, al turismo, a la agricultura en menor escala, lamentablemente aquí no producimos nada, solo fabricamos seres humanos para exportación.

Luis Angel Fuentes 18-01-2011 09:01:13 horas
Pero la pregunta es a quién le genera incertidumbre los relevos porque la señora Bonilla no hizo bien su trabajo al saber lo que se hacía en el banco de comercio y no hizo nada. Yo creo que esa incertidumbre de la que habla es para las familias dueñas de bancos que ya no tienen quien les secunde en sus sucias jugadas. Barquín no llegó porque si, si no porque ha demostrado que es suficientemente capaz de estar al frente del banco y no responder a los intereses oligarcas, sino a los del pueblo.

Valeria Donis 18-01-2011 09:03:08 horas
Pero hasta donde se la macroeconomía del país son positivos y sólidos, por lo mismo se ha tenido el reconocimiento internacional de instituciones financieras, y esto ayudaría al país a que sea un país bien certificado para la inversión por las instituciones que califican el riesgo país, porque habría que caer en hacer un convenio con FMI si es un crédito y lo que se quiere es que el país no incremente su deuda externa, pues nos hace más dependientes de países y organismos que al final solo frenan cualquier acción interna.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Lecciones del Tigre Domado

El gobierno tuvo una actitud cada vez más tolerante y despreocupada respecto del déficit fiscal: "todavía no está tan alto", decían. "Vale la pena endeudarse un poco más, pues es por una buena causa", se justificaban. Al final de cuentas, la deuda pública creció tan rápidamente, en un entorno internacional desfavorable y una actividad productiva escuálida, que ya no fue posible seguir endeudándose y se cayó en una crisis macroeconómca severa. Eso sucedió en Irlanda, pero es bueno poner las luces de alerta sobre el nivel de déficit el crecimiento de la deuda en Guatemala, no vaya a ser...

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

LECCIONES DEL TIGRE DOMADO

Alguna vez se llegó a conocer a Irlanda como “el Tigre Celta”, debido al asombroso crecimiento que vivió en la década de los noventa, cuando su economía alcanzó y superó los estándares de vida de la Unión Europea, lo cual hizo creer a los irlandeses que su nivel de vida y el valor de sus activos continuarían creciendo indefinidamente. Y tal vez lo habrían podido logar, si tan solo la política fiscal, la gobernanza de los bancos y la supervisión financiera no hubiesen sido tan laxas y no hubiesen dejado a la economía tan vulnerable a los choques externos e internos.

A partir de 2003 esa laxitud empezó a manifestarse en un acelerado crecimiento del crédito bancario, un auge en la construcción, un aumento del gasto público y un incremento del déficit externo, que configuraron una gigantesca burbuja inmobiliaria que sólo esperaba un leve pinchazo para reventar.

Contagiado por la crisis internacional de 2008, el sector inmobiliario irlandés colapsó y su sistema bancario cayó en quiebra. El gobierno decidió rescatar a los bancos con dinero del presupuesto pero, como no habían sido previsores en los tiempos de bonanza, el Estado se vio forzado a endeudarse para seguir operando. Conforme las finanzas públicas se deterioraban, al tiempo que la economía continuaba sin recobrarse, el ritmo del endeudamiento y del déficit fiscal se hizo insostenible.

Lo que empezó como una crisis del sistema bancario se convirtió hoy en un descalabro absoluto de la economía irlandesa. La Unión Europea entró en pánico ante el temor de que esto se contagiara a otros países y sistemas bancarios de la región. El Fondo Monetario Internacional fue llamado al rescate y, junto con las autoridades económicas europeas, diseñó un estricto programa de ajuste estructural para tener acceso al millonario financiamiento (de más de 50 millardos de euros) que se necesita para rescatar a la economía de Irlanda.

El plan de ajuste obliga al gobierno irlandés a disminuir drásticamente el gasto público a fin de reducir tanto el déficit fiscal (del nivel actual de 32% del PIB, a 9.1% en 2011 y 3% en 2014), como la deuda pública (del 102% del PIB para 2013 a 100% para 2014).

Esta caída del gasto público implicará reducir los programas de protección social, las jubilaciones y el número de empleados públicos, todo lo cual será complementado con un aumento de impuestos para generar más ingresos al fisco.

Lo que este tipo de programas de austeridad pretende es, por un lado, reducir los niveles de consumo doméstico para que abunden más las divisas que permitan pagar la deuda externa y, por otro, restituir la credibilidad del gobierno de cara a honrar sus compromisos de deuda, de manera que recobre su capacidad de ser sujeto de crédito. Aunque en el largo plazo estos programas suelen recobrar la viabilidad económica de los países, en el corto plazo causan un deterioro en las condiciones de vida de la población y suelen provocar, como en Irlanda, descontento social y e ingobernabilidad.

De la caída del otrora Tigre Celta surgen varias lecciones. Aparte de las obvias enseñanzas respecto a que nunca debe descuidarse la regulación bancaria a nivel sistémico y siempre deben aprovecharse los tiempos de bonanza para generar superávit fiscales, también pueden extraerse enseñanzas pertinentes para países como Guatemala. Una de ellas es que el aumento desmedido del déficit fiscal y el crecimiento acelerado de la deuda pública pueden dañar gravemente la viabilidad de las finanzas públicas y arruinar la estabilidad macroeconómica. Igual de importante es evitar que el endeudamiento público se utilice para financiar gastos de funcionamiento (como el rescate de bancos en el caso de Irlanda, o las transferencias de efectivo en el caso guatemalteco), en vez de invertirlo.

Tales prácticas no son sólo técnicamente erróneas, sino que resultan peligrosas pues, tarde o temprano, terminan por obligar a que se aplique un plan de ajuste y austeridad que para el ciudadano irlandés promedio puede impedirle renovar su refrigeradora (o su televisión, o su carro) durante un par de años; pero para un guatemalteco, un programa de austeridad de ese tipo puede implicar el riesgo de no poder comprar comida con qué llenar su refrigeradora.

Comentarios de los Lectores
sergio licardie V 30-11-2010 08:50:59 horas
Son clásicos efectos del "chambitalismo" crear masivamente empleos para la distribución del ingreso y demagógicamente otorgar prebendas sociales sin base económica suficiente. La carga cae sobre los trabajadores (generan sus ingresos) y los inversionistas, mientras los empleados (consumen ingresos). Se acosa al mercado y sus beneficios, se confiscan empresas que no pueden administrar, los empleados se empoderan llegando a crear huelgas nacionales afectando la economía nacional, la producción.

Pablo Urrutia 30-11-2010 10:08:28 horas
En Guatemala ya ocurrió este tipo de sucesos, muchos inversionistas fueron estafados por la regulación del mercado de capitales con el código de comercio. Las benditas ideologías nacionales.Hay estudios que dadan indicaciones que Irlanda iba por mal camino, pero nadie hizo caso, no son estrictamente lecciones cuando los financieros influyeron en las decisiones de política y pagaron investigaciones, ellos hicieron sus cuentas y en caso de fallar, igual ganaban.

ROBERTO LOPEZ PORRAS 30-11-2010 10:49:07 horas
La lección de la crisis Europea es la sobrevaloración del Euro, producto de un error y ello ha obligado a los países a desarrollar una política de desarrollo hacia adentro especialmente en la construcción y el turismo intraEuro, ya que la tasa de cambio alta no favorece las exportaciones, ni el turismo receptivo. Europa tiene una capacidad instalada ociosa por la crisis y por el Euro sobrevaluado. Ello ha llevado a los gobiernos a operar con deficitarios y nueva deuda que se suman a la crisis.

Marco Antonio Villeda Sosa 30-11-2010 19:21:50 horas
De que milagros dicen ahora, el milagro es comer como me decia alguna vez un Chileno, por desgracia los neoliberales parecen endiosar todo y aunque crean o no en dios son participes de endiosar un sistema neoliberal corrupto capitalisa que no informa de lo que sucede con cada empresa con cada ciudadano o ciudadana de su nacion si eso no fuese asi, Irlanda y la nacion que sea con transparencia y dignidad tuviesemos unas naciones con prosperidad y riqueza y con empresas privadas con dignidad.

jueves, 15 de abril de 2010

Inclusión Financiera

Las microfinanzas son un instrumento poderoso para incorporar a los pobres al proceso productivo, a los mercados y a la vida ciudadana. Cuando una mujer que ha estado excluida de la vida productiva se encuentra con que puede contar con un microcrédito para invertir en su pequeño negocio, o que puede ahorrar una mínima parte de sus ingresos para prevenir cualquier emergencia (o simplemente para celebrar los quince años de su hija), descubre un mundo nuevo de posibilidades de crecimiento como persona y como ciudadana. Las microfinanzas no son panacea ni la solución mágica para salir de la pobreza, pero sí son una herramienta muy útil para transitar por el camino del desarrollo sostenible.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
INCLUSIÓN FINANCIERA

El acceso al crédito y al ahorro contribuye a reducir la pobreza cuando se usa efectivamente en actividades que generan ingresos o disminuyen riesgos. Esa inclusión financiera resulta crucial para habilitar a las mipymes para que se incorporen a la dinámica económica nacional. La literatura sobre microfinanzas subraya cómo las imperfecciones del mercado financiero impiden a los pobres obtener préstamos garantizados con sus ingresos futuros, por lo que no pueden invertir ni crecer económicamente. De allí la importancia de mejorar el acceso a las microfinanzas, especialmente en el área rural. En los últimos veinte años las microfinanzas han impulsado una expansión de los servicios financieros hacia los más pobres. Sin embargo, la demanda insatisfecha de servicios financieros es todavía enorme: algunos estudios estiman que el 68% de los adultos guatemaltecos están excluidos de tales servicios. Tal exclusión financiera inhibe a los más pobres en su habilidad de construir patrimonio, incrementar sus ingresos y administrar la incertidumbre asociada a sus actividades económicas.
La falta de acceso al crédito se debe, entre otras causas, a que los interesados (especialmente en el caso de las mujeres y los campesinos) no cuentan con documentos de identidad personal, no tienen títulos de propiedad que respalden el financiamiento o no poseen información adecuada sobre el manejo de créditos, por lo que muchos ni siquiera se atreven a solicitarlos. La oferta de servicios financieros, por su parte, es limitada en el área rural debido a factores tales como la débil infraestructura institucional, el tamaño de los mercados locales que no pueden soportar los costos fijos relacionados con las tecnologías bancarias, o las limitaciones que impone la normativa jurídica que limita el desarrollo lícito de formas alternativas de acceso al crédito. La Encuesta de Condiciones de Vida –ENCOVI- revela que los pobres del área rural del país recurren a préstamos para financiar sus actividades agrícolas y, en ocasiones, para suavizar su consumo (para atender emergencias o gastos médicos). Estos servicios pueden ser informales o formales. Los primeros tienen mayor flexibilidad e inmediatez, pero carecen de la confiabilidad, seguridad y mejor precio que normalmente ofrecen los servicios financieros formales. Por lo tanto, un reto crucial para las políticas públicas es promover el acceso a servicios financieros formales que sean tan flexibles e inmediatos como las herramientas informales, pero que sean también confiables, seguros y baratos.La inclusión financiera puede favorecerse creando un ambiente regulatorio propicio al desarrollo de las entidades proveedoras de servicios financieros. En tal sentido, conviene retomar el esfuerzo de promulgar un marco legal que permita dar certeza jurídica a la operación de las entidades de micro-crédito, las instituciones de micro-finanzas y las cooperativas de ahorro y crédito. Las regulaciones deberían incluir normas relativas al conocimiento de los clientes y al combate del lavado de activos o de la comisión de otros fraudes y delitos; también deberían velar por aspectos operativos tales como la existencia de guías para mejorar la solidez patrimonial de las entidades financieras. El objetivo sería crear un marco jurídico que permita a las entidades extender sus servicios financieros formales a los pobres, sin descuidar los niveles de riesgo de tales operaciones. Aunque grandes sectores de la población aún están excluidos del acceso a servicios básicos de ahorro y crédito, la creciente competencia y sofisticación en la gama de productos disponibles está cambiando el panorama de las microfinanzas, por lo que se requiere de políticas públicas que apoyen la maduración de esta industria mediante la acción complementaria del sector privado y del gobierno: aquél como una fuente permanente de innovación de productos y procesos, y éste en su rol de facilitador del funcionamiento y desarrollo del mercado.

Comentarios de los lectores

Luis Arriaza 13-04-2010 17:55:15 horas
Muy interesante columna como siempre. Sin embargo Mario Alberto, también se debe tomar en consideración los aspectos culturales y de educación en el área rural, los cuales son también un impedimento para el crecimiento de la bancarización y el acceso financiero.

Mynor Rene Flores 13-04-2010 19:52:59 horas
Excelente artículo lo felicito, me gustaría que escribiera más al respecto. En mi opinión el sistema financiero está diseñado para favorecer una élite que se presta el ahorro nacional, créditos vinculados, créditos de consumo (tarjeta de crédito) que sólo permite esclavizar a tarjetahabiente y no se avanza en lo verdaderamente virtuoso que sería el crédito productivo con baja tasa de interés y que generaría fuentes de empleo.

jueves, 14 de enero de 2010

Banco Central Bajo Ataque

La batalla que está librando el Presidente del Banco Central de Argentina contra la presidenta de su país es muy ilustrativo de lo peligros que corren las instituciones en nuestras frágiles democracias, así como de la poca importancia que dichas instituciones entraña para los políticos miopes (como la señora Kichner). Un verdadero estadista privilegia el respeto y el fortalecimiento de las instituciones como un fundamento del Estado, pues sabe que, en el largo plazo, su gestión como mandatario será juzgada por lo que haya hecho para construir dicho Estado y no por lo que haya logrado para captar votos baratos en las próximas elecciones. Les recuerdo que pueden consultar mis columnas anteriores (especialmente para aquellos que padezcan insomnio o que sean masoquistas) en el blog http://economistalugubre.blogspot.com/

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

BANCO CENTRAL BAJO ATAQUE
La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, ha emprendido un ataque frontal contra el presidente del banco central argentino, Martín Redrado, debido a la negativa de éste último de trasladar parte de las reservas monetarias internacionales del banco al gobierno central para que las utilice en el pago de su deuda externa. En el conflicto que se ha generado, que incluye un intento de destituir al banquero central mediante decreto de la presidenta, existen muchas aristas que, como en toda confrontación política, se prestan a múltiples interpretaciones y opiniones; en este caso, sin embargo, la razón asiste –no me cabe duda- a Redrado, tanto desde un punto de vista puramente técnico, como desde la perspectiva de los más altos intereses del Estado.
La idea de utilizar las reservas monetarias que administra el banco central para pagar deuda externa, aunque intuitiva o superficialmente pueda parecer adecuada, es técnicamente muy compleja y, la mayoría de veces, inconveniente. En nuestros países, las reservas las acumula el banco central luego de comprarle al gobierno central las divisas que éste obtuvo mediante préstamos externos, dándole a cambio el equivalente en moneda nacional para que los gaste en inversión pública. Con el tiempo, el gobierno debe obtener los recursos en moneda local para adquirir del banco central las divisas con que ha de pagar su deuda externa. Pretender que el banco central le dé gratis esas divisas es, simplemente, un asalto al patrimonio nacional. Es como si un jefe de hogar se endeudara para comprar una casa, y luego decide vender esa casa (o partes de ella) para pagar las mensualidades del préstamo, dejando a fin de cuentas más pobre a la familia.
Pero más allá de las consideraciones técnicas, el irrespeto a las instituciones del Estado que entrañan actitudes como las de la señora Kirchner, es uno de los pecados más graves que los gobernantes latinoamericanos suelen cometer. Violentar las leyes, intentar la remoción de los jefes de las entidades autónomas que tienen un mandato y un plazo específicos, y ansiar la politización de las decisiones técnicas son todas actitudes que dañan el estado de derecho, que minan la institucionalidad pública y que debilitan, a fin de cuentas, al propio gobierno. Si bien es cierto que el propio Redrado tuvo al principio de su mandato una actitud ambigua en cuanto a la necesaria independencia que cualquier presidente de un banco central debe mostrar respecto del gobierno, hoy debe reconocerse la meritoria y digna actitud de resistencia que ha sabido mantener ante las ilegítimas pretensiones de la presidenta.Ahora la solución de este caso está en manos de las cortes argentinas y allí, como en nuestros propios sitios tropicales, cualquier cosa puede ocurrir. Hace unos días, callejeando por la ciudad de Nueva York con mis hijos, nos preguntábamos como esa metrópolis, tan abrumadora y aparentemente caótica podía ser, al mismo tiempo, tan funcional, admirable y, francamente, deliciosa. La respuesta la vimos inscrita en el frontispicio de la Corte Suprema del condado: “La administración cierta de la justicia es el principal pilar del buen gobierno”. Ojalá que en el caso del Banco Central de Argentina, como en cualquier otro lugar donde el Ejecutivo pretenda asaltar las instituciones autónomas del Estado, prevalezca ese pilar de buen gobierno.

OPINIÓN DE LECTORES

Juan José Micheo Fuentes 12-01-2010 09:33:16 horas
Es correcto lo indicado por el Lic. García Lara en relación con que es un asalto acceder a las reservas internacionales para pagar deuda pública externa, la única manera de hacerlo vía el Presupuesto Nacional, encontrando los recursos específicos necesarios para hacer dicha operación financiera. De acuerdo también en que violentando el Estado de Derecho vamos camino a dictaduras e imposiciones antidemocráticas. Qué bueno que nos ilumine con criterios técnicos bien interpretados y bien pensados.

marta altolaguirre 12-01-2010 16:36:08 horas
Excelente comentario. La tendencia de Presidentes electos a pasar encima de los límites que la ley les impone y a manejar el Estado como les viene en gana es una corriente dictatorial. Mis respetos a la jueza que resolvió en favor de la ley y los intereses nacionales aún cuando le implicó enfrentarse a la poderosa pareja en el poder. Ojalá aquí tengamos funcionarios judiciales con esa integridad y valentía.

Licenciado Mario Garcia Lara:

Lo felicito por su excelente artículo “Banco Central bajo ataque” publicado en Siglo 21 el Martes 12 de Enero. Yo se lo agradezco en nombre del pueblo de Guatemala.

Atentamente,
Arturo Villagrán
Subscriptor de Siglo 21Lector de su columna

domingo, 10 de enero de 2010

Lecciones para 2010

Con esto de ponerse uno reflexivo y sentimental con el Año Nuevo (pues no creo que haya sido la resaca de las fiestas ni la modorra del viaje de vuelta a casa), se me ocurrió centrar la primera columna del año en torno a las lecciones que debemos extraer de la crisis económica mundial de los dos años anteriores. No me refiero a las lecciones para los economistas, para los tecnócratas ni para los políticos sino, más ampliamente, a las lecciones para el ciudadano de a pie, de las cuales pueden existir muchas, ciertamente. Pero creí conveniente enfatizar en dos de ellas: que la riqueza no consiste en los títulos valores o cuentas bancarias que poseamos, sino en los bienes y servicios tangibles que podamos adquirir; y, que la humanidad siempre tendrá entre sus miembros a seres tramposos y malintencionados, por lo que es menester que las actividades económicas estén basadas sobre un conjunto de valores éticos aceptado y respetado por la mayoría (particularmente por los principales actores del mercado). No sé si es mucho pedir, pero creo que hay que hacer la lucha...

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

LECCIONES PARA 2010

A fines de 2009 la polvareda de la recesión mundial empezó a disiparse y se hizo evidente que el nuevo año experimentará una lenta y dolorosa recuperación económica mundial. Aunque parece que la economía internacional superó el riesgo de una grave depresión como la de los años 30 del siglo pasado, bien vale la pena extraer lecciones de los eventos que desencadenaron la crisis. El auto-engaño en que incurrieron los banqueros y los compradores de vivienda en los países desarrollados es una faceta central de la crisis, lo mismo que la otra cara de esa medalla: la incapacidad de los reguladores del mercado financiero para evitar que los excesos de aquéllos pusieran en riesgo la estabilidad del sistema. Si bien, como decía Hayek, el libre mercado es una máquina estupenda para procesar y transmitir información, no es extraño que a veces se presenten fallas en su funcionamiento.

Una prueba de esas fallas es, por ejemplo, que los precios al alza de las viviendas (el sector que desencadenó la crisis) debieron desincentivar su compra; en la práctica, los compradores de vivienda vieron en dicho aumento una señal de futuras ganancias y, como en una horda acicateada por la disponibilidad de créditos blandos, aumentaron la demanda y generaron una burbuja especulativa. Y los mercados también fallan cuando, por desidia o mala fe, la información no fluye y los vendedores (por ejemplo) saben más que los compradores acerca de las características del producto transado, lo que hace que su precio no refleje todos los costos (incluyendo los sociales) incorporados en su producción. Por ello la corriente principal del pensamiento económico actual se inclina por lograr un mejor equilibrio entre la libertad individual de emprender y la responsabilidad gubernamental de vigilar el desempeño del mercado.

Pero aparte de la discusión sobre las virtudes y defectos del libre mercado, existen dos lecciones de la crisis que merece la pena aprender para el nuevo año, y más allá. La primera es que la verdadera riqueza no yace en los productos financieros, sino en los bienes y servicios que deseamos consumir o en las cosas (fábricas, maquinaria, mano de obra calificada) que nos dan la posibilidad de producir más de tales bienes y servicios. Los activos financieros (depósitos bancarios, bonos, acciones) surgen del deseo de posponer el consumo, de manera que el dinero puede ser ahorrado por motivos precautorios o especulativos: los valores financieros no son riqueza, sino solamente títulos representativos de la misma.

La segunda es que algunas de las fallas del mercado que se revelaron en la crisis se produjeron por mala fe. La economía de mercado no puede funcionar adecuadamente si no está basada en un conjunto de valores ampliamente aceptado y éticamente fundamentado. La regulación estatal, aunque sea necesaria, no es la única solución. Se necesita que los líderes empresariales del mundo pongan el ejemplo de un comportamiento íntegro, que la formación de los gerentes incluya una cultura de buen gobierno corporativo (con comités de ética y de auditoría independientes), y que las empresas forjen vínculos con los demás actores de la sociedad. Y, sobre todo, que comprendamos que la riqueza de una nación se construye con perseverancia, esfuerzo y productividad, y no a través del dinero fácil proveniente de negocios riesgosos y moralmente cuestionables.

CUANDO EL BOLSILLO VOTA

Cuando el ingreso se reduce, el populismo florece ofreciendo soluciones ilusorias Existe una diferencia importante entre inflación y percepc...