sábado, 27 de abril de 2013

Venezuela y Su (Muy) Lento Progreso


Comparado con otros países de la Región, los logros del modelo venezolano se ven francamente modestos
 Los casi 14 años que Hugo Chávez gobernó en Venezuela despiertan pasiones, a favor y en contra, que dificultan evaluar objetivamente el legado que el popular coronel golpista ha dejado a sus ciudadanos. Sin embargo, una rápida revisión de algunos indicadores (cifras oficiales, puras y duras) puede ayudar a esclarecer los logros del chavismo en materia económica y social, en comparación con otros países latinoamericanos que no han seguido las recetas del “socialismo del siglo XXI”.
El modelo chavista se caracterizó por una creciente intervención del Estado en la economía. Se estima que desde 1999 el gobierno venezolano expropió o nacionalizó más de dos mil empresas y propiedades de todos los sectores y tamaños. Otra política fue la de fijar precios de alimentos, alquileres y medicinas. El bolívar fue devaluado cinco veces y en paralelo se establecieron cupos para la entrega de divisas. Este modelo es, claramente, distinto del aplicado en Brasil, Chile, Colombia o México, más favorables a la empresa privada, la libre competencia y los mercados. ¿Ha tenido más éxito el modelo venezolano?
En términos de estabilidad, resulta claro que Venezuela –con una inflación promedio de 22.5% anual entre 1998 y 2012- ha sido mucho más inestable que, por ejemplo, Colombia (6.4% de inflación promedio anual en el mismo periodo) o Perú (2.9%). La elevada inflación venezolana significó un terrible costo para los sectores más pobres de su población, y una distorsión enorme que de las decisiones económicas que las hizo más ineficientes. El tipo de cambio, por su parte, se devaluó en un 662% en Venezuela desde 1998, mientras que el colombiano lo hizó hecho en 12% y el peruano más bien se revaluó revaluado en 19%.
El crecimiento anual de la producción en esos 14 años fue de 2.8% en Venezuela, menor al 3.4% de Colombia y al 4.9% en Perú. En otras palabras, el modelo chavista permitió que la economía sea hoy 42% mayor que la de 1998, lo cual es positivo, pero menos eficiente que lo sucedido en Colombia o Perú, donde las respectivas economías son ahora 51% y 73% más grandes hoy que hace 14 años.
La deuda pública externa creció 229% en Venezuela en ese periodo, mientras que en Colombia lo hizo en 114% y en Perú en 53%, lo que revela el alto grado de dependencia económica del modelo chavista en comparación con sus vecinos. Ello permitió a los colombianos aumentar sus reservas monetarias internacionales hasta los US$37 millardos (328% de aumento en el periodo), y a los peruanos alcanzar los US$64 millardos (564% de aumento), mientras que Venezuela sólo las aumentó en 101% (hasta los US$30 millardos) en esos 14 años.
La inversión extranjera directa hacia Venezuela acumuló unos US$15.3 millardos entre 1999 y 2011, mientras que hacia Perú acumuló US$48.3 millardos y hacia Colombia, US$50.3 millardos, lo que evidencia lo poco atractivo que son para los inversionistas las políticas chavistas.
El modelo venezolano depende del petróleo, cuyos ingresos se dedican a financiar un elevado gasto público. Chávez defendió esto diciendo que "el socialismo del siglo XXI" convirtió a Venezuela en "el país menos desigual del continente”. Varios indicadores confirman el avance social, que no dista mucho del de sus vecinos. La tasa de desempleo promedio en Venezuela fue de 11.6%, algo menor que la de 12.4% de Colombia, y mucho mayor que la de 8.5% de Perú. La desigualdad en la distribución del ingreso, medida por el coeficiente de Gini, mejoró en Venezuela (de 0.498 en 1999 a 0.397 en 2011), pero eso también lo logró el antagónico modelo peruano (que lo redujo de 0.545 a 0.452), aunque no tanto el colombiano (de 0.572 a 0.545).
Puestos a escoger, el modelo peruano resulta más atractivo, pues ha logrado (callada la boca) mejores resultados, sin los elevados costos en eficiencia y paz social del modelo chavista, cuyas características ha resumido muy bien el nicaragüense Sergio Ramírez en un reciente ensayo: “Un gobierno populista crea satisfacciones paliativas en la población que se transforman en apoyo electoral, pero al costo de degradar la dignidad de los electores con donaciones, subsidios y regalías. Pero estas políticas ni resuelven el problema de la democracia, que más bien debilitan, ni resuelven el problema del desarrollo económico sostenible”.

sábado, 20 de abril de 2013

Pacto Social en Peligro


El pacto social sobre cuyas precarias bases se desarrolla la vida política y económica del Estado Guatemalteco está amenazado por  el círculo vicioso que se configura alrededor de la pobre recaudación fiscal y de la pésima calidad (y opacidad) de los servicios públicos esenciales
El Banco Mundial diseña periódicamente (en coincidencia con los periodos de gobierno) una “estrategia de alianza con el país” para orientar sus operaciones con Guatemala. La más reciente estrategia (para el periodo 2013-2016) parte de un diagnóstico que describe dos características esenciales de la economía guatemalteca. Por un lado, el desempeño económico de Guatemala muestra una notable estabilidad, como resultado de políticas macroeconómicas prudentes, a pesar de la debilidad de las instituciones democráticas. Pero, por otro lado, los elevadísimos niveles de pobreza reclaman con urgencia que se acelere el ritmo de crecimiento y que se asegure que éste sea más incluyente.
El diagnóstico destaca, entre otros aspectos, la lentitud con la que crece la economía guatemalteca y la enorme desigualdad social reflejada en los dispares niveles de consumo. También señala que los elevados índices de delincuencia y violencia son una amenaza grave para el desarrollo del país y obstaculizan los esfuerzos del gobierno en materia de combate a la pobreza.
Tomando en cuenta esa situación, el Banco plantea como objetivos de su estrategia de país, por un lado, fortalecer las políticas públicas de desarrollo social y, por otro, la promoción del crecimiento económico incluyente y sostenible; con ello busca apoyar los esfuerzos que el gobierno afirma estar haciendo para mejorar el potencial de crecimiento económico y avanzar hacia una sociedad más equitativa.
Para ello, sin embargo, el Banco Mundial recalca que el nivel de ingresos del estado resulta insuficiente, pues estructuralmente no logra movilizar recursos adecuados para fomentar el desarrollo y las políticas sociales. Y aunque el Banco reconoce que las medidas de política fiscal y administrativas que se aprobaron el año pasado tendrán un impacto positivo en el mediano plazo, resulta evidente que es precisamente la debilidad del Estado –tanto en lo fiscal como en lo institucional- el factor que pone en riesgo la consecución de los ambiciosos objetivos planteados en la referida estrategia, tal como otro estudio del propio Banco Mundial lo sugiere.
En efecto, un reciente estudio publicado por dicho organismo multilateral, titulado “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, señala que el gran crecimiento que la clase media ha experimentado en la Región en los últimos años está en peligro, debido a la fragilidad del pacto social que apenas se está construyendo y que da sustento a dicha movilidad social. Ello implica que los beneficios que se derivan de una tener una clase media creciente (que incluyen la posibilidad de un mayor crecimiento económico basado en el mercado interno, y la existencia de una sociedad más igualitaria, que también es propicia para un mejor desempeño económico) están en riesgo de perderse ante la imposibilidad de concretar un pacto social que implique el sostenimiento del Estado y de sus instituciones por parte de la ciudadanía.
La principal amenaza contra dicho pacto social es lo que el estudio del Banco llama “el círculo vicioso de los impuestos bajos y la mala calidad de los servicios” que, aunque referido a toda Latinoamérica, parece describir a detalle lo que ocurre en Guatemala. La baja recaudación tributaria es un factor que, junto con la ineficiencia y la corrupción, impide que el Estado cumpla con su obligación de prestar servicios básicos (salud, educación, seguridad e infraestructura) a la población.
Cuando los ciudadanos de clase media no reciben a satisfacción estos servicios, optan por desvincularse del Estado y auto-proveerse tales servicios. Ello entraña una ruptura de su identidad ciudadana y se traduce en una bajísima moral tributaria que, a su vez, refuerza la baja recaudación tributaria y, con ello, se perpetúa la baja calidad de los servicios públicos.
La ruptura de ese círculo vicioso –y, por ende, la viabilidad de un Estado incluyente que promueva el bienestar de sus ciudadanos-, requiere de esfuerzos que van más allá de simples reformas tributarias y que pasan por un compromiso sólido con la transparencia, el combate a la corrupción y el fortalecimiento institucional. Por desgracia, la actuación que en tiempos recientes ha tenido el gobierno en torno a la IVE, el FONAPAZ, la Portuaria Quetzal, el IGSS o la SAT parecen ir exactamente en el sentido contrario al que se requiere para mantener vivo nuestro agonizante pacto social.

sábado, 13 de abril de 2013

Los Fondos Sociales Perdieron el Rumbo


...y, en aras de la institucionalidad, eficiencia y transparencia del Estado, deberían desaparecer (empezando por esa vergüenza nacional llamada Fonapaz --y su sucesor-)
Los fondos sociales nacieron en la década de 1980 como una herramienta (temporal) que permitía un gasto público ágil y focalizado para mitigar los efectos que las crisis económicas latinoamericanas, así como las medidas de ajuste estructural aplicadas para corregirlas, estaban teniendo sobre los sectores más pobres de la población, constituyéndose en la “redes de protección social” de la época.
Los fondos sociales eran originalmente mecanismos de financiamiento para realizar inversiones públicas en pequeños proyectos en favor de grupos locales pobres, por parte de las comunidades, los gobiernos locales y diversas ONGs. No respondían necesariamente a políticas para combatir los aspectos estructurales de la pobreza, sino más bien eran instrumentos focalizados para dar empleo rápido a través de obras públicas y servicios sociales de emergencia en las zonas más empobrecidas, para suplir la debilidad de los ministerios comprimidos fiscalmente.
A comienzos de los años noventa, los donantes (particularmente el BID y el Banco Mundial) estaban tan contentos con los fondos sociales para la prestación de servicios públicos, que fomentaron su proliferación por toda Latinoamérica, así como en África, Europa Oriental y Asia. Se convirtieron en el atajo favorito de los bancos multilaterales para ejecutar con mayor rapidez sus préstamos, en comparación con la lentitud y burocracia del resto (es decir, la parte convencional) del sector público. Sin embargo, conforme fue pasando el tiempo, los fondos sociales dejaron de tener el carácter de medidas temporales destinadas a mitigar los efectos de las crisis de ajuste estructural, y pasaron a convertirse en instrumentos permanentes para el gasto social de los gobiernos y los bancos multilaterales.
En Guatemala, su proliferación dio lugar a una confusa sopa de letras, incapaz de rendir cuentas respecto de la efectividad y transparencia en el uso de los recursos a su cargo. Desde el FIS hasta el Fonapaz, pasando por los Foguavi, Fonagro, Fontierra, Fodigua, Foguama y un largo etcétera, lo fondos sociales en nuestro país (actualmente hay más de una docena funcionando) se han distinguido por su propensión a la opacidad y al uso clientelar de sus proyectos.
Estos fondos han gozado de gran respaldo político del gobierno, así como de considerable independencia respecto de los controles gubernamentales (la Contraloría de Cuentas ha confesado su impotencia para fiscalizar los fondos debido a que la mayoría opera bajo la modalidad de fideicomisos); operan fuera de los canales de ejecución de los ministerios; su personal (y salarios) no se rige por la Ley del Servicio Civil; y no publican ninguna auditoría interna ni externas.
Para haber cumplido con los objetivos que originalmente los inspiraron, los fondos sociales deberían haberse creado como entidades con vida estrictamente limitada (tres o cuatro años), con objetivos muy específicos de ayuda a los más pobres. Debieron haber sido manejados, en teoría, con una lógica empresarial para producir “líneas de ensamblaje” de pequeños y múltiples proyectos sociales. No deberían haber ejecutado proyectos directamente y debieron ser  manejados por un cuerpo relativamente pequeño de empleados técnicos. Debían haber respondido a las necesidades expresadas de las comunidades de menores ingresos, y no a la conveniencia política del momento. Y debían haber contribuido a fortalecer la institucionalidad del gobierno central y local.
Pero lejos de ello, los fondos sociales se desnaturalizaron: no se enfocaron estrictamente en los más pobres, minaron la institucionalidad del gobierno al suplantar las funciones de los ministerios y las municipalidades, y generaron dependencia de ciertos grupos sociales respecto de la ayuda estatal. Pero su peor defecto fue la politización y la falta de transparencia en el manejo de sus recursos, lo que ocasionó desperdicio y desvío de los escasos ingresos tributarios.
Los fondos sociales debieron ayudar a fortalecer la institucionalidad del Estado, a que los ministerios fueran más eficientes y, entonces, esfumarse. Dada su ineficiencia y politización, su opacidad y su conflicto con la institucionalidad, los fondos sociales deben desaparecer: sus funciones y competencias deben ser absorbidas gradualmente por los ministerios correspondientes.

sábado, 6 de abril de 2013

Ahora Nos Ganan Panamá y Nicaragua


Ambos países aplican políticas responsables para aprovechar los ingresos extraordinarios que están recibiendo. El "Triángulo Sur" --que también incluye a Costa Rica- avanza a una velocidad muy superior a la del deprimido "Triángulo Norte". 
Hace años era normal que la selección mayor de futbol le ganara la mayoría de las veces a la de Panamá, y que goleara siempre a la de Nicaragua. Hoy ya no es así. Panamá nos ha ganado siempre que nos hemos enfrentado en años recientes, y Nicaragua ya empezó a superarnos. Estas dos naciones beisboleras algo bueno deben estar haciendo, y no sólo en el futbol.
El en ámbito económico lo de Panamá es poco menos que espectacular. Su ritmo de crecimiento parece el de un tigre asiático, pues ha aumentado en más de 21% entre 2010 y 2012 (tres veces más que Guatemala, que lo hizo en 7% acumulado en esos dos años). La economía panameña atrae además un flujo de capitales externos, incluyendo abundante inversión productiva directa, que le permiten financiar cómodamente su déficit comercial externo, equivalente al 16% del PIB en 2012 (similar al 15% de Guatemala que, en contraste, se cubre en gran parte con remesas familiares). La inflación, por su parte, no supera el 5% -algo elevada para una economía dolarizada, cuando la inflación guatemalteca fue de sólo 3.5%-, y los ingresos fiscales de más de 18% del PIB le permiten tolerar un déficit fiscal de 3.8% del PIB en 2012 (el déficit fiscal de Guatemala de 2.5% del PIB es menor, pero menos sostenible debido a la baja carga tributaria de menos de 11% del PIB).
El éxito económico  y social de Panamá (que ha sabido convertir su pujanza en mejoras en el bienestar de la población) se debe a que cuenta con la enorme “mina de oro” que es el Canal de Panamá, pero también se debe (y esto es lo que hay que recalcar) a la notable eficiencia y gran responsabilidad con que han gestionado ese activo. Los gobiernos han respetado y fortalecido la autonomía de quien administra el Canal (a Autoridad del Canal de Panamá); además, han establecido leyes de responsabilidad fiscal para preservar la disciplina macroeconómica; han mantenido un clima de negocios favorable a la inversión extranjera y al desarrollo de los servicios financieros, y han invertido juiciosamente en salud y educación públicas.
Claro que no todo es miel sobre hojuelas. El potencial de crecimiento de Panamá está limitado por la escasez de mano de obra calificada y las presiones inflacionarias apuntan a un sobrecalentamiento de la economía; además, las tendencias autoritarias en el sistema político y la incipiencia de las instituciones democráticas ponen algún freno a las decisiones de inversión privada. Pero por encima de esas dificultades debe reconocerse cuán bien han manejado los panameños su mina de oro, demostrando que no sólo es importante para un país contar con un motor potente de desarrollo, sino que también lo es manejarlo con sabiduría. Como caso contrario, por ejemplo, podemos mencionar a Venezuela con su petróleo, que ha usado desordenadamente sus recursos, ha politizado y casi destruido sus instituciones (como PDVSA) y ha dilapidado sus ingresos regalándolos a otros “países aliados”.
Nicaragua es uno de esos países. Al igual que Panamá, los nicaragüenses también han administrado criteriosamente su “mina de oro”, que no es un canal interoceánico, sino los abundantes subsidios del gobierno bolivariano. Daniel Ortega está aplicando lo que Arturo Cruz del INCAE ha bautizado como “Populismo Responsable”, que combina el uso populista de los recursos extrapresupuestarios donados por Venezuela, con un manejo macroeconómico ortodoxo que sigue al pie de la letra las recetas dictadas por el FMI, todo ello en medio de un clima de excelentes relaciones con el sector empresarial e inversionista. La muerte de Hugo Chávez no tendría por qué cambiar esta situación en el corto plazo: Nicaragua ha aumentado su producción en 10% en los últimos dos años y, aunque el déficit externo es elevado, la inflación está bajo control y el déficit fiscal es muy bajo (incluso contabilizando el apoyo venezolano).
En el seminario sobre las economías centroamericanas que Consultores para el Desarrollo –COPADES- que se realizó hace unas semanas  en un hotel capitalino se vió, entre otros temas, que  dicho desempeño se mantendrá en 2013. Se vio también que el "Triángulo Sur" --que, además de Nicaragua y Panamá, incluye a Costa Rica- avanza a una  velocidad muy superior a la del deprimido "Triángulo Norte" --Guatemala, El Salvador y Honduras-, y que con o sin “minas de oro” como las de Panamá o Nicaragua, vale la pena rescatar la importancia que para el buen desempeño económico tiene un clima favorable a la inversión, un manejo macroeconómico responsable y el respeto a las instituciones.

domingo, 31 de marzo de 2013

Un Libro sobre la Semana Santa


El ensayo, publicado recientemente, constituye una prueba del valor que tienen las manifestaciones culturales como motores del desarrollo económico y social
Luego de más de dos años en elaboración, recientemente se publicó el libro “El Valor Económico de la Semana Santa en la Antigua Guatemala”, que busca evidenciar el enorme potencial de desarrollo económico y social que puede encontrarse en los abundantes recursos culturales y artísticos de Guatemala. El deseo de escribir un ensayo como éste data de hace casi cuatro años, cuando Ana Luz Castillo (bailarina y administradora cultural), Luisa Fernanda González (gestora y promotora cultural), Julio Solórzano Foppa (historiador y productor artístico) y yo unimos esfuerzos en el campo intelectual para difundir y hacer conciencia sobre la vinculación que existe entre Economía y Cultura.
Dado que la cultura aporta entre un 7% y un 9% del PIB de Guatemala, el grupo Satélite (como se bautizó nuestro esfuerzo) empezó por identificar aquellas expresiones culturales en el país que podrían ser sujeto de cuantificación y, por ende, constituirse en pruebas convincentes del valor de la cultura como motor de desarrollo.
De ahí surgió, casi de su propio peso, que la Semana Santa antigüeña, siendo esencialmente una celebración religiosa, también era un fenómeno cultural, económico y social de implicaciones profundas.
Afortunadamente para la elaboración de los estudios contamos con el apoyo de la Cooperación Española y, en particular, con el acompañamiento de Oikós (Observatorio Andaluz para la Economía de la Cultura y el Desarrollo) que nos facilitó el acceso a las metodologías que recientemente se han aplicado para este tipo de estudios en Andalucía, las cuales modificamos y adecuamos a las condiciones y características de las celebraciones de la Semana Santa en La Antigua Guatemala.
A partir de allí se realizaron una serie de entrevistas preparatorias con conocedores de las distintas áreas de estudio (tradiciones religiosas, autoridades locales, turismo, estadística, etcétera). El trabajo de campo, que implicó encuestar a más de 1,500 sujetos (residentes, visitantes, comercios, industrias, y hermandades), se realizó durante la Semana Santa de 2011 y se afinó en la de 2012. A partir de los datos recabados se realizó en análisis estadístico, la validación de resultados y la redacción final del ensayo, finalmente publicado por Editorial Cultura. En todo este proceso contamos con el apoyo de numerosas entidades e individuos involucrados en los temas de cultura y economía.
Los hallazgos que presenta el libro permiten dimensionar y valorar el movimiento económico y la generación de ingresos durante las celebraciones de la Semana Santa en La Antigua Guatemala. Se trata éste de un fenómeno cultural con un grado superlativo de costo-efectividad: por cada quetzal gastado en producir esta celebración religiosa, se genera un flujo adicional de Q165 en consumos y gastos diversos en la economía antigüeña. En esta capacidad multiplicadora es fundamental el rol de las hermandades, que no ha sido suficientemente aquilatado por toda la sociedad guatemalteca como para concitar el apoyo que tales organizaciones deberían recibir de todos los sectores, especialmente de quienes más se benefician de esta celebración popular.
La clave de esta capacidad generadora de ingresos se potencia por los factores culturales intangibles que caracterizan a La Antigua, entre los que destaca el escenario monumental configurado por la propia ciudad y su entorno, así como las tradiciones y conocimientos ancestrales de la sociedad antigüeña. El libro también identifica a los actores principales que hacen posibles las celebraciones, el origen de los visitantes, el rol de los antigüeños, los tipos de actividad económica y de generación de ingresos, las percepciones de seguridad pública y el potencial de la gastronomía como atractivo turístico.
Esperamos que el conocimiento de la actividad económica generada por éste y otros fenómenos artísticos y culturales en Guatemala (como podrían ser otras celebraciones populares tradicionales –religiosas o no- y los festivales artísticos cada vez más frecuentes), pueda facilitar la adopción de políticas públicas en beneficio de toda la población del país. El libro está siendo distribuido en Guatemala por el Fondo de Cultura Económica.

sábado, 16 de marzo de 2013

De Grandes Sueños y Distractores


Si no se empieza por lo esencial –que, para empezar, implica cumplir con las obligaciones básicas-, los grandes sueños se convierten (sean bien o malintencionados) en distractores.
Soñar no cuesta nada, y plantearse grandes objetivos puede ser una buena guía para encauzar los esfuerzos en materia de política pública. Lo que hay que evitar es que, por estar soñando y buscando soluciones grandiosas, se nos olvide que lo más importante es hacer el trabajo diario, perseverar en los pequeños objetivos cotidianos y de cumplir con las responsabilidades esenciales.
Sería ideal, por ejemplo, que las alcaldías tuvieran recursos suficientes para prestar eficientemente servicios agua, ornato, transporte, seguridad, salubridad y cultura; pero para ello habría que evitar que alcaldes como el de Santa Bárbara (detenido él y su séquito con armas de grueso calibre y gorros pasamontaña) o el de La Antigua (sindicado de lavado de dinero, asociación ilícita, abuso de autoridad y estafa) utilicen su puesto para perpetrar actos delincuenciales. El trabajo sencillo, esencial, primario que hace falta es que la Contraloría de Cuentas supervise sistemáticamente a las municipalidades.
También sería ideal contar con políticas de desarrollo rural que de verdad ayudaran a las familias que viven en condiciones de infra-subsistencia. Pero antes habría que empezar por desmantelar programas ineficientes como el nefasto reparto de fertilizantes, que según diversos estudios bien fundamentados es infectivo, causa un enorme desperdicio de recursos y es fuente de corrupción. El trabajo cotidiano que se requiere es reasignar recursos financieros y humanos a áreas que sí generen desarrollo rural, como la construcción de caminos rurales, el extensionismo agrícola o los programas de riego.
Sería ideal realizar una reforma educativa profunda que incluyera un cambio en el enfoque, tiempo y pensum de estudios para la carrera de magisterio; pero antes sería mejor ocuparse de arreglar el desastre administrativo en el manejo de las plazas para maestros. El trabajo diario que hay que hacer es el de supervisar sistemáticamente el trabajo de las escuelas y sus maestros, idealmente con el involucramiento de los padres de familia (curiosamente, muchos de quienes en su momento se opusieron a la participación de los padres, se oponen hoy a la reforma magisterial).
Lo ideal sería que las instituciones autónomas recibieran puntualmente los aportes que por mandato constitucional deben recibir, pero antes es de justicia que dichas entidades (USAC, CDAG, municipalidades) revelaran pública, periódica y sistemáticamente en qué se han gastado los recursos que paga el pueblo de Guatemala con sus impuestos. Poco esfuerzo debería tomarles el trabajo diario de llevar una contabilidad transparente, publicar sus estados financieros y someterse anualmente a una auditoría externa.
Sería también ideal contar con un sistema institucional para atraer inversiones y promover exportaciones, o contar con un canal seco pletórico de modernos puertos y tecnología de punta a lo largo del camino; pero mientras los puertos, aeropuertos y fronteras estén completamente vulnerables al contrabando y al tráfico de ilícitos, sólo se van a atraer inversionistas de alto riesgo (y poca calidad) y los exportadores deberán seguirse batiendo contra el mundo por su propia cuenta. La labor primaria del Estado debería ser la de recuperar y fortalecer las instituciones a cargo de sus fronteras y puertos.
Lo ideal sería contar con cárceles seguras y equipadas con alta tecnología, pero primero habría que corregir las terribles distorsiones que permiten a los reos salir de paseo cuando quieren y ser ellos mismos quienes “auto-gestionan” las cárceles con su sistema de privilegios que incluye televisores, cocinas y apartamentos de lujo en los centros de reclusión. La tarea diaria debiese ser eliminar el desorden administrativo y la corrupción que plagan el sistema penitenciario.
Antes que soñar en canales interoceánicos imaginarios, en cárceles ultra-modernas, en avanzadas reformas magisteriales, en educación superior altamente tecnificada, o en ir a un mundial de futbol, hay que empezar por lo primero (aunque sea menos glamoroso): recuperar la administración proba, transparente e íntegra de las instituciones públicas corroídas por el desorden, la corrupción y la delincuencia. Si no se empieza por el principio, los sueños (por bien intencionados que sean) se convierten en perjudiciales distractores.

miércoles, 13 de marzo de 2013

PRESENTACIÓN DE LIBRO

Amigos todos,
Salió a luz un libro, del cual soy co-autor, y es un gusto para mí compartir el acontecimiento con ustedes . Les copio el boletín de prensa que circuló ayer, relativo a dos presentaciones públicas que tendremos la próxima semana. Si pueden asistir serán muy bienvenidos, y será un honor tenerlos allí. La entrada es libre.
saludos

--
Mario A. García Lara




Presentación del libro
“El valor económico de la Semana Santa en La Antigua Guatemala”
Primer estudio de su tipo en Centroamérica

El propósito del libro “El valor económico de la Semana Santa en La Antigua Guatemala” es el de conocer y valorar el movimiento económico y la generación de ingresos durante las celebraciones de la Semana Santa en la Ciudad de La Antigua Guatemala.  El conocimiento de la actividad económica generada por  éste y otros fenómenos artísticos y culturales en Guatemala,  facilitará la adopción de políticas públicas en beneficio de toda la población del país.  También se puede identificar a los actores principales que hacen posibles las celebraciones, el origen de los visitantes, el papel de los habitantes, los tipos de actividades económicas, la magnitud y distribución de los beneficios, etc.
Los estudios se realizaron  con el apoyo de la Cooperación Española y se basó en la metodología aplicada en Andalucía por entidades tales como OIKOS (Observatorio Andaluz de la Economía de la Cultura) en estudios similares sobre el impacto económico de este tipo de celebraciones en ciudades como Sevilla y Córdoba, en España.  Dicha metodología se adecuó a las condiciones y características de las celebraciones de la Semana Santa en La Antigua Guatemala.
Los autores de este libro son cuatro estudiosos de la Economía de la Cultura: la gestora y administradora cultural en sector público y privado Ana Luz Castillo Barrios, el economista especializado en políticas públicas y desarrollo económico Mario García Lara, la gestora y promotora cultural desde el sector público Luisa Fernanda González Pérez y el historiador y productor artístico Julio Solórzano Foppa, lo que asegura una amplia diversidad profesional en el enfoque del estudio presentado.

Se harán dos presentaciones al público los días martes 19 y miércoles 20 de marzo, a la que están cordialmente invitados.
Martes 19 de marzo de 2013
Hora:  6 p.m.
Lugar:  Centro de Formación de España en La Antigua Guatemala

Miércoles 20 de marzo de 2013
Hora: 6 p.m.
Lugar: Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias.


JUSTICIA QUE TAMBIÉN PRODUCE

Seguridad y justicia eficientes son condiciones indispensables para invertir, producir y crecer La semana pasada participé en un foro organi...