Mostrando entradas con la etiqueta Feriado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Feriado. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2015

Se Busca un Líder Como Simeone

¿Es posible para un Estado como el guatemalteco extraer lecciones del liderazgo del “Cholo” Simeone?

Aprovechando los aires veraniegos, divaguemos un poco sobre lo que un país como el nuestro, hambriento de liderazgos inspiradores, puede extraer como lecciones desde el lejano ambiente del futbol profesional; ese donde el líder de moda es un hombre que convirtió a una institución fallida y destrozada por dentro, en un ejemplo de resurrección y esperanza.
Bajo el liderazgo de Diego “el Cholo” Simeone, el club Atlético de Madrid no sólo recobró el prestigio perdido, sino que logró obtener más títulos en sus tres años como entrenador que todos los que el club obtuvo en los 25 anteriores. ¿Es posible para un Estado como el guatemalteco, que coquetea con el colapso y el suicidio colectivo, extraer lecciones del liderazgo de Simeone?
Son cinco las claves de ese liderazgo que, si fueran adoptadas por nuestros dirigentes, quizá conjurarían el espectro del Estado fallido. La primera clave es creer que se puede. El Cholo encontró un Atlético de Madrid en decadencia, con una dirigencia corrupta y sin credibilidad, financieramente deficitario y con muy escasos logros (hasta con un descenso breve a segunda división). Algo parecido a nuestro país.
El Cholo, que había conocido otro Atlético distinto (luchador en las adversidades, capaz de hacerle frente a los más grandes –con muchos menos recursos- y orgulloso de su historia), le inyectó a jugadores, dirigentes y afición un espíritu de optimismo, de fe en sí mismos e ilusión compartida. Y les dijo a todos que “el que no crea, que no moleste”. Cuánto bien le haría a Guatemala, sumida en la anomia y el cinismo colectivo, un liderazgo que nos hiciera creer que podemos ser un país exitoso; que podemos ser una sociedad más próspera y solidaria; que podemos decirle al que no quiera compartir esa fe que no moleste.
La segunda clave es el trabajo en equipo. Simeone encontró un club dividido en facciones, donde cada quien se conformaba con dar lo mínimo y nadie confiaba en nadie. Parecido a la Guatemala de hoy. Pero el Cholo, así como inyectó optimismo, también infundió una buena dosis de realismo: sólo el trabajo duro produce frutos; sólo con perseverancia se puede mejorar. Contrario a lo que prometen los políticos tercermundistas, no hay soluciones mágicas. Eso significa, lo mismo para un club de futbol que para una sociedad, que el trabajo en equipo implica que cada quién haga lo que le toca y contribuya con lo que el otro hace.
La tercera clave es la ilusión por ganar. El Atlético que encontró Simeone se arrastraba en la mediocridad de la media tabla; y, ante la frustración generalizada, tenía más de diez años de no vencer a su más acérrimo rival (el otro equipo de Madrid). Como Guatemala, que tiene años de no salir de los peores lugares en los índices de desarrollo humano, de competitividad o de transparencia. Pero el Cholo devolvió la ambición  a su equipo, les inculcó un estilo y unas señas de identidad  a las cuales se aferraron hasta lograr el éxito. Eso sí, con flexibilidad, dispuestos a adecuarse a las circunstancias, sin perder de vista su objetivo: ser tan competitivo como los otros y, de paso, vencer de nuevo –y repetidamente- a su rival histórico.
La cuarta clave es ir partido a partido. Al sumar fe, trabajo y ambición, resulta importante ahuyentar los fantasmas del pasado tanto como los del futuro. Lo que importa es el próximo partido; no el de ayer ni el de mañana. Para Guatemala, eso significaría dejar en el pasado los traumas de la confrontación y no angustiarse porque otros países nos lleven la delantera; concentrarnos en lo problemas de hoy: la corrupción, la desnutrición y la debilidad institucional. Si vamos partido a partido podemos mantener la visión de largo plazo pero centrando los esfuerzos en los temas urgentes del momento.
La quinta clave es pasión y orgullo. Simeone sabía cuando llegó como entrenador que, pese a sus horas bajas, el Atlético de Madrid era un equipo altivo, de arraigo y tradiciones; con un pasado del cual enorgullecerse y con una base social valiosa. Como Guatemala, pues. Y a partir de ese orgullo y de esa base pudo recobrar la dignidad y obtener éxitos, partido a partido. Quizá reflexionando sobre estas trivialidades durante el descanso de Semana Santa, podamos ser capaces de pensar que con un liderazgo de ese estilo tal vez Guatemala tendría un mejor futuro.

viernes, 8 de julio de 2011

El Traslado del Asueto

Tanto esfuerzo que lleva aprobar una ley, para que cuando por fin la aprueban resulte que los diputados decidieron que de los 11 y medio días de asueto existentes en Guatemala, solamente uno (el mal llamado Día del Ejército) podía trasladarse a lunes o viernes cuando caiga entre semana. Para un huevo que ponés, tanta bulla que metés...


§ POLÍTICAS PÚBLICAS
EL TRASLADO DEL ASUETO



El descanso extendido puede impulsar el turismo local y promover un contacto directo con el patrimonio cultural 
Por primera vez en nuestra historia, el asueto correspondiente a la conmemoración de la Revolución del 30 de junio de 1871 se trasladó al viernes, en cumplimiento del Decreto 42-2010 que el Congreso aprobó en octubre del año pasado, lo cual generó una serie de reacciones. Se oyeron de nuevo algunas voces que opinan que en nuestro país hay muchos “feriados” y que estos deberían reducirse. Otros, en cambio, estuvieron a favor no sólo de los asuetos sino de la disposición de transportarlos al día hábil más próximo al fin de semana.
En realidad, Guatemala no tiene un excesivo número de asuetos oficiales en comparación con otros países, aunque las prácticas en este sentido varían ampliamente de un país a otro. Por ejemplo, los habitantes de Gran Bretaña gozan únicamente de 8 días de asueto oficial al año, mientras que en Japón gozan de 16; en promedio, la mayoría de países industrializados tiene 10 u 11 asuetos anuales.
Además de los asuetos, los trabajadores tienen derecho vacaciones: en Europa gozan de 25 a 30 días anuales, pero en China disfrutan solamente de 5 días, que se elevan a 10 cuando el trabajador tiene más de 10 años de laborar para el mismo empleador. La práctica (aunque no obligatoria) en los Estados Unidos es de 15 días al año.
Comparativamente no estamos mal. En Guatemala gozamos en total de once días y medio de asueto oficial cada año: el día del trabajo, el de la Revolución Liberal de 1871, el día de la Independencia, el de la Revolución de 1944, el día de los Santos, un día y medio para Navidad y otro tanto para Año Nuevo, además de los dos días y medio de la Semana Santa y, por último, el día de feria local (que para los capitalinos, por ejemplo, es el día de la Virgen de la Asunción).
Si a estos agregamos el periodo mínimo legal de vacaciones para los empleados en relación de dependencia, que  suman quince días anuales, los días de descanso pagados de un trabajador (contando los feriados oficiales) ascenderían a 26 y medio por año. Nada fuera de lo normal en comparación con otros países y muy lejos de los excesos que existieron en pleno esplendor de la antigua Roma, bajo el emperador Claudio, cuando habían 159 días de asueto oficial al año, de los cuales 93 eran para escenificar juegos y competencias. Pan y circo, que le decían.
Si bien es cierto que los asuetos entrañan costos económicos en términos de las horas de trabajo perdidas y de los negocios que se dejan de realizar, también lo es que, en realidad, ningún país se paraliza completamente durante estos descansos, que pueden también tener efectos positivos tangibles (como la actividad económica y el efecto multiplicador que generan el turismo y las compras de temporada, por ejemplo), e intangibles (como el incentivo a las expresiones culturales en los destinos turísticos o el efecto revitalizador que el descanso tiene sobre los trabajadores).
En tal sentido, y dado que los asuetos son un hecho de la vida, se justifica plenamente la disposición de “correr” dichos descansos (cuando caen a media semana) hacia el viernes a efecto de encadenar los días libres y, con ello, sacarles más provecho social: el descanso extendido puede ser un generador de turismo local y promover un contacto directo con el patrimonio cultural; puede aumentar el consumo y revitalizar a pequeños y medianos empresarios; y, puede mejorar la convivencia de las familias.
Por ello en la mayoría de países en América, ya sea mediante leyes ordinarias o reglamentos, se trasladan las festividades al lunes más próximo cuando éstas caen a media semana. Ello es, además, una práctica extendida globalmente: ante la crisis económica, incluso los países de Asia y Oriente Medio han modificado sus feriados para promover una inyección a sus economías locales.
Lo que es un desperdicio es que el referido Decreto 42-2010 excluyera diez y medio de los días de asueto existentes, dejando en la práctica al 30 de junio como el único asueto sujeto a trasladarse a viernes o lunes. Se entiende que las fiestas religiosas (como Navidad o Semana Santa) no puedan estar sujetas a la norma, pero las fechas cívicas (como el Día del Trabajo o la Revolución de Octubre) sí podían haberse sujetado al traslado. El turismo doméstico y la economía del país, agobiadas por la delincuencia y la “ley seca”, lo habrían agradecido.


sábado, 23 de abril de 2011

Impacto Económico de la Semana Santa

La Semana Santa en Antigua Guatemala es un fenómeno religioso, cultural, social y, claro está económico. El Grupo Satélite (promotor de la Economía de la Cultura), del cual formo parte, está realizando un estudio (de esos con encuestadores y todo) para estimar el impacto económico de ese importante fenómeno en la urbe antigüeña. Esperamos que este sea un buen primer paso para ir cuantificando sistemática y científicamente el valor económico que constituye la riqueza cultural de Guatemala.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

SEMANA SANTA: SU IMPACTO ECONÓMICO
f

La Semana Santa es una tradición que puede ser valorada como un acontecimiento impulsor de actividad económica, empleos y rentas

Entre las celebraciones populares del país, la Semana Santa combina muchos elementos que caracterizan el modo de ser del guatemalteco y que revelan sus capacidades creativas y organizativas. Y en La Antigua Guatemala, particularmente, estos elementos se subliman al enmarcarse en el escenario monumental de la ciudad colonial. Si bien es cierto que esta celebración tiene, ante todo, una dimensión religiosa enfocada en conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, también lo es que sus efectos pueden abarcar diversas dimensiones.

Desde el ámbito sociológico, la Semana Santa es un fenómeno que entraña una dinámica participación ciudadana a través de las hermandades y otras organizaciones centrales a la celebración. También tiene una dimensión cultural, como una fuente generosa de proyección del arte en todas sus manifestaciones, enmarcadas en el esplendor urbano de La Antigua.

Y, claro está, tiene una dimensión económica, no sólo por el valor intrínseco de los bienes culturales que la integran, sino también por el efecto económico innegable de los intercambios y flujos asociados a la celebración y que generan rentas, empleos y beneficios fiscales. De manera que la Semana Santa de La Antigua Guatemala es una tradición que puede ser valorada como un acontecimiento cultural impulsor de actividad económica materializada en empleos y rentas para los habitantes y empresarios de la ciudad.

La generación de riqueza y empleo que se produce por la celebración de la Semana Santa es resultado de los flujos productivos por parte de los residentes de La Antigua y los miles de visitantes que acuden a la ciudad estos días y que, de forma directa e indirecta, hacen que aumenten los consumos intermedios del sistema económico y el valor agregado producido por tales flujos.

En años recientes se han realizado estudios de impacto económico de fiestas y eventos culturales en regiones de otros países, que han arrojado resultados muy útiles para su planificación estratégica. Esa experiencia sirve de base a un esfuerzo que se está llevando a cabo para calcular el impacto económico de la Semana Santa en La Antigua Guatemala, dirigido por el Grupo Satélite (promotor de la Economía de la Cultura) de Guatemala, auspiciado por el Observatorio Andaluz para la Economía de la Cultura y el Desarrollo –OIKOS- y apoyado por la Asociación para la Cultura y el Desarrollo –ACUDE-.

Se trata de un estudio cuantitativo que lleva meses de estarse preparando y que comporta la captación de datos de distintas fuentes y la realización de encuestas a visitantes y residentes, lo cual ha requerido el involucramiento de todos los actores que conformaran las fuentes de datos: las Hermandades de La Antigua Guatemala, las asociaciones empresariales antigüeñas, la Municipalidad de La Antigua, el

INGUAT, el Ministerio de Cultura, universidades y entidades relacionadas con la ciudad colonial, así como sus residentes y los visitantes cuaresmales

Con la información que se está recopilando se realizará un análisis de los datos a fin de conocer el efecto económico de la Semana Santa en La Antigua sobre la producción, los ingresos y el empleo, evaluar los flujos de actividades, ingresos y gastos vinculados a la Semana Santa antigüeña, y valorar las externalidades que ésta genera hacia otros sectores. Los resultados del estudio permitirán asignar valor al fenómeno de la Semana Santa para impulsar esta celebración no sólo desde su trascendental dimensión religiosa, sino también como una actividad generadora de bienestar, y vislumbrar un aprovechamiento equilibrado de la misma.

También podrán ser utilizados por las autoridades y participantes como insumo para la formulación de políticas públicas, como información clave para la valoración, gestión y conservación del patrimonio cultural (tangible e intangible) de la ciudad, y como insumo para gestionar financiamiento o inversión en las actividades religiosas, culturales y empresariales desde los sectores público y privado.

Esperemos que este esfuerzo llegue a su feliz culminación y sea un aporte pionero al desarrollo del campo de la Economía de la Cultura en Guatemala, y que sirva de base para replicar este tipo de análisis a otras manifestaciones culturales que constituyen la gran riqueza inexplotada de nuestro país.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Independencia e Identidad

¿Encendidos en patrio ardimiento? No. Las fiestas patrias se celebran en Guatemala con cierta apatía o mediante ceremonias masoquistas (correr varios kilómetros detrás de un antorcha o marchar con paso marcial durante varias horas); poco es, al final del día, lo que se exalta a la patria. La identidad guatemalteca aún no está conformada. Ello se refeja en (y a la vez se alimenta por) la escasez de héroes nacionales. ¿Es que, acaso, en 188 años de vida independiente nuestro país no ha producido hombrs (y mujeres, pues, para ser políticamente correcto) ilustres y famosos por sus hazañas o sus virtudes? ¿Ni han surgido en esta tierra personajes que hayan realizado acciones heroicas? Por supuesto que sí; lo malo es que en la olla de cangrejos casi nadie tiene la inclinación a reconocerlos y aceptarlos tal como fueron. He aquí la columna pubicada esta semana, el día del aniversario de la independencia.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

INDEPENDENCIA E IDENTIDAD

La conmemoración de la independencia en Centroamérica desborda menos júbilo y patriotismo que en otros países del Hemisferio, quizá porque nuestra declaración de independencia no fue tan heroica, o porque la consecuencia inmediata de ésta fue la anexión al imperio de Iturbide, o porque el primer jefe de estado de nuestra naciente patria fue quien hasta la víspera era el máximo representante de la corona española en la Región.

No parece, por ello, casualidad que tengamos relativamente pocos héroes patrios. La historia oficial en los libros de la escuela primaria incluye entre ellos a Tecún Umán o a Rufino Barrios, pese a que ambos, coincidentemente, no sólo perdieron su batalla clave –y ella la vida-, sino también porque esa derrota significó perder la guerra. Además, hay corrientes revisionistas que sostienen que los grandes rivales de los dos personajes mencionados no deberían considerarse anti-héroes. Pedro de Alvarado podría tener, al menos, el mismo reconocimiento que Cortés y Pizarro tienen en México y Perú como protagonistas del nacimiento de las nuevas sociedades mestizas de América. Y Carrera podría recibir honores como fundador de la República de Guatemala y exitoso defensor de sus fronteras ante la invasión de Morazán.

Pero ese reconocimiento a los rivales resulta casi imposible en un entorno como el guatemalteco, muy dado a descalificar el éxito del prójimo (como lo parodia el doloroso chiste de los cangrejos chapines) y donde, para que alguien sea considerado héroe nacional, debe ser casi un santo pues el menor rasgo de debilidad humana en un político, escritor o científico se considera imperdonable. Si tal actitud privara en otras latitudes, los ingleses no tendrían a Francis Drake (quien fue un sanguinario pirata) por gran héroe naval; ni los estadounidenses considerarían a Washington (un militar dueño de decenas de esclavos negros) el fundador de su nación; ni los franceses verían a Napoleón (un dictador guerrerista) como el mayor genio militar de la historia.

Dicho lo anterior, conviene aclarar que la actitud maniquea hacia los héroes nacionales no es exclusiva de Guatemala y refleja, en gran medida, el aforismo que dice que la historia la escriben los vencedores. Sin embargo, es menester profundizar los esfuerzos por enseñar a las futuras generaciones una versión de la historia más objetiva que permita construir una identidad nacional de la que aún carecemos; una historia que trate de hechos objetivos más que de leyendas de héroes y tiranos; una historia más elaborada que no alimente los conflictos latentes en nuestra sociedad.

La historia que le enseñan a los niños en la escuela no solo refleja la forma en que la sociedad y sus élites se ven sí mismos, sino que influye sobre cómo los niños se verán cuando sean ciudadanos: sea como conquistados, colonizados y víctimas, o bien como supervivientes, resistentes e ingeniosos. La historia patria no debe usarse como una estrategia para indoctrinar inculcando mitos (como hoy en día ocurre en Venezuela o en Rusia), sino que su estudio debe servir de ejercicio para que los niños piensen por sí mismos mientras buscan la verdad, con un sentido de reconciliación e inclusión (como exitosamente lo han logrado en Sudáfrica), porque la construcción de nuestra identidad nacional es todavía un proceso en marcha.

jueves, 9 de abril de 2009

Días Feriados

Es Semana Santa. La Antigua luce, como siempre, maravillosa: su clima, su gente, su cultura, sus tradiciones y su oferta gastronómica. Quizá haya menos turistas que en otros años o, puede ser, menos de los que yo esperaba. En todo caso, es un privilegio pasar con mi familia, en esta mágica ciudad de Santiago de los Caballeros, estos días feriados.

Políticas Públicas
DÍAS FERIADOS
Aunque para los puristas del lenguaje un feriado sólo existe el día de feria, los guatemaltecos llamamos feriados –coloquial y generalmente- a los días de asueto como los de la Semana Santa que se inician, oficialmente, a partir de mañana. Con estos próximos dos días y medio de asueto, los guatemaltecos gozamos en total de once días y medio de descanso oficial cada año: el día del trabajo, el de la Revolución Liberal de 1871, el día de la Independencia, el de la Revolución de 1944, el día de los Santos, un día y medio para Navidad y otro tanto para Año Nuevo, además del ya mencionado asueto de la Semana Mayor y el día de feria local (que para los capitalinos, por ejemplo, es el día de la Virgen de la Asunción).
Además, las disposiciones legales que tutelan al empleado en relación de dependencia establecen un período de vacaciones de, como mínimo, quince días anuales, con lo cual los días de descanso pagados de un trabajador (contando los feriados oficiales) ascenderían a 26 y medio por año. Eso como mínimo pues, si se trata de algún gremio específico, pueden tener derecho a otros asuetos (como el día del empleado municipal, o el 12 de octubre en que descansan los empleados bancarios). ¿Somos en Guatemala, acaso, demasiado proclives a los feriados?
En cuanto a asuetos oficiales, al compararnos con otros países, parece que no pecamos ni por exceso ni por falta de feriados, pues gozamos de un número similar al que existe en China, Francia o Estados Unidos. México apenas tiene nueve días de asueto oficial, uno más que los industriosos ingleses, que solamente tienen ocho feriados al año. En cambio, en España –donde saben disfrutar de la vida- se recetan oficialmente 16 días de asueto cada año.
Incluso si añadimos a estos descansos los días obligatorios de vacaciones, Guatemala resulta ser un país promedio. Nuestros 26 días de descanso pagado son comparables a los de Australia o Inglaterra (sí, los ingleses compensan sus pocos feriados con más días de vacaciones). Más gamonales son los franceses (con 40 descansos pagos) o los españoles y cubanos (con 36). En contraste, los laboriosos orientales ocupan menos días en vacacionar: en Japón sólo suman 18 días al año de asueto obligatorio, mientras que en China (paraíso de los trabajadores) son apenas 15 días.
Resulta evidente que los días feriados entrañan costos económicos en términos de las horas de trabajo perdidas y de los negocios que se dejan de realizar, lo cual puede significar millones de quetzales que se dejan de producir por cada día de asueto. Lo que no es tan evidente es que, en realidad, ningún país se paraliza completamente durante los días feriados y que estos pueden también tener efectos positivos tangibles (como la actividad económica y el efecto multiplicador que generan el turismo y las compras de temporada, por ejemplo), e intangibles (como el incentivo a las expresiones culturales en los destinos turísticos o el efecto revitalizador que el descanso tiene sobre los trabajadores).
Sería interesante realizar un balance de costo-beneficio de lo que significan los asuetos para el desarrollo del país… si tuviera tiempo; lamentablemente ahora debo ir a hacer mi maleta para disfrutar, en la Antigua Guatemala, de una de las Semanas Santas culturalmente más fascinantes del mundo.

OPINIÓN DEL LECTOR

Eduardo De León
Panamá

Creo que las vacaciones son buenas y necesarias, el cuerpo, la famila, los amigos lo necesitan. Sin embargo los asuetos o feriados como le llamen son una barbaridad sobre todo en paises como Panama que dejan de trabajar por cualquier cosa o en Honduras donde hay extremos como el de la semana pasada en que el presidente dio asueto oficial el viernes porque le ganaron a Mexico en un partido de futbol y merecian celebrar. Que envidia pasar esta semana en la Antigua, saludos

CUANDO EL BOLSILLO VOTA

Cuando el ingreso se reduce, el populismo florece ofreciendo soluciones ilusorias Existe una diferencia importante entre inflación y percepc...