domingo, 11 de marzo de 2012

Cáncer: Lucha y Esperanza

Las enfermedades catastróficas, como el cáncer, los no sólo por sus efectos en la salud del enfermo, sino por los estragos que causan en el ánimo, las finanzas, y la familia de quienes las padecen, así como en el bienestar de la sociedad en su conjunto. Quienes lo hemos sufrido en carne propia podemos testificar el desgastante efecto emocional, físico y financiero del cáncer.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
CÁNCER: LUCHA Y ESPERANZA
El sábado pasado se conmemoró el Día Mundial Contra el Cáncer, cuando varias organizaciones guatemaltecas se manifestaron para motivar a la sociedad y, especialmente, al gobierno para priorizar las acciones para combatir esta enfermedad. En buena hora, pues el cáncer es un problema de salud creciente en los países en vías de desarrollo, pues en la medida en que aumentan los estándares de vida y de urbanización, así aumentan los estilos de vida poco saludables que redundan en la proliferación de enfermedades crónicas como las cardiovasculares, la diabetes y –particularmente- el cáncer.

Según la Organización Mundial de la Salud –OMS-, los países en desarrollo soportan más del 80% de los casos de enfermedades crónicas en el mundo y no están preparados para lidiar con semejante carga. Nuestros sistemas de salud están más enfocados a tratar problemas agudos de salud, como las enfermedades contagiosas y los traumas, y no para atender enfermedades crónicas o catastróficas como el cáncer. La OMS estima que en 2008 murieron por cáncer unos 7.3 millones de personas, cifras que en Guatemala, para ese mismo año, ascendieron a 9,500 casos.
La recién creada Unión Guatemalteca Contra el Cáncer estima que en Guatemala se diagnostican unos 14 mil nuevos casos de cáncer cada año y que los guatemaltecos tienen un riesgo probable en 15.3% de padecer esta enfermedad antes de los 75 años. La mayoría de pacientes en nuestro país no están cubiertos por el seguro social ni por seguros privados, por lo que suelen posponer sus tratamientos hasta que ya es demasiado tarde. Muchas de las medicinas necesarias no están disponibles o son demasiado caras para que las puedan adquirir. Las consecuencias para la sociedad y la economía son cuantiosas. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, los países de bajos ingresos y de ingresos medios perderán unos US$7,300 millardos en producción nacional no lograda (o un 4% anual del PIB) a causa de las enfermedades crónicas en los próximos 15 años, la quinta parte de lo cual será atribuible al cáncer.
Pero más allá del costo económico y social de la enfermedad, es su impacto emocional, físico y financiero sobre los enfermos y su núcleo familiar lo que más pone de relieve la necesidad de contar con mejores tratamientos médicos y con políticas públicas más efectivas. Aquellos que hayan tenido algún familiar afectado por el cáncer se identificarán seguramente con este parecer.
Y quienes hemos sufrido la enfermedad en carne propia podemos testificar el desgastante efecto psicológico y emocional del cáncer, los estragos que las cirugías y tratamientos infligen al cuerpo, y la merma al bolsillo (catastrófica, para quienes no cuentan con un seguro) que causa la enfermedad.
Un problema con el cáncer es que no es una sola enfermedad, sino que son muchas variantes. Por desgracia, la oncología ha utilizado durante mucho tiempo las mismas rotundas herramientas para combatir diferentes tipos de cáncer: extirpar o reducir el tumor con cirugía, bombardearlo con radiación o hacerlo volar con la quimioterapia que destruye células buenas y malas. Afortunadamente existen nuevos fármacos que parecen estar cambiando esto: los científicos están ahora atacando las mutaciones específicas que conducen a formas específicas de cáncer. Y, aunque tales avances son lentos, las políticas públicas en los países desarrollados apuntan a apoyarlas.
En nuestra realidad tan lejana a la investigación y el desarrollo bio-farmacológico, las políticas y medidas de combate al cáncer deben ser pragmáticas y preventivas. Hasta los pasos más sencillos pueden hacer la diferencia: la reducción de sal en los alimentos, propiciar la competencia y la transparencia en el mercado de medicamentos para abaratarlos y explicitar (incluso mediante impuestos) los costos sociales de prácticas perniciosas como el tabaquismo. Se debe tratar de detener el cáncer antes de que comience, por ejemplo mediante un mayor gasto en vacunas contra el cáncer de cuello uterino, uno de los más mortales.
Como sobreviviente de cáncer aprovecho este espacio para compartir, advertir y motivar sobre la necesidad de encarar este reto. Y también para enviar a mi querido amigo Juan Carlos Estrada –que en este momento está luchando valientemente contra la enfermedad- mi solidaridad, cariño y admiración.

viernes, 2 de marzo de 2012

Economistas y Política Fiscal

La rapidez con la que el gobierno consiguió que el Congreso aprobara su propuesta de reforma tributaria no tiene precedentes en la historia del país. Con tan poco tiempo para discutirla, digerirla y analizarla, sólo queda esperar que rinda sus frutos en términos de aumentar los ingresos (como espera el gobierno) y de no distorsionar los incentivos para el buen funcionamiento de los mercados (como espera el sector privado). Sin embargo, en los detalles está el diablo y el éxito de esta propuesta dependerá de la confluencia de una serie de factores...

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
ECONOMISTAS Y POLÍTICA FISCAL

El trabajo de los economistas es –valga el pleonasmo- estudiar la economía. Como disciplina académica, la economía se ocupa de describir y explicar los fenómenos económicos: la Economía Positiva describe “lo que es”, en contraposición a la Economía Normativa, que describe “lo que debe ser”. Ambas vertientes se cruzan, ya que del análisis positivo se pueden desprender implicaciones de política pública (normativas).
Un aspecto fascinante del trabajo del economista es que, al mismo tiempo que la realidad guía la formulación de la teoría económica, ésta puede influir y modificar la realidad por medio de las políticas económicas (como la política fiscal o la monetaria). Lo complicado es que no existe un enfoque único para realizar esta “polinización cruzada” entre economía teórica y economía aplicada, pues la economía es ciencia y arte a la vez; es tanto teórica como política. Amén de que existen numerosas escuelas de pensamiento que se esfuerzan por explicar aspectos específicos de una realidad que es de por sí extremadamente compleja.
De allí el mérito que tuvo el hecho de que el grupo de economistas conocido como G40 –que como foro de discusión compuesto por miembros de tanques de pensamiento, academia, analistas, columnistas y exfuncionarios, se ha venido reuniendo desde hace varios años- decidiera por primera vez pronunciarse el año pasado sobre la grave situación de las finanzas públicas. En efecto, el manejo de la deuda se salió de control y su rápido crecimiento implica compromisos de pago crecientes en el futuro cercano; además, se contrajo deuda para pagar ilegal e insosteniblemente gastos corrientes, al tiempo que la injustificable “deuda flotante” amenaza la calificación de riesgo-país.
Como el G40 lo advirtió, el nuevo gobierno encontró que no cuenta con recursos suficientes para operar y cumplir con sus promesas de campaña, lo cual entraña riesgos de ingobernabilidad que deben ser rápidamente conjurados con medidas de ajuste fiscal. Ante la urgencia, la semana pasada el gobierno empezó a socializar su propuesta de “actualización tributaria” con la que espera hacerse de recursos suficientes para financiar sus programas de seguridad, nutrición, desarrollo rural y control del endeudamiento público.
Afortunadamente, las medidas planteadas se enmarcan en las líneas generales de lo que el G40 sugirió el año pasado –como una solución pragmática a la amenaza de crisis fiscal- en cuanto a retomar la propuesta de modernización presentada por el Grupo Promotor del Diálogo Fiscal en 2008. Sin embargo, como es habitual en los temas tributarios, en los detalles está el diablo, por lo que el éxito económico y político de esta propuesta dependerá de la confluencia de una serie de factores técnicos y prácticos.
Además de la discusión que inevitablemente se va a generar respecto de los porcentajes que deben tener las tasas impositivas que se pretende modificar (en cualquier reforma tributaria alguien tiene que pagar), la propuesta gubernamental se presta al debate de, al menos, dos aspectos fundamentales. Por un lado, su clara apuesta por aumentar la recaudación a través del Impuesto Sobre la Renta y del fortalecimiento de la Superintendencia de Administración Tributaria podría resultar en que el esfuerzo planteado no sea suficiente para generar los recursos que espera el gobierno. De ser así, eventualmente habrá que discutir seriamente sobre un tema que para muchos parece ser tabú: alinear la tasa del Impuesto al Valor Agregado al nivel del resto de países de la Región. Por otro lado, la propuesta gubernamental, que es muy precisa en el caso de los ingresos, no presenta el mismo nivel de detalle en lo que respecta a medidas para mejorar la transparencia y calidad del gasto, pues no tomó en cuenta las recomendaciones que sobre dicho tema hizo con buen grado de precisión el G40 en 2011.
En todo caso, la propuesta que hoy se impulsa no se trata de “la madre de todas las reformas” tributarias pues existen aún grandes problemas estructurales que deben solventarse en el área fiscal, pero aún así parece ir por el camino correcto ante una situación de emergencia. Habrá que ver si su discusión y eventual aprobación en el Congreso de la República logra preservar sus virtudes (o, incluso –se vale soñar-, mejorarlas) sin empeorar sus defectos.

lunes, 27 de febrero de 2012

Tráfico Insoportable

El tráfico citadino es insoportable y ocasiona costos (tangibles e intangibles) que claman por respuestas efectivas de parte de las autoridades municipales y del gobierno central. Al menos a simple vista no se aprecia una estrategia coherente en este tema, sino que se ven solamente medidas aisladas, remedios que a veces salen peor que la enfermedad, o grandes ideas soñadoras que traigan la solución mágica a este grave problema. En la práctica, lejos de soñar en megaproyectos, más valdría pensar en soluciones económicamente viables al problema del tránsito.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
TRÁFICO INSOPORTABLE
Enero trae consigo la reanudación de los atascos del tránsito en la ciudad de Guatemala, más insoportables con cada año que pasa. Los problemas de congestionamiento en las calles no solo son un una molestia para el capitalino, sino que contribuyen a la mala calificación que recibe nuestra ciudad como un posible centro para hacer negocios. El tráfico excesivo impone innegables costos económicos a la comunidad, además de causar problemas de contaminación, ruido, excesiva dependencia del petróleo, y deterioro de la calidad de vida.
Lo anterior hace que surjan toda clase de ideas para reducir los embotellamientos de tránsito. Una de las ideas que más ha sonado en los últimos años es la de construir un Anillo Metropolitano que, supuestamente, ayudaría a descongestionar el tránsito vehicular pues, al circunvalar la ciudad, evitaría que los vehículos que transitan del Océano Atlántico hacia el Pacífico circulen por sus calles.
Aunque la idea suena lógica, su costo es tan elevado que es imprescindible hacer estudios que comprueben, primero, si en verdad es significativo el número de vehículos que, viniendo de otros puntos del país hacia la capital, no tiene como destino final esta ciudad sino que simplemente deben cruzarla para llegar a otros destinos. Es muy probable que un estudio concienzudo al respecto arroje que la mayor parte del transporte viene a la ciudad porque este es su destino final y, por ende, en poco ayudaría un Anillo Metropolitano a descongestionar el tráfico.
Incluso en el caso de que sí existiera un gran número de vehículos que deseara atravesar la ciudad, un Anillo tampoco sería la solución más eficiente, pues sería suficiente con un ramal (medio anillo, pues) que conecte el norte con el sur del área metropolitana. De cualquier forma, antes que el desfogue de este tipo de transporte (que ni siquiera sabemos si es importante), hay otro temas que podrían requerir un tratamiento más prioritario. Por ejemplo, la circulación de tráileres y contenedores por las calles de la ciudad (algo inadmisible en otras latitudes, incluso en ciudades más pequeñas que la nuestra), o el injustificable y sucio parche (mega-tapón al tránsito) que representa la Terminal de la zona 4.
Lejos de soñar en megaproyectos –como el Anillo Metropolitano-, más valdría pensar en soluciones económicamente viables al problema del tránsito. Para empezar, es necesario favorecer y hacer viables formas de transporte distintas a los vehículos automotores: desde el tren subterráneo (o elevado) hasta el viaje en bicicleta o a pie. Eso sin satanizar (prohibir) el uso de los automóviles que, después de todo, constituyen un medio válido (y muy conveniente) de transporte, así como una legítima aspiración individual y un signo de modernidad y progreso.
Lo malo con el congestionamiento de vehículos es que evita que ciertos viajes de crítica importancia ocurran oportunamente: el paso de una ambulancia en una emergencia o el viaje de un desempleado a una entrevista de trabajo son más importantes (económica y socialmente) que el transporte de una señora a su cuchubal o de un jovencito a una discoteca. Una manera económicamente eficiente que ha sido implementada con éxito en otras ciudades (Londres o Singapur, por ejemplo) para racionalizar el uso de las calles es el establecimiento de pagos (peaje) por su uso.
La lógica detrás del establecimiento de peajes en las ciudades es sencilla: cuando un conductor usa una calle, recibe un beneficio (la movilidad provista por la calle) e incurre en unos costos (gasolina, mantenimiento del vehículo, tiempo de manejo). Lo que no tiene que pagar es el costo de la congestión que genera su propio ingreso a la calle, que es soportado por todos los que circulan en ella. Esta externalidad negativa implica que demasiados conductores van a querer utilizar la calle, a menos que el costo de hacerlo se internalizara mediante el pago de un peaje por congestión.
Este tipo de soluciones no es, claro está, muy popular y, por ende, no es muy atractivo para los políticos. Pero las soluciones de largo plazo al tráfico vehicular excesivo (según la experiencia internacional) no pasan por la construcción de más calles, ni por la prohibición a circular, sino por hacer que los conductores paguen por su derecho a circular, aunque no sea popular.

domingo, 19 de febrero de 2012

Credibilidad de la Política Monetaria

La política monetaria que ejecuta el Banco de Guatemala -Banguat- está en un proceso de modernización que lleva ya algunos años y, aunque en general marcha en el sentido adecuado, aún es susceptible de mejoras, pero solamente a partir de su independencia técnica y administrativa podrá el Banguat profundizar tales mejoras. Lo anterior implica que, desde adentro, el Banguat debe privilegiar el fortalecimiento de su capital humanos y evitar a toda costa que sus decisiones se perciban como "alineadas" a intereses políticos o sectoriales; y, desde afuera, que las autoridades políticas respeten la autonomía del banco central, no sólo porque la misma está consagrada en la Constitución, sino porque (¡ojalá!) la institución se la gane con sus actuaciones técnicas e imparciales.
§ POLÍTICAS PÚBLICAS
CREDIBILIDAD DE LA POLÍTICA MONETARIA
La Política Monetaria, Cambiaria y Crediticia para 2012 aprobada hace pocas semanas por la Junta Monetaria no presenta cambios sustanciales respecto de la que se aplicó en 2011 (salvo algunos ajustes operativos que buscan afianzar el esquema de metas de inflación) lo cual es, en términos generales, algo positivo pues no sólo refleja una sana continuidad en esta política pública sino que evidencia la fortaleza institucional la banca central. Precisamente, la perseverancia en las políticas públicas (con visión de largo plazo) y la fortaleza de sus instituciones están entre los factores que más le hacen falta aparato gubernamental guatemalteco.
Por ello debe valorarse positivamente que el Banco de Guatemala –Banguat- haya sido condecorado hace unos días con el premio “Clemente Marroquín Rojas”, otorgado por primera vez por la Vicepresidencia de la República para distinguir “a las personas individuales y jurídicas que destacan por su lucha a favor de la transparencia y la honorabilidad”. Independientemente de que las autoridades salientes del Ejecutivo gozaran o no de la credibilidad necesaria para otorgar dicho galardón, resulta meritorio que se reconozca la fortaleza institucional el banco central.
Ese reconocimiento, a su vez, debe convertirse en un acicate para que el Banguat no se duerma en sus laureles y se esfuerce por consolidar sus estructuras técnicas y de gobierno corporativo, a fin de apuntalar su prestigio a nivel nacional e internacional. Para ello sus autoridades deben preservar la autonomía que la Constitución le confiere al banco central (lo que implica no involucrarse en temas político-partidistas), y sus cuerpos técnicos deben buscar siempre la excelencia y la objetividad.
Solo a partir de su independencia técnica y administrativa podrá el Banguat profundizar las mejoras en la política monetaria y concentrar sus esfuerzos en los temas relevantes que ameritan ser debatidos y resueltos por la Junta Monetaria en los próximos meses. Por ejemplo, dado que su objetivo fundamental es la estabilidad de precios, es menester atender todas las dimensiones de dicha estabilidad: así como es importante reducir la inflación, también lo es que ésta sea predecible (poco fluctuante en el tiempo). ¿Es bueno reducir la inflación de 6.5% anual a 4.5% en un año, aunque vuelva a subir al año subsiguiente? ¿O es mejor mantenerla constante (predecible, aunque un poco más alta) durante varios años?
También amerita análisis y debate el hecho de que la meta de inflación se haya incumplido en la mayoría de años. Se ha fallado por alguna razón, la cual podría ser persistente, por lo que habría que preguntarse si al establecer las metas se ha pecado de exceso de optimismo: si la meta se incumple sistemáticamente se corre el riesgo de minar la credibilidad de la política monetaria, lo cual reduce la efectividad de los instrumentos que utiliza el Banguat y dificulta más el logro de la meta. ¿Debería buscarse una meta de inflación más realista, aunque más elevada (de 6% anual, digamos)? ¿O debería buscarse un ajuste más rápido a una tasa comparable a la de otros países más avanzados (de, digamos, 3% anual)?
El debate técnico también debería evaluar si es mejor una meta de inflación general –que incluya todos los productos del Índice de Precios al Consumidor (IPC)- o si es mejor darle seguimiento a la inflación subyacente –que excluye los bienes cuyos precios son más erráticos (como los combustibles y los alimentos)-. Asimismo, debe evaluar si, además de los precios incluidos en el IPC, deberían considerarse los de los bienes raíces o de activos financieros, a fin de vigilar posibles burbujas especulativas que amenacen con engendrar crisis financieras. Es válido preocuparse por la estabilidad financiera tanto como por la estabilidad de precios, pero como son dos objetivos distintos ¿será suficiente el instrumental con que cuenta el Banguat para perseguir ambos simultáneamente? ¿O  necesita un arsenal más amplio que incluya una estrecha coordinación con la Superintendencia de Bancos y con los organismos internacionales?
Este debate, por muy técnico y árido que sea, sólo puede tenerse si el banco central está libre de influencias, presiones y discusiones políticas o sectoriales, lo que recalca una vez más la importancia de preservar su autonomía.

viernes, 10 de febrero de 2012

Mediocre, Pero con Potencial

Parece obvio: si alguien quiere ser más rico, debe aumentar sus ingresos. Esta verdad de Perogrullo no parece ser tan evidente cuando la expandimos a todo el país: si queremos reducir la pobreza, el país debe aumentar su producción. Y no se trata de ser economicista, sino de ser pragmático. Mientras no logremos que Guatemala logre aumentar la velocidad a la que crece su economía, la reducción de la pobreza será solo un sueño lejano.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
MEDIOCRE, PERO CON POTENCIAL

Recientemente el Banco de Guatemala presentó su estimación de que el Producto Interno Bruto –PIB- crecería un 3.8% en 2011 respecto del año anterior, la que fue anunciada con satisfacción y optimismo como la tasa de crecimiento más alta de los últimos cuatro años. Aunque el tono positivo se justifica dado el raquítico comportamiento de la economía mundial, es importante no llamarse a engaño: el crecimiento de la economía guatemalteca es absolutamente mediocre.
No importa si la tasa de crecimiento anual es de 2.5% o 3.9%, en tanto la economía nacional no aumente su tamaño (medido por el PIB) a una velocidad mayor al 5% anual, será imposible reducir los inaceptables niveles de pobreza y los desastrosos indicadores sociales que exhibe Guatemala.
Actualmente, más de la mitad de la población guatemalteca vive en la pobreza, con un ingreso menor a los 2 dólares diarios. Si bien es cierto que los niveles de bienestar de un país dependen de una gran variedad de elementos, entre los que se incluyen aspectos culturales, la calidad de la vida familiar o la seguridad ciudadana, también es cierto que desde el punto de vista económico el factor medible más relevante es el del bienestar material. Aunque esta puede ser una perspectiva estrecha, en la práctica la mejor manera de medir el avance en los estándares de vida de un país es a través de la cantidad de bienes y servicios que genera cada habitante.  Con un ingreso per cápita de unos US$4,700 anuales (ajustado por el poder de compra), Guatemala se encuentra lejos de los niveles de vida de países como Costa Rica (US$10,500 de ingreso per cápita anual) o Chile (US$14,500), los cuales, a su vez, se encuentran muy atrás en relación con las economías industrializadas. Para que Guatemala lograra alcanzar los niveles de ingreso de Costa Rica, nuestra economía debería crecer los próximos quince años a un ritmo anual de 5%, mientras que para alcanzar a Chile debería hacerlo a más de 8%.
Aunque el crecimiento económico por sí sólo no es suficiente para reducir la pobreza, sí es una condición necesaria para lograrlo, ya que solamente mediante una producción cada vez mayor de bienes y servicios será posible aumentar el ingreso de cada habitante del país. La mala noticia es, pues, que la economía guatemalteca ha crecido a lo largo de su historia a una velocidad muy mediocre: en los 60 años transcurridos desde 1951 hasta el día de hoy, el PIB no ha crecido (en promedio) a más de 3.9% cada año. Esa tasa es solamente un poco mayor a la tasa de crecimiento de la fuerza laboral: he allí la explicación de por qué Guatemala se mantiene pobre y cada vez más rezagada respecto de otros países que hasta hace unas décadas eran como nosotros pero que ahora nos aventajan sustancialmente en términos de bienestar de su población.
La buena noticia es que, a pesar de la referida mediocridad histórica de nuestro desempeño económico, es posible revertir esta situación (como lo demuestra la experiencia exitosa de otros países), que no hay que inventar el agua azucarada (simplemente perseverar en hacer las cosas correctas), y que tenemos el potencial para lograrlo (si se aplican las políticas adecuadas). La receta ha estado clara: mejorar el capital humano (fundamentalmente mediante la inversión en educación y en salud para la población) a fin de mejorar la productividad, y aumentar el capital físico (infraestructura pública e inversión privada).
Aplicar esta receta es políticamente complejo ya que no siempre los resultados llegan con celeridad, pero ese es el camino y no hay atajos. Se requiere de voluntad, visión de país y perseverancia. Hay que preservar las cosas buenas que ya tiene nuestra economía (como la estabilidad macroeconómica, la pujanza del sector exportador, o la solidez del sistema bancario), pero hay que elevar sustancialmente la productividad de la economía dando mejores herramientas (capital físico, educación y salud) a los trabajadores, favoreciendo la inversión privada, y propiciando la adopción de nuevas técnicas productivas.
De manera que las nuevas autoridades que están por asumir sus cargos de gobierno deben comenzar por no resignarse a que la economía crezca a sus mediocres tasas históricas, sino que empiece a transitar por un sendero de mayor productividad y mejores niveles de vida para todos.

domingo, 5 de febrero de 2012

El Enemigo Sutil

La corrupción es una de las principales amenazas al desarrollo de Guatemala. Cada año se desvían grandes cantidades de recursos del erario público hacia bolsillos privados. Gran parte del dinero desviado tiene como destino el financiamiento del desquiciado sistema político-partidista, pero otra gran parte se desvía a enriquecer pseudo-empresarios que se han acostumbrado a vivir como millonarios a costa de los impuestos de los guatemaltecos. Esta será un área en la que le nuevo gobierno encontrará enormes retos, pero en cuyo tratamiento descansarán las claves de su gestión en los próximos cuatro años.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
EL ENEMIGO SUTIL

Los principales desafíos que enfrentará el próximo gobierno parecen ser obvios, y no difieren mucho de lo que debieron hacer gobiernos anteriores: reducir la pobreza, combatir la inseguridad y ordenar las finanzas públicas. Estos retos, evidentes pero descomunales, requerirán de un gran esfuerzo y desgaste político. Existe, sin embargo, otro reto más sutil, menos evidente, aunque igual de omnipresente: el combate a la corrupción. En comparación con la pobreza o la inseguridad, el combate a la corrupción es menos costoso y puede acarrear beneficios más inmediatos y palpables.
Aunque Guatemala ocupa uno de los últimos lugares en el índice de percepción de corrupción que calcula Transparencia Internacional, la ciudadanía parece tolerarla cada día con más facilidad. Los escándalos de corrupción que han estallado en los distintos gobiernos durante las últimas décadas son más frecuentes y, paradójicamente, provocan cada vez menos escándalo, lo que no es de extrañar en un país donde los corruptos no tienen más que perder que –en el peor de los casos- su cargo público y, quizá, su dignidad (la que tiende a recuperarse a una velocidad directamente proporcional al descaro del corrupto).
El que se desvelen frecuentes casos de corrupción se debe, en parte, a que la prensa (y, en general, la opinión pública) están cada vez más activamente vigilando el uso de los recursos estatales, aunque con herramientas aún rudimentarias o mal utilizadas. Por ejemplo, el potencial de escrutinio del SIAF-SAG aún no es empleado con eficiencia por la propia Contraloría de Cuentas, mucho menos por las ONGs supuestamente especializadas en temas de transparencia.
La principal complicación en materia de corrupción es que posiblemente gran parte del dinero desviado de las arcas estatales tiene como destino el financiamiento de nuestro desquiciado sistema político-partidista: las campañas electorales son demasiado caras, su financiamiento es opaco, los límites de gasto son poco realistas y la autoridad del Tribunal Supremo Electoral es débil.
La corrupción cruza transversalmente amplios segmentos del espectro político a nivel nacional y local, lo mismo que del sector empresarial, de la prensa y de la sociedad civil. Su crecimiento está asociado al paulatino deterioro de la actividad política y al menosprecio de las élites hacia la cosa pública y el servicio civil. Una prioridad del nuevo gobierno debe ser revertir esta situación mediante el rescate y la renovación de las instituciones públicas a fin de detener la corrosión del Estado, reducir los conflictos sociales y mejorar la eficiencia gubernamental.
Un paso esencial es concienciar a la ciudadanía: el enorme grado de tolerancia a la corrupción que ahora exhibe la sociedad guatemalteca debe ser revertido. Este relajamiento moral se debe tanto a un deterioro de los valores éticos, como a un desconocimiento de las consecuencias que la corrupción acarrea para el desarrollo económico, social y político de la Nación: diversos estudios demuestran que la corrupción es un grave obstáculo al progreso ya que distorsiona los incentivos del mercado, hace ineficientes los procesos económicos, perjudica gravemente la calidad de la infraestructura física, y daña la estabilidad fiscal.
Pero la pieza central del esfuerzo anti-corrupción debe ser el rescate y fortalecimiento de la Contraloría General de Cuentas (que debiese tener la misma prioridad que está teniendo el rescate del Ministerio Público), para lo cual existen ejemplos exitosos en otros países cuyo ente contralor goza de amplia credibilidad y respeto en todos los ámbitos sociales. Sin embargo, para que este tipo de reformas tenga éxito es imprescindible que exista una sólida voluntad política de impulsarlas, algo complicado si tomamos en cuenta que dicha voluntad debe surgir del propio sistema político enfermo de corrupción.
Por ello también se requiere fortalecer la capacidad de los ciudadanos y sus organizaciones para dar seguimiento y auditar socialmente el peculio público. La presión social y la vindicta pública pueden convertirse en un instrumento eficaz para controlar la corrupción y para forzar el surgimiento de la voluntad política que procure fortalecer las instituciones de fiscalización.

domingo, 29 de enero de 2012

En Defensa de la Tele

Todo lo que soy se lo debo a la televisión... bueno, tal vez exagero. Pero, sin duda, la televisión fue un elemento crucial en mi proceso de formación intelectual y moral, lo cual es cierto para la mayoría de los miembros de mi generación de clasemedieros guatemaltecos, aunque nos cueste aceptarlo. Muchas lecciones relevantes para el mundo de hoy pueden sacarse del rol central que la tele jugó en el proceso formativo de la sociedad de hace treinta años. Para ello partamos del hecho de que la existencia de la televisión hizo posible el surgimiento de la computadora, los  videojuegos y el internet.

§ POLÍTICAS PÚBLICAS
EN DEFENSA DE LA TELE

La televisión siempre ha tenido mala prensa, al punto de ser llamada “la caja boba”. Este mote, en el caso de la tele, siempre me pareció absurdo e injustificado. La televisión ha sido, por el contrario, uno de los eslabones clave en la cadena del progreso científico y tecnológico de nuestro tiempo.
También en materia de formación personal la televisión ha tenido una influencia innegable en quienes crecimos en la segunda mitad del siglo pasado. Mucho de lo que somos, pensamos, y creemos –en el caso de mi generación de cuarentones- se lo debemos a la tele, que nos permitió conocer el mundo sin tener que viajar (con el Zorro, por ejemplo, a California), y vivir la historia sin máquina del tiempo (con Ivanhoe en el medioevo o con Combate en la Segunda Guerra Mundial), o fantasear con la vida del futuro (con Viaje a las Estrellas).
La televisión nunca fue boba. Si alguna vez alguien se enajenó viéndola, fue porque el bobo era él, por no saber escoger pues, como en muchas cosas en la vida, la elección de lo que se va a consumir define la calidad de lo que se recibe.
Lo más relevante de la televisión es que su existencia y auge (que terminó hace tiempo) hizo posible el surgimiento de la computadora personal, los  videojuegos y el internet. Y, otra vez –como sucedió antes con la tele-, surgen críticas contra estos avances tecnológicos: ya hay decenas de libros denunciando el supuesto daño que causan en los jóvenes. Y estas críticas son, de nuevo, infundadas y erróneas.
Contrario a la acusación de  que los videojuegos disminuyen en los jóvenes la habilidad de pensar, existen estudios que demuestran que la nueva generación digitalizada es más lista, más observadora y más tolerante a la diversidad que sus antecesores (véanse, por ejemplo, los estudios de Don Tapscott). Y si la crítica que se hizo contra la televisión por fomentar la pasividad entre los televidentes era válida, los avances informáticos de hoy son iterativos y, por ende, estimulan y mejoran el funcionamiento del cerebro.
Los hallazgos científicos muestran que los video-jugadores pueden procesar más rápidamente la información visual compleja; además, se desempeñan mejor haciendo tareas diferentes simultáneamente, lo cual los hace más productivos en el mundo moderno. Desde una perspectiva sociológica, la generación de los videojuegos tiende a valorar más la libertad y el derecho de elegir, es más consciente de los detalles, gusta más de hacer las coas a su medida, aprecia más la integridad y la transparencia, es más proclive a colaborar y trabajar en grupo, y esperan que el progreso personal se dé con base en méritos. Y todo ello lo esperan encontrar en su trabajo, en sus estudios y en su vida social, sin tener que sacrificar la posibilidad de entretenerse y divertirse mientras se desenvuelven en estas áreas de su vida.
Para aprovechar estos valores que están imprimiéndose en las nuevas generaciones, y su potencial impacto positivo en la economía y en la sociedad, es necesario que la educación (en la escuela y en el hogar) se adapte y complemente con los avances tecnológicos. En vez atacar los aspectos negativos del internet y los videojuegos, que son innegables (como el peligro de los depredadores sexuales en la red), los adultos debemos acercarnos con humildad a estas tecnologías para orientar mejor a los jóvenes, reconociendo que, por primera vez en la historia, la nueva generación es más sabia que las anteriores en muchos aspectos de la vida cotidiana.
La tecnología informática debe servir para que los niños jueguen mientras aprenden, y que aprendan mejor. Existen programas informáticos de simulación que enseñan historia, geografía, políticas públicas, matemáticas, ingeniería y trabajo en equipo mientras el usuario juega a ser un líder ateniense o un faraón egipcio.
Esto es particularmente relevante para Guatemala, donde los bajos niveles de productividad reflejan la bajísima calidad de su educación primaria. Un cambio de paradigma en la forma de enseñar podría permitir una mejora acelerada en la productividad de los guatemaltecos y, por ende, en sus niveles de bienestar material.
Los avances tecnológicos no sólo entretienen, divierten, educan, sino que también dan esperanza y libertad; y todo eso ya sucedió una vez con la injustamente difamada “caja boba”.
COMENTARIOS DE LOS LECTORES

La tv se ha convertido en la niñera de las nuevas generaciones, pero tambien ha servido para comunicar pensamientos y opiniones que antes eran inaccesibles o censuradas,asi como hay buenos programas asi hay entretenimiento ocioso,considero que las nuevas generaciones estan muy unidas a la tecnologia pero se olvidan de algo muy importante: el trabajo que conlleva alcanzar algo,ahora todo lo tiene en badeja de plata y no cuesta nada acceder a lo que antes se trabajaba y se valoraba, es un tema interesante y critico, creo que es deber de los padres orientar de la mejor manera a los jovenes, respecto a internet y los videojuegos, los cuales hacen perder el tiempo, y babosadas de que su mente se abre y que razonan mas, no lo creo, en cada cafe internet veo chicos que ni limpiarse los mocos sabes pero ya pensando en que chica que voy  ¨agarrar¨viendo su perfil en las redes sociales, veo en los niños agresividad y despertar de violencia prematura producto de los videojuegos, creo que la tv es mejor que internet y los videojuegos,pero depende de los padres analizar dependiendo tamnbien que valores tengan los padres tengan,espero que un dia la gente entienda el valor que tiene mas la experiencia y no tanto el conocimiento, si bien es cierto el conocimiento es poder, la experiencia da el comer diario,

JUSTICIA QUE TAMBIÉN PRODUCE

Seguridad y justicia eficientes son condiciones indispensables para invertir, producir y crecer La semana pasada participé en un foro organi...