domingo, 30 de enero de 2011
Nuevas Rutas a Asia
POLÍTICAS PÚBLICAS
NUEVAS RUTAS A ASIA
Asia es el motor de la economía mundial; sus mercados no son sólo el futuro, sino el presente del comercio mundial. Después de la gran crisis financiera de los países industrializados, los países emergentes han cobrado cada vez más preponderancia política y económica.
China ha sido hasta ahora el país con la economía más dinámica y el peso político más influyente de todos ellos. Sus multimillonarios proyectos de infraestructura (dentro y fuera de su territorio), así como su insaciable demanda de insumos y alimentos, hacen que la mayoría de países, desarrollados o no, se desvivan por estrechar sus relaciones comerciales y políticas con el gigantesco dragón chino.
Es, pues, natural que Guatemala busque fortalecer sus relaciones económicas con China. Sin embargo, esa búsqueda se ve dificultada por el hecho de que Guatemala es el miembro más importante del pequeño, insólito y exclusivo club de 23 países que reconocen a Taiwán como estado soberano, lo que les impide sostener relaciones diplomáticas con China.
Claro que siempre está la opción abandonar a Taiwán, como algún otro país de la región ya lo hizo a cambio de que la gran China les construyera un modernísimo estadio de futbol. Por dicha nuestra selección nacional no se cansa de poner en evidencia el bajísimo nivel futbolístico de Guatemala, lo cual contribuye a alejar la tentación de vender nuestra lealtad diplomática a cambio de espejitos orientales.
En este lío entre Taiwán y China, un país como el nuestro no debe sudar calenturas ajenas. Chinos y taiwaneses están, desde hace tiempo, en un proceso de distensión política y de aumento de intercambios económicos. Desde que el Kuomintang recobró el poder en Formosa, ambos estados ha retomado la ficción de que tanto China Continental como Taiwán son parte de una misma China que cada quien define a su manera. Este acercamiento entre las Chinas seguirá avanzando, haga lo que haga Guatemala. Más vale dejar que la ancestral cultura oriental resuelva pacientemente las diferencias entre los dragones y esperar que, una vez resueltas, China sepa apreciar como un acto de honor de Guatemala el haber mantenido su palabra empeñada a la isla.
Afortunadamente hay otras rutas para acceder a Asia. India es el único país, aparte de China, con más de un millardo de habitantes. Se espera que en 2011 la economía india crezca tan velozmente (8.5%) como la china. India es un tigre económico que, aunque aún está lejos del dragón chino, corre rápidamente para, eventualmente, alcanzarlo. Es pues, motivo de beneplácito que recientemente se haya formalizado la operación de una embajada india en Guatemala. Más vale tarde que nunca.
Esta apertura diplomática es un buen primer paso para fomentar el intercambio económico con este gigante asiático. Para el efecto, tanto Guatemala como India deben reducir sus aranceles y barreras comerciales, así como reducir los costos de transporte. Aparte de exportar alimentos y materias primas de los que India está hambrienta, Guatemala podría beneficiarse del conocimiento indio en materia de informática, farmacéutica y educación científica. Además, India es una democracia singular y una fuerza emergente en la geopolítica mundial con quien valdría la pena aliarse en ciertos temas.
Y, puestos a diversificarse, bien valdría la pena extender los brazos hacia otro gigante asiático: Indonesia es el cuarto país más poblado del mundo. Sus 240 millones de habitantes constituyen un mercado tentador, y su economía está creciendo rápidamente. Además, se trata del país con más cantidad de musulmanes y, al mismo tiempo, de una democracia en proceso de consolidación, todo lo cual hace que Indonesia sea claramente un objetivo para la diplomacia de cualquier nación civilizada.Las autoridades de los ministerios de Relaciones Exteriores y de Economía harían bien en desarrollar una política exterior proactiva, basada en el análisis geopolítico que permita guiar el establecimiento de relaciones económicas y diplomáticas con los países más dinámicos de Asia y que impulse la competitividad, la diversificación de la producción y la eficiente administración de tratados con países como India e Indonesia, con quienes es menester estrechar los vínculos comerciales, diplomáticos y estratégicos.
COMENTARIOS DE LOS LECTORES
viernes, 21 de enero de 2011
La Política Monetaria para 2011
POLÍTICA MONETARIA PARA 2011
Los relevos en la presidencia del banco central suelen generar incertidumbre respecto de posibles alteraciones en el rumbo de la política monetaria; máxime cuando, como en el caso más reciente, el nuevo presidente del Banco de Guatemala –Banguat-, nombrado en septiembre pasado, es un personaje no sólo cercano al Presidente de la República y a su esposa, sino que también integró el equipo técnico del partido de gobierno durante la campaña electoral pasada.
Las dudas que dicho nombramiento pudieran haber generado en relación con la autonomía del banco central y el futuro de la política monetaria han estado aclarándose desde entonces. Una prueba de fuego que se esperaba con gran expectativa era el anuncio de la política monetaria que la Junta Monetaria aprobó para 2011. Tratándose de un asunto con ribetes eminentemente técnicos, siempre causa cierto nerviosismo que los políticos intenten influir sobre la formulación de la política monetaria a fin de lograr sus objetivos electorales
Afortunadamente, tanto Edgar Barquín (el nuevo presidente del banco central) como el propio Presidente Colom (a través de sus ministros que hacen parte de la Junta Monetaria y de su decisión de volver a nombrar a Julio Suárez como Vicepresidente del Banguat) han optado por mantener la prudencia en la política monetaria de 2011 y por evitar cambios bruscos en la misma.
Entre las leves modificaciones que la Junta Monetaria aprobó para 2011 está una ligera ampliación en la banda de fluctuación cambiaria que define cuándo el banco central puede intervenir para moderar las variaciones del tipo de cambio, y un ajuste al peso que la propia Junta asigna a los indicadores que disparan sus decisiones sobre la tasa líder de interés. Se trata de cambios modestos, pero que están en línea con el gradual fortalecimiento del régimen de metas explícitas de inflación.
Si bien es cierto que las acciones de política monetaria planteadas para 2011 pudieron haber sido un poco más ambiciosas –especialmente en materia de reformar los mecanismos operativos de la política monetaria en el mercado de dinero a efecto de la misma se transmita más rápidamente a la economía-, también lo es que el enfoque de “no mover maicitos” en un año electoral habla bien de la solidez institucional del Banguat y del enfoque técnico de sus funcionarios, lo cual coadyuva a que la política monetaria no sea cortoplacista y a que el banco central haga valer la autonomía de la que goza por mandato constitucional.
Sin embargo, la continuidad de una política monetaria de pocas fluctuaciones se verá condicionada por, al menos, tres factores previsibles. En primer lugar, de mantenerse el aumento en el precio internacional de los alimentos, la inflación doméstica –que es la meta central de la política monetaria- podría verse presionada y requerir dolorosos ajustes monetarios contractivos.
En segundo lugar, si los flujos de capital hacia el país continúan, el tipo de cambio podría seguir experimentando una tendencia a la apreciación en detrimento de la competitividad de las exportaciones, lo cual incrementaría las presiones que esta clase de fenómenos genera para que el banco central intervenga y evite que el tipo de cambio se reduzca.
En tercer término, y quizá más importante, está el riesgo de que el desequilibrio estructural de las finanzas públicas empeore durante el año electoral, con un aumento en el déficit fiscal y en la deuda pública que podrían presionar sobre la tasa de interés doméstica o sobre el nivel general de precios. Precisamente para minimizar la incertidumbre asociada a estos riesgos era crucial contar con un programa macroeconómico precautorio avalado por el Fondo Monetario Internacional.
Lamentablemente, las autoridades económicas del país han manifestado no tener prisa en firmar un acuerdo de este tipo por no considerarlo urgente; extraoficialmente, sin embargo, se sabe que el principal obstáculo para un acuerdo de esta naturaleza estriba en la dificultad de hacer explícita la deuda flotante generada por la construcción desfinanciada de obra pública, pues ello obligaría a asumir el compromiso (políticamente incierto) de reducir dicha deuda.
Comentarios de los Lectores
JORGE MUÑOZ 18-01-2011 08:56:59 horas Este país su política monetaria se la debe a los gringos luego a las remesas del extranjero de los chapincitos en el norte, al turismo, a la agricultura en menor escala, lamentablemente aquí no producimos nada, solo fabricamos seres humanos para exportación. Luis Angel Fuentes 18-01-2011 09:01:13 horas Pero la pregunta es a quién le genera incertidumbre los relevos porque la señora Bonilla no hizo bien su trabajo al saber lo que se hacía en el banco de comercio y no hizo nada. Yo creo que esa incertidumbre de la que habla es para las familias dueñas de bancos que ya no tienen quien les secunde en sus sucias jugadas. Barquín no llegó porque si, si no porque ha demostrado que es suficientemente capaz de estar al frente del banco y no responder a los intereses oligarcas, sino a los del pueblo. Valeria Donis 18-01-2011 09:03:08 horas Pero hasta donde se la macroeconomía del país son positivos y sólidos, por lo mismo se ha tenido el reconocimiento internacional de instituciones financieras, y esto ayudaría al país a que sea un país bien certificado para la inversión por las instituciones que califican el riesgo país, porque habría que caer en hacer un convenio con FMI si es un crédito y lo que se quiere es que el país no incremente su deuda externa, pues nos hace más dependientes de países y organismos que al final solo frenan cualquier acción interna.
martes, 11 de enero de 2011
Guatemala, ¡Feliz!
POLÍTICAS PÚBLICAS
GUATEMALA, ¡FELIZ!
La población guatemalteca es relativamente feliz, a pesar de los innegables problemas económicos y sociales que afectan a nuestra sociedad. Al menos eso es lo que dicen diversas encuestas publicadas en años recientes que reflejan la opinión de las personas alrededor del mundo sobre este tema.
Algunas de estas encuestas preguntan cuán felices se sienten los entrevistados, entendiendo “felicidad” como una sensación temporal de bienestar que depende no sólo de los factores externos, sino también del temperamento individual. Otras inquieren sobre el grado de “satisfacción con la vida” que manifiestan los encuestados, es decir, un estado más permanente de dicha y complacencia con su situación particular.
Al primer grupo corresponde el Índice de Felicidad publicado por la entidad española ASEP, en el que Guatemala resulta ser el segundo país “más feliz” de Latinoamérica y el cuarto del Hemisferio (detrás sólo de Estados Unidos, Canadá y Brasil). De manera similar el Happy Planet Index 2.0, publicado en julio de 2009 y que combina el nivel de felicidad manifestado por la población con la sostenibilidad del ambiente, afirma que nuestro país es el cuarto país mejor calificado del mundo, detrás de Costa Rica, República Dominicana y Jamaica.
En el caso de las encuestas que califican el grado de satisfacción con la vida, Guatemala califica bien, aunque no tanto como en el primer tipo de encuestas. Por ejemplo, la Encuesta Mundial de Gallup, publicada por Forbes para 2005-2009, coloca a Guatemala en el puesto 38 de 153 países a nivel mundial (17 entre 27 países americanos) según el grado de complacencia que sus habitantes tienen con la vida, en tanto que el índice compuesto de bienestar subjetivo del World Values Surveys 1995-2007 (que pondera tanto la “felicidad” como la “satisfacción” de los encuestados) nos ubica en el puesto 17 de 97 países en el mundo (sexto lugar en América).
Vale la pena comentar dos aspectos interesantes de estos resultados. En primer lugar las encuestas reflejan que dentro de un mismo país las personas ricas tienden a ser más felices que las pobres; sin embargo eso no sucede entre países (no son siempre los países más ricos los que califican como más felices o satisfechos) ni entre épocas (el aumento continuo del ingreso en muchos países no ha sido acompañado por un aumento en la percepción de felicidad de sus ciudadanos).
En segundo lugar, y no obstante lo anterior, las encuestas también revelan que los países que peor califican en los índices de felicidad son aquellos que, al mismo tiempo, tienen los más bajos niveles de ingreso económico (Zimbabwe, Burundi y Haití ocupan consistentemente los últimos lugares en todas las listas). Ambos aspectos apuntan a que, para sentirse dichosa, una sociedad debe primero satisfacer las necesidades básicas (alimentación y refugio); una vez logrado lo anterior, los subsecuentes aumentos en bienestar material contribuirán marginalmente menos a la felicidad.
Lo anterior implica que, aunque la riqueza y el nivel de ingreso contribuyen sin duda a alcanzar la felicidad y la satisfacción con la vida, otros factores pueden ser tanto o más importantes. Entre tales factores se encuentran algunos que explicarían el porqué de la satisfacción del guatemalteco promedio con su vida.
Según Eduardo Punset, las claves de la felicidad tienen que ver tanto con que el individuo encuentre un compromiso o una motivación para vivir, como con que mantenga vínculos significativos con familiares, amigos y su comunidad que, idealmente, conlleven la posibilidad de poder dar y recibir solidaridad. Ciertamente, algunas de estas claves suelen manifestarse en la sociedad guatemalteca.Quizá el hecho de que Guatemala, a pesar de sus precariedades, tenga un nivel de ingresos y riqueza mejor al de muchos países verdaderamente pobres ayuda a explicar, en parte, la satisfacción de los guatemaltecos con su vida. Quizá, también, el hecho de que el chapín es muy adaptable a las circunstancias y que sus expectativas son, por lo general, modestas también contribuye a explicar la paradoja de nuestra felicidad. O quizá, simplemente, porque es difícil sentirse infeliz en medio del exuberante paisaje y del benignísimo clima con que Dios nos bendijo. Aunque no lo aprovechemos.
Comentarios de los lectores
Carlos Martinez 04-01-2011 09:32:55 horas
Que sarta de estupideces esta columna... tan irrisoria como la concepción del tal "Índice de felicidad"... Medir o intentar medir algo tan subjetivo con una muestra reducida y sesgada, es tan inútil que no vale la pena el esfuerzo, y mucho menos replicarlo en tan "profundo análisis". Basta con ver a los nietos calcinados en el atentado de ayer al bus de transporte público, el caos generado pro los "expac" y los del RENAP para darse cuenta que la realidad del país dista mucho de la encuesta.
Luis Gaitan 04-01-2011 09:58:25 horas
Guatemala es un país en el que la oligarquía ha mantenido un poder que es innegable y que a su vez es imposible que no genere felicidad entre quienes pertenecen a este sector económico del país, pues como para ellos el dinero es fuente de poder, como no sentirse felices, pero nuestros hermanos que tienen que vivir al día con sus deudas, viviendo con lo que puedan, no creo que sean tan felices como lo son estos otros. Lo cierto es que esas desigualdades a nadie le generan felicidad.
Sofia Medina 04-01-2011 10:00:30 horas
Ahora en estos tiempos en los que poco a poco se ha buscado la manera de mejorar las condiciones de vida de cientos de guatemaltecos, a ellos se les podría preguntar que se siente que por primera vez alguien los tenga en mente y no solo los vean como votos a favor en una campaña política. La felicidad a muchos se las ocasiona el dinero, pero a otros les da felicidad tener trabajo para mantener a su familia, tener salud, y contar con lo necesario para vivir dignamente en un país excluyente,
sergio licardie V 04-01-2011 15:07:28 horas
Creo que está mal el titulo. debe de decir: Guatemala ¿Feliz?
Antonio Morales 04-01-2011 19:33:48 horas
Si al señor Carlos Martinez lo hubieran entrevistado en las encuestas, seguramente el índice de felicidad de Guatemala habría sido bajísimo.
viernes, 31 de diciembre de 2010
NUESTRAS NECESIDADES
§ POLÍTICAS PÚBLICAS
NUESTRAS NECESIDADESAbraham Maslow desarrolló en 1943 un modelo que explica que las necesidades más básicas deben ser satisfechas antes de que un individuo pueda aspirar a satisfacer otras necesidades más elevadas. Por ejemplo, un marimbista que esté muriéndose de hambre no podría inspirarse para interpretar el Ave Lira, igual que un operario que no ha tenido su coffee-break no podría sentirse tan productivo como su colega que sí lo tuvo.
El modelo de Maslow jerarquiza las necesidades humanas en cinco niveles. Cada individuo comienza en el nivel inferior de la jerarquía y tratará, primero, de satisfacer sus necesidades básicas de comida y techo. Una vez que estas necesidades fisiológicas se llenan, dejan de motivar al individuo y éste se traslada al siguiente nivel. En el segundo nivel las necesidades motivadoras tienen que ver con la seguridad física (contra la violencia o las inclemencias del tiempo) y con la seguridad económica (contra el desempleo o la pérdida de ingresos por enfermedad). De acuerdo con Maslow, si una persona siente que está en peligro no le prestará atención a la satisfacción de otras necesidades superiores.
Cuando la persona ha atendido sus necesidades fisiológicas y de seguridad, cobran relevancia las de mayor jerarquía, empezando por las necesidades sociales (tercer nivel) relacionadas con la interacción con otras personas y que incluyen la necesidad de cariño y pertenencia (comunicarse con la familia y amigos, o trabajar con colegas que te apoyan).
Satisfecho el sentido de pertenencia, surge la necesidad de sentirse importante; este cuarto nivel se refiere las necesidades –psicológicas como las del tercero pero más íntimas- que implican el deseo de reconocimiento y reflejan el hecho de que muchas personas buscan, internamente, fortalecer su auto-estima y, externamente, el respeto de los demás y el estatus social.
El último nivel en la jerarquía tiene que ver con la auto-realización y la imagen de sí mismo que cada individuo se hace al buscar su potencial como persona; incluye la necesidad de justicia, verdad, sabiduría y propósito de vida. A diferencia de las necesidades de nivel inferior, las del quinto nivel nunca están plenamente satisfechas pues, a medida que se crece, surgen nuevos retos para seguir creciendo. Según Maslow, sólo un pequeño porcentaje de la población alcanza este nivel.
Lamentablemente en Guatemala hay aún muchas personas que ni siquiera satisfacen adecuadamente el primer nivel de necesidades (véanse los elevados índices de desnutrición en varios bolsones del área rural), por lo que las demás pasan a un segundo plano: si las necesidades fisiológicas no son satisfechas el cuerpo humano y el social no pueden funcionar adecuadamente. Peor aún, si cabe, es la situación de las necesidades de seguridad: faltan vecindarios seguros, cobertura universal de seguridad social, empleos estables y protección contra los desastres naturales.
Sin embargo, aunque de acuerdo con Maslow es difícil satisfacer las necesidades superiores cuando las inferiores no han sido atendidas, los guatemaltecos parecen haber encontrado la manera de satisfacer las necesidades sociales (afecto y pertenencia) a través de la familia, los amigos y la pequeña comunidad. De cualquier forma, ante las evidentes carencias en los niveles inferiores, es muy probable que los dos niveles más altos de la jerarquía (auto-estima y auto-realización) sean muy difíciles de alcanzar para el chapín promedio.
| JORGE MUÑOZ 28-12-2010 08:44:58 horas | ||||
En Guatemala para empezar no se respeta al ser humano como tal, aquí todos son vistos como objetos, algunos màs preciados que otros, pero objetos, son útiles hasta cierto punto y según mis conveniencias, el pez grande se come al chiquito, en fin, la ley de la vida.
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viernes, 24 de diciembre de 2010
Navidad y la Economía Nacional
§ POLÍTICAS PÚBLICAS
NAVIDAD Y LA ECONOMÍA NACIONAL
La época navideña representa, por lo general, el mayor estímulo anual para la actividad económica nacional. Las ventas al por menor aumentan drásticamente (en comparación al resto del año) y los comercios ofrecen novedades y gangas, al tiempo que los consumidores compran regalos, adornos y suministros de temporada. La febril actividad comercial culmina el día 24, para dar lugar al día de Navidad, quizá el de menor actividad productiva de todo el año.
Además del comercio, las fiestas navideñas generan actividades extraordinarias en el área de la cultura y las artes, en la publicidad, así como en forma de fiestas populares, vecinales y familiares, todo lo cual genera a su derredor un aumento adicional del consumo y de la actividad económica. Así que, inequívocamente, la Navidad tiene un impacto positivo sobre la economía nacional.
El efecto económico positivo de las pascuas decembrinas refleja en gran medida el espíritu dadivoso que contagia en estos días a la mayoría de las personas, independientemente de sus creencias religiosas. Muchos cristianos y anti-consumistas, empero, condenan la comercialización de ese espíritu generoso y acusan a los comerciantes de privilegiar codiciosamente su negocio a expensas de los valores más importantes de la Navidad.
Sin embargo, la inclinación de cada individuo para dar regalos no necesariamente está vinculada a la supuesta manipulación publicitaria, sino que se explica por razones altruistas, sentimentales, estratégicas, impulsivas o tradicionales. Además, claro está, existe placer en dar: estudios científicos han encontrado que la generosidad puede activar los centros cerebrales del placer y que las personas dadivosas son más felices, más saludables y se sienten más exitosas en la vida.
Si bien es cierto que el altruismo parece ser algo innato, y que investigadores, médicos y pacientes coinciden en que el acto de dar o ayudar ofrece profundos beneficios psicológicos, también lo es que en Navidad dicho instinto parece potenciarse en los países de tradición cristiana, como el nuestro. No es casual que en muchas sociedades se haya comprobado empíricamente que las personas religiosas tienden a ser más generosas con el prójimo.
De manera que el impacto de estas fiestas puede ir más allá de un simple estímulo temporal a la actividad económica. Los estudios del economista Robert Barro revelaron hace algunos años que los altos niveles de religiosidad de una sociedad pueden estimular el crecimiento económico, pues las creencias religiosas (especialmente aquellas que, como el cristianismo, prometen recompensar el buen comportamiento y castigar el malo) pueden fomentar ciertos comportamientos –como la prudencia financiera, el trabajo duro, la honestidad y la confianza en los demás- que aumentan la productividad.
Las creencias de la gente influyen sobre sus decisiones prácticas en la vida cotidiana, incluyendo las económicas, y la religión parece influir en la salud física y mental de la comunidad. A pesar de la tradición freudiana (nunca comprobada empíricamente) que acusa a la religión de causar neurosis, prejuicios y autoritarismo, los estudios empíricos han encontrado en muchas sociedades que las prácticas religiosas están relacionadas con una mejor salud mental, un menor estrés y una mayor satisfacción con la vida.
Las celebraciones navideñas pueden ser, entonces, una buena excusa no sólo para estimular la actividad económica, sino que también para fomentar los valores éticos que pueden favorecer decisivamente el desarrollo económico y social del país. Cuando Vernon Smith, pionero de la economía experimental, aceptó el Nobel de Economía en 2002, hizo referencia a algunos de tales valores: los Mandamientos contra el robo y contra la codicia de las posesiones del prójimo dan los fundamentos del derecho de propiedad para los mercados; y los preceptos contra el asesinato, el adulterio y el falso testimonio sientan las bases para un intercambio social eficiente y civilizado.
| Antonio Morales 21-12-2010 07:51:27 horas | ||||||||||
Estoy de acuerdo con que la navidad es positiva en términos de actividad económica y que puede aprovecharse para inculcar valores religiosos que apoyen un buen desempeño social. Sin embargo, esto es cierto sólo para la parte de la población que no está en situación de pobreza, que es la minoría de los guatemaltecos. Para la mayoría, que son los pobres, la navidad no es más que un espejismo, una obra de teatro en la que ellos no juegan ningún papel.
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viernes, 17 de diciembre de 2010
Responsabilidad Fiscal
§ POLÍTICAS PÚBLICAS
RESPONSABILIDAD FISCALEn el Congreso de la República se está hablando, otra vez, de un paquete de reformas tendiente a aumentar los ingresos tributarios. La llamada Ley Antievasión II es un nuevo intento por mejorar los magros recursos financieros del Estado aunque, a diferencia de esfuerzos precedentes, esta vez se piensa aprobar en medio del fragor de la batalla política del año electoral.
Las razones para buscar aumentar la recaudación de impuestos han sido esgrimidas y repetidas no sólo por el actual gobierno, sino por cada uno de los gobiernos de esta época democrática sin importar su signo político: la necesidad de invertir en infraestructura para impulsar la productividad del país; la importancia de elevar la calidad de la educación y la salud públicas para mejorar las condiciones de vida de los guatemaltecos; o, la urgencia de asegurar estándares alimentarios mínimos que permitan superar los vergonzosos indicadores de desnutrición infantil del país; son estos sólo algunos de los más convincentes argumentos a favor de aumentar la carga tributaria.
A ellos se agregan, por supuesto, los argumentos técnicos que los organismos internacionales suelen recordarnos con frecuencia: Guatemala tiene, en relación con su tamaño económico, uno de los gobiernos más pequeños del mundo y cuyo enanismo financiero le impide atender sus obligaciones esenciales en materia de provisión de servicios de seguridad, justicia, salud, educación, etcétera.
La innegable contundencia de estos argumentos se enfrenta, sin embargo, con la contra-argumentación que hace tan complejo el debate fiscal en nuestro país: si el gobierno quiere recursos tributarios, debería demostrar que los mismos se van a utilizar conforme a las prioridades de desarrollo del país y que no se perderán en la compleja maraña de ineficiencia y corrupción que se percibe en el manejo de la cosa pública.
Las incesantes noticias y rumores sobre prácticas de enriquecimiento ilícito en la ejecución de obras públicas; la opacidad en el uso de los recursos fiscales (¿alguien ha visto publicados, por ejemplo, los estados financieros o la ejecución presupuestaria de la USAC, que ahora tanto exige –en campos pagados- que se le asigne su cuota de ingresos?); o, la ineficiencia en el gasto (¿alguien recuerda cómo se dilapidaron los recursos de la privatización de empresas del Estado?); son estos sólo algunos de los más convincentes argumentos en contra de aumentar la carga tributaria.
No será fácil romper con ese diálogo de sordos en que se ha convertido el debate tributario, pero es menester intentarlo; una posible fórmula puede encontrarse en la experiencia de varios países que han emitido las llamadas Leyes de Responsabilidad Fiscal –LRF-, que buscan establecer reglas precisas para asegurar una adecuada gestión de las finanzas públicas y que incluyen tanto normas que ponen restricciones sobre la orientación de la política fiscal en términos de ciertos agregados fiscales, como normas de transparencia que buscan fijar determinadas prácticas administrativas.
La discusión de una LRF, que podría ayudar a revitalizar un pacto fiscal entre el gobierno, el estamento político y la sociedad civil, incluiría, en primer lugar, un conjunto de límites cuantitativos y cualitativos para variables tales como el déficit fiscal, la deuda pública o el gasto social, todas ellas con una perspectiva de mediano plazo y en función del rol anticíclico que debe desempeñar la política fiscal.
En segundo lugar, una LRF establecería la obligación de publicar periódicamente informes sobre el logro de los objetivos o metas fiscales. También incluiría la elaboración y publicación, por parte de todas las entidades del sector público (incluyendo el Gobierno Central), de estados financieros auditados que certifiquen la veracidad de la información. Finalmente, la LRF incorporaría la aplicación estricta de sanciones a quienes incumplan sus preceptos, con el apoyo de juzgados independientes y, preferentemente, especializados en temas fiscales.
| sergio licardie V 14-12-2010 09:51:17 horas | ||||||||||||||||||||||||
Hay una deficiencia enorme ante la integridad del gasto que se programa. Hoy dicen que el 50% se desvía a fines no planeados presupuestamente y los países no se administran de esa forma. Ya es tiempo que el CACIF, los que dan el pisto, se pongan los pantalones porque están demostrando complicidad o incompetencia. El dinero de los impuestos es para servir al pueblo
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domingo, 12 de diciembre de 2010
La Creciente Deuda Pública
§ POLÍTICAS PÚBLICAS
LA CRECIENTE DEUDA PÚBLICAEn medio de las negociaciones del Presupuesto del Estado para 2011, el Congreso aprobó la emisión de Q1.6 millardos de bonos del tesoro (Bonos de Reconstrucción) y, a sabiendas de que es prácticamente imposible que los mismos se coloquen (y que los recursos se inviertan) en el transcurso de 2010, dejó establecido que dicha deuda se puede trasladar automáticamente al ejercicio fiscal del año próximo. Lo inusual de esta disposición se explica en el enorme desorden presupuestario que se vivió durante el presente año que, entre otros efectos, ha dificultado darle seguimiento al acelerado crecimiento que la deuda pública ha experimentado en años recientes.
Según las últimas cifras publicadas, sin incluir los Bonos de Reconstrucción, la deuda pública había crecido en más de 10% en los primeros nueve meses de 2010, lo que se agrega al aumento de más de 20% que la misma registró en 2009. No obstante su rápido crecimiento, la deuda ha mostrado una mejora en su composición (que conlleva un menor nivel de riesgo) ya que la mayor parte de la deuda es interna (44,4% del total, cuando en 2001 era sólo el 28,5%). Sin embargo, como proporción del PIB, aunque el nivel de la deuda pública guatemalteca sigue siendo bajo en comparación con países de ingresos similares, cada vez más se acerca al nivel crítico de 25%; peor aún, dada la baja carga tributaria, la deuda como porcentaje de los impuestos ahora supera el 300%.
Un problema adicional es la preocupante acumulación de deuda flotante, resultado de la construcción sin financiamiento de obras públicas por casi Q4 millardos, de acuerdo con los contratistas privados, la que tarde o temprano habrá que documentar e incluir en las cifras oficiales de la deuda.
El aumento de 150% de la deuda pública en los últimos diez años se explica, en parte, por “la gran moderación” de la economía mundial (con crecimiento sostenido y bajos niveles de inflación y desempleo) que, junto con los grandes superávits financieros de las economías emergentes, permitió un gran flujo de créditos a bajas tasas de interés. Como sucede con las drogas, el aumento de la deuda produce cierta euforia en los gobiernos que llegan a creer que pueden seguir aumentando el gasto público indefinidamente. Y los prestamistas (nacionales y extranjeros) caen también en cierto optimismo excesivo creyendo que el gobierno podrá incrementar a futuro sus ingresos para estar en capacidad de pagar los intereses y reembolsar el capital tomado en préstamo.
Además, la deuda se justifica con la buena intención de utilizar los recursos prestados para mejorar los índices educativos o combatir los niveles vergonzosos de desnutrición infantil que exhibe nuestro país. Y, por si esto no bastara, está la opinión de los organismos financieros internacionales respecto a que el nivel de deuda pública de Guatemala es todavía, de acuerdo a ciertos parámetros estándar internacionales, “sostenible”.
El problema con la deuda es que, eventualmente, hay que pagarla; por algo es que la palabra “crédito” viene del latín credere, es decir “creer”: si el deudor (en este caso el gobierno) pierde su credibilidad, los acreedores rehusarán concederle nuevos préstamos (o los concederán en condiciones muy duras) y le quitarán el tanque de oxígeno financiero que le permite respirar. El acrecentamiento de la deuda pública es un esquema tipo Ponzi que requiere, ya sea de un aumento de la población que asegure que las nuevas generaciones van a asumir la carga, o de un deus ex machina (quizá un milagro tecnológico o un descubrimiento mineral) que pueda impulsar el crecimiento económico.
| urbano santos 07-12-2010 01:41:43 horas | ||||||||||||||||
Lo irónico aquí es que al tiempo que se critica se da la razón, el gobierno no tiene la culpa del endeudamiento,ningún gobierno mandó los desastres naturales que son en su mayor parte la causa del endeudamiento, 30 años atrás la nación no estaba endeudada pero los gobiernos militares la endeudaron tan solo para mantenerse en el poder, en contra de la voluntad del pueblo, le quitaron el grano a la mazorca y no a parado de desgranarse y quién sabe hasta cuando.
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