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sábado, 20 de noviembre de 2010

Los Poderosos del Mundo

Hasta hace algunos años, los países en vías de desarrollo conformaban grupos de negociación (como el G77 o el G24) para hacer valer (casi siempre con muy poco éxito) sus puntos de vista ante los países industrializados o ante los organismos e instituciones multilaterales. Hoy en día, los nuevos ricos del mundo (como China o Corea del Sur) y los que, sin serlo, tienen un tamaño económico formidable (como India, Brasil o México) tratan de codearse "de tú a tú" con los países industrializados, tal como lo muestra el caso del nuevo G20 que se ha auto nombrado el principal foro de discusión de temas económicos internacionales. El nuevo grupo no las tiene todas consigo, dada su heterogeneidad y la compleja situación internacional.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS

LOS PODEROSOS DEL MUNDO

El G7 solía ser el club de los poderosos. Desde que se fundó en 1976, en este foro de ministros de finanzas de los siete países más industrializados (Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Canadá) se definían las directrices más importantes de la política económica internacional, que rápidamente eran ratificadas por los organismos internacionales, empezando por el Fondo Monetario Internacional –FMI-.

La gran crisis financiera internacional de 2008, generada y contagiada al resto del mundo desde los países industrializados, han obligado a estos países a ampliar la membresía del club de los poderosos. Entre los innumerables “Grupo de los…” que existen sobre la faz de la tierra, el G20 es el que se ha auto erigido en el foro decisorio de las políticas económicas internacionales. Los que realmente parten el queso en el G20 siguen siendo el antiguo G7 más el emergente grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), a quienes acompañan en un rol más secundario otras economías de gran tamaño como Corea o México.

El G20 enfrenta, en términos prácticos, dos complejos desafíos para funcionar adecuadamente. El primer desafío es el de armonizar los heterogéneos intereses de sus miembros. Por ejemplo, en el G20 hay países con grandes déficit comerciales (como Estados Unidos) que quisieran discutir los grandes desequilibrios cambiarios, cosa que no le interesa a otros miembros (superavitarios) como Alemania, Japón o, especialmente, China. Otras divisiones en el G20 se dan, por ejemplo entre las democracias y las autocracias (China, Arabia Saudí), o entre los que quisieran firmar acuerdos vinculantes (los europeos) y quienes quieren un G20 que sólo dé consejos (China y Estados Unidos).

Con esas divisiones no es extraño que el G20 produzca comunicados tan anodinos como el emitido en la Cumbre de Seúl de la semana recién pasada, que no pasó de repetir las fórmulas usuales respecto de que los países “se abstendrán de aplicar devaluaciones competitivas”; "permanecerán vigilantes sobre la volatilidad excesiva de los tipos de cambio”; tomarán “acciones coordinadas” respecto de la crisis mundial, ayudarán al FMI a “identificar desequilibrios comerciales importantes que requieran acciones preventivas y correctivas"; "resistirán el proteccionismo bajo todas sus formas"; y reafirmarán “su compromiso de combatir el cambio climático”. Lo mismo de siempre, pues.

El segundo desafío del G20 es su propia legitimidad, pues allí no están todos los que son, ni son todos los que están. Si la lógica de su composición era incluir a las economías más grandes, resulta extraño que no estén incluidas España y Holanda (que sólo están representadas indirectamente por la presidencia de la Unión Europea), o Taiwán (aunque las razones políticas de su exclusión son evidentes). Por otro lado, más de 150 países (incluyendo Guatemala) no alcanzaron a recibir invitación a la magna cumbre de Seúl, y tendrían razones de sobra para no sentirse representados por el G20, por mucho que hayan participado como invitados los representantes de Naciones Unidas y del FMI.

Formalmente, sería más legítimo que las discusiones de política económica internacional se realizaran en el ámbito de los organismos multilaterales, específicamente en el FMI. Allí, cuando menos, las decisiones se toman por votación de todos los países del mundo aunque, claro está, el poder de voto depende del monto de las contribuciones o “cuotas” de los miembros, en virtud de las cuales los países ricos tienen la preponderancia del poder de voto, mientras que los países en desarrollo se quejan de un "déficit democrático" que los deja con muy poca influencia sobre las políticas del FMI.

Haciendo uso de su nuevo poder, los BRIC lograron hace algunas semanas un ajuste a las cuotas de los miembros del FMI que permite que el poder de voto de las economías emergentes aumente en 6%, en detrimento de las economías industrializadas. Para que estemos ubicados conviene saber que, luego de estos ajustes, Estados Unidos reducirá su poder de voto de 17.0% a 16.5% del total, y que continuará siendo el único país capaz de vetar cualquier decisión del Directorio. Guatemala, por su parte, aumenta su voto de 0.108% a 0.114%; ¡vaya mejora!

Comentarios de los lectores
ROBERTO LOPEZ PORRAS 16-11-2010 09:57:44 horas
¿Alguien cree en el Poder del G20? En la actualidad su autoridad está en duda, ya que los intereses de sus miembros son encontrados. Las políticas de China, Japón, la EuroZona y América Latina, responden a sus propios intereses con algún barniz mediático, con poca efectividad. El mundo no está preparado para la globalización y las decisiones de este Grupo, solo reflejan sus buenas intenciones, pero lo que practican es un proteccionismo disfrazado. Dichos bloques más son proclives a la autarquía

Antonio Morales 16-11-2010 12:51:13 horas
El G20 es la vía incorrecta para coordinar políticas internacionales. Para eso inventaron al Banco Mundial, al Fondo Monetario y a la Naciones Unidas. Cualquier otro grupo es sólo un esfuerzo por proteger intereses de países individuales fuera del marco multilateral. Guatemala debería protestar (aunque sea con su 0.00001% de votos) contra estos movimientos.

jueves, 2 de abril de 2009

El Grupo de los Veinte

Los países grandes, ya sea industrializados (como Estados Unidos o Francia) o emergentes (como México o Corea), organizaron su club de amigos para discutir temas económicos internacionales. Hoy iniciaron su reunión en Londres para tratar de resolver la crisis económica mundial y rediseñar las instituciones financieras internacionales. Evidentemente no lograrán ni una cosa ni la otra, pero seguramente emitirán un comunicado muy coqueto y bien logrado. En la columna que publiqué esta semana comento al respecto. Aquí les va
§ POLÍTICAS PÚBLICAS

EL GRUPO DE LOS VEINTE
El próximo 2 de abril se reunirá en Londres el llamado Grupo de los Veinte –G-20-, que es un foro de discusión económica entre las economías industrializadas más grandes del mundo y los países en desarrollo que (como Brasil o Corea, por ejemplo) se consideran “de importancia sistémica”. En esta próxima cumbre, el G-20 pretende alcanzar acuerdos para superar la peor caída de la producción mundial en los últimos 60 años, así como para mejorar la regulación del maltrecho sistema financiero internacional.
Como en cualquiera de este tipo de foros, el contenido del comunicado final (que lleva discutiéndose a nivel técnico desde hace meses) no tendría por qué ser muy difícil de predecir. Seguramente va a contener compromisos para adoptar políticas de estímulo y expansión económica, evitar medidas comerciales proteccionistas, y asegurar que las instituciones financieras internacionales canalicen recursos financieros hacia las economías en vías de desarrollo. También es casi seguro que se pronunciarán sobre el necesario saneamiento de los balances de los bancos y la ayuda a los países más pobres. Una primera gran pregunta que surge es si toda esta retórica será seguida de acciones concretas que reduzcan la duración de la actual crisis.
Otra gran pregunta es si, además de los temas obvios arriba mencionados, el G-20 nos sorprenderá con alguna propuesta novedosa y efectiva. Por ejemplo, apoyar una emisión especial y general de Derechos Especiales de Giro –que son activos (y, a la vez, pasivos) financieros del FMI que se repartirían a todos los sus países miembros en proporción a su cuota de participación en la institución-. Otra medida novedosa sería explorar la propuesta de China de constituir una moneda de reserva internacional sobre una base multilateral. O podrían alcanzar algún acuerdo sobre la necesidad de que las agencias calificadoras de riesgo que hasta ahora han operado por la libre tuvieran, a su vez, alguien que las regule y califique.
Sin embargo, también habría que estar atentos a que el G-20 no se ponga demasiado ingenioso y acuerde medidas desesperadas o poco realistas. Se habla, por ejemplo, de la posibilidad de emitir “listas negras” de países que no respeten ciertas normas financieras o fiscales dictadas por el G-20. También se habla de lanzar una reforma profunda de la “arquitectura financiera internacional”. Al respecto cabe plantearse, por una parte, cuál es la legitimidad del G-20, que no es sino un club de amigos que se han auto-invitado a charlar sobre temas económicos internacionales; por otra parte, habría que preguntarse si, en lugar de reinventar el sistema, las acciones deberían mejor enfocarse en utilizar a su máximo potencial las instituciones multilaterales que ya existen y que han sido hasta hoy subutilizadas, por no decir menospreciadas, por parte de las grandes potencias económicas mundiales.En realidad, es poco probable que de este tipo de cumbres surjan grandiosas soluciones a la problemática mundial; lo que sí es factible esperar, de manera optimista, es que se manifieste un compromiso genuino por parte de los líderes de estas enormes naciones para avanzar rápidamente sobre los temas multilaterales impostergables.

Opinión del lector
ROBERTO LOPEZ PORRAS - USA
EL GRUPO DE LOS 20. Un nombre en clave, un número cabalísstico, veinte paises la mayor parte de ellos con economias de primera clase, los demás en menor proporción, los peyorativamente llamados sub-desarrollados. Latinoamérica está representado por Brasil, México y Argentina, pero tambien habran observadores de todo tipo, activistas del cambio climático, del Green peace, antiterroristas, contraabortistas, Etc. y la tribuna será servida para que se luzcan los reformistas europeos, liderados por Alemania y Francia, los pesimistas como el destronado Presidente de la República Checa y rotatorio Presidente de la Union Europea, que espetó una frase célebre y agresiva mandando a los Estados Unidos al infierno. Bueno ese es el panorama previo a la Reunión de este cónclave en Londres a partir del 2 de Abril que contará con la prfesencia de una nueva estrella en el firmamento político internacional, el Presidente Barack Obama y su erudiccón aplaudida en Europa antes de ser Presidente. Hay más espectativa sobre que harán los países desarrollados frente a la crísis generalizada, que medidas coordinadas presentarán, que clase de supervisión internacional presentará la Union Europea, que reordenamiento financiero presentará la China con su sugerencia de crear una nueva Moneda de Reserva mundial y quizá tambien los países productores de Petroleo insistirána en la creación de una Petro-Moneda. Quizá los organismos internacionales incluyendo la Organización Mundial de Comercio estarán en el banquillo de los acusados y las grandes corporaciones de los Estados Unidos que construyeron un Capitalismo Financiero lleno de paraisos para unos e infierno para otros. Convengamos que es una reunión como habrán muchas más antes que se llegue a acuerdos trascendentes, esta es solo un escenario primario de medición de fuerzas, pero no militares sino de las fuerzas del raciocinio y la madurez para reencausar a la economia mundial. De ella se desprenderán comunicados de buenas intenciones y un llamado a otras reuniones más, la creaci[on de otro Grupo de consulta y evaluación, quizá dentro de las Naciones Unidas. Soy de los realistas sin reino, sin que ello signifique pesimismo, pero más creo que la crísis continuará destrozando a su paso el andamiaje que construyó paso a paso el Presidente Bush y se equipo, bajo un ideal doctrinario neoliberal y quizá en estos dos años venideros asistamos al alumbramiento de un nuevo orden, quizá el de los grandes bloques económicos, que es más facil coordinar bloques que países y a un régimen de pragmatismo más que ideológico. No cabe duda que estamos buscando sentar las bases de una nueva economía mundial y una nueva visión de organizaciópn política que llevará más de una década y mas de varios gobiernos.

LA CONFIANZA TAMBIÉN PRODUCE

La credibilidad monetaria y la disciplina fiscal influyen en lo que consumimos e invertimos hoy El reciente Premio Nobel de Economía concedi...